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Toma de contacto con Sudamérica: Santiago-Viña del Mar- Valparaíso

30 de abril-5 de mayo de 2012

Después de comprar los billetes de vuelta a casa en el aeropuerto de Auckland a toda prisa para que nos dejaran embarcar, aún nos quedaban 5 minutos para comernos un delicioso bocata de tomate con aguacate (yum!). Una vez pasados los controles de seguridad, nos subimos al avión preparados para viajar en el tiempo. Entre unas cuantas películas en el avión y un par de cabezaditas, las 11 horas de vuelo se pasaron más o menos rápidas.

Una vez en Santiago, un taxi nos llevó al apartamento donde íbamos a pasar las 3 primeras noches en el nuevo continente. Lo primero que aprendimos fue que en Chile es difícil ser vegetariano. En la mayoría de restaurantes el menú se reduce a carne… y si hay suerte, un poco de pescado… ¡Cómo echamos de menos los días en la India en los que lo difícil es encontrar un sitio en el que sirvan carne…!

Los dos primeros días estábamos tan cansados y confundidos con el jet lag, que no hicimos demasiado, aparte de pasear por la zona. Además, al ser 1 de mayo, la calle estaba llena de manifestaciones y policías. Al tercer día nos decidimos a hacer un poco de turismo y visitamos el centro de Santiago: El Palacio de La Moneda (lugar donde murió Salvador Allende tras el golpe de estado de Pinochet en el 73), la Plaza de Armas, la Catedral Metropolitana… Después, para tener una buena vista de Santiago subimos al Cerro San Cristóbal, desde donde se divisan los Andes y la capa de niebla y contaminación que cubre Santiago. Y para comer, nos dirigimos a un vegetariano que habíamos encontrado gracias a San Google, que para nuestro alivio estaba abierto (y delicioso).

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Una bonita canción cantada por dos fenómenos: Pablo y Víctor, que habla sobre Santiago

 

Habíamos pensado antes de llegar que ya que aquí hablan español, sería todo más fácil… ¡Error! En uno de los restaurantes, la única palabra que fuimos capaces de identificar fue “pizza”. Aunque lo cierto es que poco a poco nos vamos acostumbrando al español chileno.

Con esto acabó nuestra visita a Santiago, y nos dirigimos a Valparaíso, a menos de 2 horas de autobús de Santiago, una ciudad llena de casas de colores, calles estrechas, muchos cerros y un concurrido puerto.

También aprovechamos para visitar durante medio día la vecina Viña del Mar, una ciudad costera a la que acuden muchos turistas chilenos (originalmente los ricos de Santiago) en busca de sol y playa, aunque a nosotros nos recordó peligrosamente, al menos a primera vista, a Benidorm.

Ya que Valparaíso se levanta sobre varios cerros, utilizamos dos medios de transporte principalmente para movernos: el autobús y los llamados “ascensores”, una especie de teleféricos para los que quieren ahorrarse las numerosas escaleras, y que son una atracción turística en sí mismos.

Otra de las atracciones de Valpo es La Sebastiana, una de las varias casas que pertenecieron a Pablo Neruda, el poeta premio Nobel de Literatura en el 71. Desde la vivienda, en lo alto de uno de los cerros, se puede contemplar el puerto y muchas de las casas de la ciudad. La casa parece un museo de antigüedades, ya que parece ser que Neruda era muy amigo de adquirir todo tipo de objetos y colocarlos en diferentes partes de la casa. También aprendimos que era muy amigo de las siestas, y que no perdonaba, ya estuviera en su casa o en la de algún amigo. Muy amigo de comer y celebrar con los amigos, dispone de una barra en la que preparaba sus coctails (a la que no dejaba a nadie entrar, sólo se reservaba ese derecho para él). En su despacho hay un escritorio antiguo, varios libros y revistas y otros objetos variados…

Tras un par de días por allí, nos toca coger un autobús nocturno que nos llevará a Pucón, unos 900 Km. al Sur. Como consejo a los que vayáis a coger un autobús aquí: vale la pena echar un ojo a Internet si vais a comprar un billete de autobús, podéis encontrar algunos chollos (aunque necesitaréis un número de identificación chileno para comprarlo por Internet, nosotros tuvimos que ir a la estación a comprarlo).

Os dejamos con uno de mis poemas favoritos de Neruda, leído por él mismo:

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Precios medios:

Habitación doble: 25-30 euros

Autobús Santiago-Valparaíso: 6 euros

Subir en ascensor en Valparaíso: 50 cent

Menú del día: 3-4 euros

Autobús Valparaíso-Pucón: 12 euros

 

Vista desde nuestro apartamento en Santiago

Vista desde nuestro apartamento en Santiago

Palacio de La Moneda

Palacio de La Moneda

Plaza de Armas, Santiago

Plaza de Armas, Santiago

"Smog" sobre Santiago, vista desde San Cristóbal

"Smog" sobre Santiago, vista desde San Cristóbal

Avenida en Viña del Mar

Avenida en Viña del Mar

La Sebastiana

La Sebastiana

Contemplando Valparaíso lo alto

Contemplando Valparaíso desde lo alto

Casa en Valparaíso

Casa en Valparaíso

Ascensor

Ascensor

Comiendo el helado más popular de Chile: el "Pelátano"

Comiendo el helado más popular de Chile: el "Pelátano"

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Ya tenemos fecha de vuelta!

Pues sí: cuando estábamos en el aeropuerto de Auckland, a punto de embarcar para Chile, el encargado de facturación nos dijo amablemente que no nos dejaban embarcar sin un billete de salida desde Sudamérica (no tenía por qué ser desde Chile necesariamente), así que nos fuimos rápidamente a la agencia de viajes del aeropuerto (¡menos mal que fuimos con 3 horas de antelación al aeropuerto!) a buscar un billete, y compramos un vuelo Bogotá-Madrid para el 23 de noviembre (aterrizamos a Madrid el Sábado 24 de Noviembre, a las 13:15).

Esto significa que (salvo que cambiemos la fecha, lo cual nos costaría un par de cientos de dólares) habremos estado de viaje aproximadamente 480 días, lo que equivale a:

  • 1 año, 3 meses y 22 días
  • 41,472,000 segundos
  • 691,200 minutos
  • 11,520 horas
  • 68 semanas

¡¡¡Esperamos ver a todo el comité de bienvenida por allí!!!

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En busca de los Hobbits

17-30 de abril de 2012

140 kms al norte de Ohakune está Taupo, una ciudad pequeña de 20.000 habitantes. La ciudad no es muy bonita, pero está situada en la orilla del lago Taupo y a lo lejos se ven los picos nevados del Tongariro. Como de costumbre pasamos primero por la oficina de turismo para un poco de información y mapas y nos fuimos al camping previsto. El complejo de camping era enorme y la recepción parecía más bien de un hotel. Cerca del camping empezaba un sendero que seguía el río durante unos 4kms y nos llevaba a las cascadas Huka. El río Waikato es el más largo de Nueva Zelanda y muy fuerte, hay varios estaciones hidroeléctricas durante su recorrido.
Por la noche aprovechamos las excelentes instalaciones del camping, entre ellas, la piscina climatizada (¡40C!).

El día siguiente nos quedamos para ver Taupo y alrededores e hicimos otra ruta de unos 14kms a lo largo del río Waikato, desde las cascadas Huka hasta una gran presa. Taupo es famoso por sus piscinas y fuentes termales y hay muchos balnearios y cosas por el estilo. Pero para los ahorradores hay una alternativa gratuita! No muy lejos del centro, donde empieza el sendero a las cascadas Huka, hay un arroyo muy caliente que desemboca en el río Waikato. Nos lo pasamos muy bien allí con muchas familias maoríes. Al otro lado del río descubrimos una zona de acampada gratuita y allí nos quedamos la noche.

Nos despedimos de Taupo y seguimos hacia el norte, (con alguna parada para una ruta de senderismo) a Rotorua. Esta ciudad nos resultó demasiado turística, teníamos pensado quedarnos dos noches pero al final solo fue una. Rotorua y alrededores es famosa por sus fuentes termales, geiseres y piscinas de lodo caliente – ¡y el olor a huevo podrido! Para ver algo de estas cosas geotermales en general hay que pagar bastante, el sitio más famoso cobra más de 50 dólares por un circuito de 1hora. Así que, como siempre, una visita a la oficina de turismo – y voilà- hay un parque municipal con piscinas de lodo muy apestosas, arboles cubiertos de barro y piscinas termales. Entrada: gratuita. En Rotorua hay que salirse bastante del centro para acampar. Nos fuimos a un sitio del DOC a unos 20 min de la ciudad. Pero descubrimos que fue un destino en sí mismo- situado en la orilla de un pequeño lago y rodeado de montanas.

Siguiente destino: Cambridge, supuestamente el pueblo mas anglofílico de todo el país y lo más parecido a la tierra patria. ¡La verdad que es no vimos mucha semejanza! Pero era un sitio agradable y el camping era barato. Aprovechamos este día para curarnos de las ampollas de los pies y tomar buen café en uno de los sitios acogedores de este pueblo.

El día siguiente hicimos unos 40km para llegar a Matamata, aka Hobbiton. Es de visita obligatoria para todos los fans de ESDLA, y hay muchos…

A pocos kms del pueblo, entre ondulantes colinas verdes, Peter Jackson encontró un lugar ideal para crear el pueblo de los Hobbits. Y la verdad es que se lo curró bastante- desde que firmaron los papeles con los dueños de la tierra (eran agricultores que en la vida habían oído de “¿El señor de los qué?”) tardaron un año en construir las casitas de los hobbits, el bar, el molino y todo lo demás. Pero tras la grabar la trilogía, por derechos de reproducción, todo fue destruido. Lo único que quedaba eran unos agujeros en las colinas, y sin embargo, venían fans de todo el mundo para verlo.
¡Ahora es el momento para ver Hobbiton! Hasta noviembre el año pasado el sitio estaba cerrado por la grabación de la película El Hobbit, y esta vez los agricultores fueron más listos y negociaron mejor- todo se queda tal cual sale en las películas.
La visita desde luego vale la pena, los paisajes son preciosos y te cuentan mil anécdotas graciosas. Qué pena que no estuviéramos aquí hace 6 meses, pero quizás no habíamos pasado el casting- la altura máxima para los hobbits era de 1,63m.

No había ningún sitio barato de acampada cerca de Matamata así que por la tarde nos fuimos hasta el cañón de Karangahake, a un sitio del DOC. Por la mañana nos dimos cuenta que era una zona muy bonita, e histórica. Por aquí vinieron los primeros colonos para buscar oro y construyeron ferrocarriles, puentes colgantes y largos túneles por la montana. Aquí hicimos una ruta de unas 3 horas pasando por un túnel de 1 km de largo y oscuras minas subterráneas (imprescindible linterna).

Ya se acercaba el día para despedirnos de nuestra caravana y la ultima la noche la queríamos pasar cerca de Auckland. La mejor opción nos parecía un camping en Takapuna, uno de los suburbios del norte con una playa bonita. De hecho, la playa y el ambiente nos recordaba (aunque de forma remota) a Bondi Beach en Sidney, gente guapa y rica paseando con sus perros y carritos de bebes con un “latte” en la mano. El camping era muy pequeño, pero en primera fila junto al mar.

Ya se acababa las rutas de senderismo, los baños ecológicos sin agua y las comidas a base de latas. Habíamos reservado ya con antelación nuestro alojamiento en Auckland, donde queríamos quedarnos una semana para hacer un poco de turismo urbano y preparar cosas para Sudamérica. Nuestro hostal era más bien una antigua mansión con apartamentos y una cocina compartida – el maravilloso Red Monkey Manor. Es una típica casa de madera muy grande con 15 habitaciones con baño propio, frigorífico y tv. Abrieron el año pasado así que todo es muy nuevo, incluidas las cristaleras y las tostadoras de marca. Es el sitio ideal para estancias de una semana o más! Además el barrio, Ponsonby, es famoso por su multitud de restaurantes de todo el planeta y cafés bohemios. El mejor sitio para desayunar de Auckland, Dizengoff, está a 50m (¡los huevos a la Benedict están buenísimos!).

Aprovechamos esta semana para hacer cosas y recados que teníamos pendientes y para comer, comer y comer! En Auckland se come muy bien y barato en los grandes “food courts”, un espacio grande con muchos puestos de comida de diferentes países y un espacio en común para sentarse. Ideal cuando no nos poníamos de acuerdo: uno pedía un bento japonés y el otro un pad thai.

Con todo esto acaba nuestra aventura en el país de los kiwis. La isla Sur nos ha parecido más bonita, pero la isla Norte también tiene muchos encantos urbanos (y el fantástico P.N. Tongariro). Sin duda alguna, este país estará en nuestros favoritos del viaje y ha dejado el listón muy alto. Ahora toca un viaje en el tiempo ya que salimos de Auckland el lunes a las 16h y llegamos a Santiago de Chile 4 horas antes. ¡Menudo jetlag!

Taupo

Taupo

Huka Falls

Huka Falls

Río Waikato

Río Waikato

En un arroyo calentito...

En un arroyo calentito...

Algo huele mal en Rotorua...

Algo huele mal en Rotorua...

Hobbiton: casa de Sam

Hobbiton: casa de Sam

Hobbiton: Molino y bar del Dragón Verde

Hobbiton: Molino y bar del Dragón Verde

Hobbiton: otra casa de hobbits

Hobbiton: otra casa de hobbits

Hobbiton: la casa de Bilbo y Frodo

Hobbiton: la casa de Bilbo y Frodo

Hobbiton: el "Party tree"

Hobbiton: el "Party tree"

Cañón de Karangahake

Cañón de Karangahake

Nuestro apartamento en Auckland

Nuestro apartamento en Auckland

Un poco de comida japonesa, rica en Omega 3

Un poco de comida japonesa, rica en Omega 3

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De Christchurch a Taupo con muchas aventuras en medio

9 – 17 de abril de 2012

¡El blog va con un poco de retraso! Hemos tenido tantas cosas que hacer y muchas veces hemos estado sin cobertura.

Tras despedirnos de nuestro amigo Rum en el aeropuerto de Christchurch, cogimos otra vez la carretera, esta vez por la costa y hacia el norte. Una vez nos quedamos los dos solos, entendimos lo que deben sentir los padres cuando los hijos se marchan de casa (el síndrome del nido vacío). Teníamos que llegar a Picton (330km al norte de Christchurch) para coger el ferry a la isla Norte tres días más tarde. Ya compramos los billetes cuando reservamos la caravana y pensábamos que 3 días para hacer el viaje estaba bien. Calculamos mal. Tres días resultaron más que suficientes para ver la costa, y fueron unos días muy tranquilos sin muchos sucesos, quizás también porque ya no teníamos mucho presupuesto para hacer actividades. Paramos primero en Kaikoura, un pueblo bonito y bastante turístico, famoso por su vida marina. Con un poco de suerte puedes ver ballenas, focas, pingüinos y albatros. Acampamos en un sitio gratuito del DOC, al lado del mar (y de una colonia de focas!).

Empezamos el día siguiente con una ruta de senderismo corta de 2h, subiendo una cima detrás del sitio de acampada. Pasamos por una ciudad no muy atractiva llamada Blenheim, centro de la región agrícola, pero desde luego no tenía mucho que ofrecer al viajero más que algunos buenos supermercados
.
Esa noche acampamos en otro sitio DOC al lado del mar, y a la mañana siguiente nos despertamos con la lluvia. Ese día nos fuimos pronto a Picton, a un camping de pago y apenas salimos del camping en todo el día, ¡no paraba de diluviar! Pero la verdad es que no nos pudimos quejar mucho, durante todo el tiempo que llevábamos en NZ, no nos había llovido ningún día, y aquí normalmente llueve mucho.

Al día siguiente, las nubes ya se habían ido a otra parte y el viaje de 3h en ferry fue agradable. Llegamos a la capital Wellington a por la tarde, y tras buscar un parking que no nos llevara a la bancarrota, nos fuimos al Museo de Nueva Zelanda, también llamado Te Papa (“Nuestro Hogar”en maorí). Es conocido como el mejor museo del país y la verdad es que está muy currado. Hay exposiciones sobre la cultura maorí, sobre la historia natural, los primeros europeos y la cultura contemporánea. Es todo muy interactivo y con mucha tecnología, hay hasta un salto de puenting virtual y una casa sacudida por un terremoto. Y lo mejor de todo, ¡es gratis!

Wellington nos pareció un sitio agradable para pasar unos días pero el problema era el alojamiento. Como dice la Lonely Planet, las zonas de acampada son tan raras como el café malo. El camping más cercano a la ciudad estaba en un suburbio poco atractivo a unos 13kms del centro, y además era de pago. Al final, tras un buen cappuccino en un sitio “chic” decidimos despedirnos de la ciudad y nos fuimos 40km a un parque natural donde nos dejaban acampar por unos 6 euros. Cuando llegamos ya era de noche y no vimos lo bonita que era la zona hasta el día siguiente. Este parque, Kaitoke Regional Park, tenía varias opciones de senderismo (desde 15min hasta 6h), puentes colgantes sobre un río ruidoso y algún dato de interés para los amantes de ESDLA, ya que se grabaron aquí las escenas de Rivendell. La verdad es que hay que tener mucha imaginación para ver más que una tranquila tala de bosques, pero por lo menos nos divertimos sacando algunas fotos frikis con el cartel!

Tras un picnic por allí, seguimos hacia el norte y para “acortar” el camino cogimos una carretera de montaña de grava increíblemente sinuosa y estrecha. ¡De atajo nada! Llegamos a la reserva natural de Okaki a media tarde, con suficiente tiempo para hacer una corta ruta de senderismo por un paisaje muy bonito- más montañas, ríos y estrechos puentes colgantes. Por la noche acampamos en un sitio del DOC gratuito unos kms más al norte por la carretera principal.

El día siguiente conducimos casi sin paradas por la carretera general a Wanganui. Con 50.000 habitantes, es una ciudad medianamente grande en Nueva Zelanda. Aquí ya empezamos a notar la presencia maorí. Casi todos los maoríes (15% de la población del país), viven en la isla norte. El barrio donde nos quedamos (en un camping de pago) tenía un colegio maorí y hasta su propia marae (sala comunitaria para uso social, religioso…). La ciudad es bastante agradable, situada en la orilla del río con el mismo nombre.
El día siguiente hicimos una ruta (sobre ruedas) muy famosa, la Wanganui River Road. Esa una carretera muy estrecha que sigue el río durante unos 100kms. A lo largo del camino hay bonitos miradores, senderos y comunidades maoríes. El viaje duro todo el día y llegamos por la tarde a Ohakune, al sur del gran Parque Nacional Tongariro, justo a tiempo para una visita a la oficina de turismo antes de que cerraran. Teníamos planeado hacer la “Tongariro Alpine Crossing”, considerada la mejor ruta de un día del país, pero requiere un poco de planning.

La ruta es de unos 19kms y no es circular. Por lo tanto se necesita transporte en algún tramo. Nos advirtieron en la oficina de turismo que últimamente había ocurrido muchos robos en coches aparcados en los extremos del sendero y nos recomendaron no dejar el coche allí. Por lo tanto lo que hicimos fue coger un servicio “shuttle” por 35 dólares, un autobús nos llevó a las 7 de la mañana de Ohakune hasta el principio del sendero y que nos recogió en el otro extremo 7 horas más tarde. Es un sendero cansado, con desnivel y bastante “técnico” en algunos tramos, pero el paisaje es fantástico y con un poco de suerte se pueden ver los tres picos volcánicos del parque. El pico Ngauruhoe, (2291m) es quizás el más impresionante. De hecho, “interpretó” al Monte del Destino en las películas de El Señor de los Anillos.

Nuestro shuttle nos trajo sanos y salvos (pero con alguna que otra ampolla en los pies) de vuelta a Ohakune, donde pasamos otra noche en un sitio del DOC.

Tras esta aventura necesitábamos una ducha caliente y algunos mimos, así que la pequeña ciudad de Taupo con fuentes termales nos pareció una buena opción. ¡Pero esto es otra historia!

 

Kaikoura

Kaikoura

Kaikoura

Kaikoura

Diluvio en Picton

Diluvio en Picton

Momento friki en Kaitoke Regional Park

Momento friki en Kaitoke Regional Park

 Kaitoke Regional Park

Kaitoke Regional Park

Paisaje en Okaki

Paisaje en Okaki

Wanganui river

Wanganui river

Ohakune

Ohakune

Parque Nacional de Tongariro

Parque Nacional de Tongariro

Parque Nacional de Tongariro

Parque Nacional de Tongariro

El "Monte del Destino"

El "Monte del Destino"

Lagos de Esmeralda (Emerald Lakes)

Lagos de Esmeralda (Emerald Lakes)

En la tierra de Mordor, donde se extienden las sombras...

En la tierra de Mordor, donde se extienden las sombras...

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Fiordos, glaciares, caballos,El Señor de los Anillos, tostadas robadas y más historias

30 de marzo – 8 de abril de 2012

Queenstown-Milford Sound-Te Anau- Catlins-Glenorchy- Wanaka-Franz Josef- Arthurs Pass-Christchurch

Nueva Zelanda se ha convertido rápidamente en nuestro país favorito. Si no estuviera en la otra punta del mundo, recogeríamos los pocos trastos que tenemos guardados en España y emigraríamos a este país tan hermoso, limpio y amable. El paisaje es simplemente fantástico. Cada pocos kilometros hay que parar el coche para sacar fotos de lagos turquesas y montañas cubiertas de nieve. No es sorprendente que este país haya sido el escenario de muchas pelis, como El Señor de los Anillos (el país está lleno de viajeros frikis, buscando el hábitat de los hobits) o Las Crónicas de Narnia.

También hay que reconocer que el tiempo influye mucho. Hemos tenido una suerte tremenda con el tiempo. En dos semanas no hemos tenido ni una gota de lluvia, ni siquiera en la costa oeste, que es uno de los lugares más lluviosos del mundo.

Desde la última entrada en este blog hemos hecho tantas cosas que sería difícil y largo contarlo todo en detalle, así que aquí va un resumen.

Tras dos días de adrenalina en Queenstown nos fuimos a Milford, en la famosa Fiordland- la tierra de los fiordos-  que está a unas 5 horas en coche. La carretera era muy escénica pero no tuvimos tiempo de detenernos mucho ya que teníamos billetes para el último ferry que salía a las 15h. El itinerario a bordo dura una hora y media, y da un paseo por un de los fiordos más bonitos del mundo, el Milford Sound. Tras el tour tuvimos que buscar un sitio barato donde acampar antes que se hiciera de noche (ahora con el cambio de hora el sol se pone sobre las 18.30h). Siendo un parque nacional no está permitido aparcar la caravana donde quieras, solamente en los sitios asignados por el DOC (Departamento de Conservación); muchos son gratuitos pero en Fiordland había que pagar unos 3 euros por persona.

El día siguiente madrugamos para hacer una ruta de senderismo de unas 6 horas por las montañas del parque nacional y por la noche acampamos en un camping de pago en Te Anau (ahhh, ducha caliente). El próximo destino fue la zona de los Catlins en la costa Sur, a unos 200km de Te Anau. Es un área que recibe menos turismo que los Alpes Neozelandeses, es muy tranquila y bonita y tiene muchas carreteras sin asfaltar. Aquí tuvimos un pequeño incidente con el coche- una piedra se atascó en el eje delantero de la caravana- ¡el ruido de la piedra rayando el eje era horrible! Esto pasó cuando estábamos justo a 50m de un camping, así que paramos esa noche allí y llamamos a asistencia en carretera, quienes nos aseguraron que enviarían a alguien la mañana siguiente. No apareció nadie, volvimos a llamar y nadie sabía nada de nosotros. Pero nos recomendaron conducir y aseguraron que la piedra se caería por sí sola, cosa que pasó después de unos 200km.

De los Catlins volvimos otra vez a la civilización de Queenstown. Aquí hicimos la segunda excepción en nuestra dieta de caravana y comimos en un sitio de visita obligada en esta ciudad- todo el mundo habla de él y se llama Fergburger. Las hamburguesas son legendarias por su tamaño- no hace falta pedir patatas para acompañar. También hay alternativas vegetarianas como la Bun Laden (con Falafel).

En la muy eficiente oficina de turismo paramos para reservar una ruta a caballo para mí (los chicos eligieron un plan alternativo) en los prados fuera de Glenorchy, donde se grabaron varias escenas del Señor de los Anillos (entre otras, Las Montañas Nubladas, Pico Caradhras). La manera más auténtica de disfrutar de este paisaje es a caballo. La ruta era muy bonita y cruzaba varios ríos, aunque no cabalgábamos de forma tan elegante como Aragorn J .

La noche anterior a la ruta a caballo habíamos dormido en un sitio más o menos legal (las multas son tremendas) así que la siguiente noche en Wanaka preguntábamos en la oficina de turismo donde podríamos acampar de manera económica. Nos dirigió a un campo de cricket a 15 min del pueblo donde una señora mayor nos dio cobijo y ducha caliente por 3 euros/persona.

Al día siguiente nos tomamos la mañana con calma, e hicimos una ruta ligera alrededor del lago Wanaka. El pueblo parece un pequeño Queenstown, con menos jaleo y con unos alrededores incluso más bonitos. Por la tarde hicimos 300km por carreteras de montaña y llegamos justo al atardecer al pequeño pueblo de Franz Josef. Teníamos el camping y la excursión que íbamos a hacer ya reservados desde Queenstown porque es un sitio muy popular (de hecho, tuvimos que cambiar los planes porque las plazas estaban agotadas para el día que queríamos ir). El camping estaba bastante bien y abundaban los mochileros (pero nos quedamos con la duda: ¿Quién nos robó nuestras tostadas en la cocina comunitaria?)

El pueblo de Franz Josef no tiene nada de interés, pero sí lo tiene el glaciar con el mismo nombre y que está a 4 km. Aquí hicimos una ruta guiada sobre el hielo de un día entero. Encontramos a unos pocos valientes que iban independientes, pero necesitas conocimiento y mucho equipamiento para hacer eso: el glaciar es un sitio bastante peligroso. Cuando llegamos por la mañana nos equiparon con botas, crampones, impermeables, guantes, calcetines de lana y nos explicaron la ruta y las precauciones. Luego, durante unas 6 h, nuestro guía Ben nos llevó por la superficie del glaciar, evitando las peores grietas y pasando por algunos túneles de hielo. Básicamente el guía iba abriendo camino con un pico, y por algunos sitios estaban tan estrechos que pasábamos un poco de miedo. La excursión era muy buena, pero casi lo mejor de ese día fue lo que vino después: En el pueblo hay unas piscinas termales (temperaturas de 36, 38 y 40oC) y la entrada estaba incluida en la excursión. Ese tipo de cosas siempre están bien, pero con el cuerpo molido y los pies helados, ¡está simplemente genial!

Otra noche de camping en Franz Josef, y seguimos por la costa hasta el pueblo de Hokitika para una parada técnica (la mayoría de sitios estaban cerrados siendo Viernes Santo) y luego nos metimos por el interior y llegamos por la tarde a Arthurs Pass, el pueblo más alto de Nueva Zelanda (donde viven la friolera de 62 habitantes). Nos informamos bien en la oficina del DOC sobre las condiciones del Parque Nacional y acampamos en uno de sus sitios gratuitos. El día siguiente hicimos una ruta de senderismo muy exigente (con un desnivel de 1300m), pero con unas vistas fantásticas. Otra noche un camping gratuito del DOC y sin ducha… ¡Menos mal que los tres olíamos igual de mal!

Ya se acercaba la fecha de partida de nuestro amigo Rum y teníamos que volver a Christchurch, a unos 150 km de Arthurs Pass. Aprovechamos esa última tarde para ver el centro (está totalmente derrumbado tras los dos terremotos) y tomar unas últimas cervezas.

Solitos otra vez pero con muchos recuerdos buenos!  (Las fotos abajo por cortesía de nuestro nuevo fotógrafo).

Gastos medios:

Crucero en Milford: 30 euros

3 horas a lomos de un caballo: 90 euros

Excursión de un día entero por un glaciar: 110 euros

Fiordos en Milford Sound

Fiordos en Milford Sound

Buscando el camino en Fiordland

Buscando el camino en Fiordland

Sólo Rum se atrevió a bañarse en el mar

Sólo Rum se atrevió a bañarse en el mar

Playa en los Catlins

Playa en los Catlins

A bordo del crucero en Milford

A bordo del crucero en Milford

Camino a Glenorchy

Camino a Glenorchy

Vista en los Catlins

Vista en los Catlins

Wanaka

Wanaka

Paseando a caballo

Paseando a caballo

Arthur's Pass: ¡hemos llegado a la cima!

Arthur's Pass: ¡hemos llegado a la cima!

Centro de Christchurch (tras el terremoto)

Centro de Christchurch (tras el terremoto)

Los tres en el glaciar

Los tres en el glaciar

Glaciar Franz-Josef

Glaciar Franz-Josef

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Primeras aventuras en Nueva Zelanda

25-29 de marzo de 2012

Christchurch- Lake Tekapo-Mt Cook- Queenstown

Dejamos Fiji y el calor, y tras un vuelo de cuatro horas llegamos a Christchurch, la ciudad más grande de la isla Sur de Nueva Zelanda.

En el aeropuerto nos quedamos sorprendidos con el “bio-check”, el estricto control de aduana que tienen para proteger la delicada naturaleza de este país. Tienes que declarar todo tipo de productos biológicos: comida, bebidas, botas de montaña sucias, collares de conchas, etc… Así que nos confiscaron nuestras botas y cinco minutos más tarde nos las devolvieron impecables. No creas que puedes ahorrar unos minutos “pasando” de declarar; miran todos los bultos en el escáner de rayos X y si hay algo que deberías haber declarado te multan en un momento.

Fuimos directamente del aeropuerto a recoger nuestra caravana. Repetimos con Jucy; la caravana es igual de verde fosforito pero más grande, ya que durante dos semanas nos acompañará nuestro amigo Rum. La noche la pasamos en un camping de pago a 10 min del aeropuerto, y el día siguiente nos levantamos temprano para hacer la compra y llenar la caravana de latas de tomate y paquetes de pasta (y cerveza). Volvimos al aeropuerto para recoger a Rum (que llevaba a cuestas un “breve” viaje de 36h) y, ¡en marcha!

Ese primer día recorrimos unos 200km y llegamos por la tarde al Lago Tekapo, de un color turquesa increíble. Situado al lado del lago está la capilla más famosa de Nueva Zelanda, muy popular para (pequeñas) bodas. Cerca del lago había un camping de pago pero nos parecía bastante caro (y encima las duchas calientes se pagaban aparte, ¡que morro!), así que al final aparcamos la caravana en medio de un descampado. En Nueva Zelanda puedes acampar casi en cualquier sitio (mientras no haya cartel de “No Camping”) si tu caravana está equipada con baño (la nuestra tiene uno portátil que esperamos no tener que utilizar).

Tras una noche muy fría (por la mañana hacía unos 7 grados dentro de la caravana), seguimos nuestra ruta hacia la montaña más alta del país, el Mt Cook (de 3745m de altura). Allí hicimos una ruta de senderismo de unas 4h, pasando por dos puentes colgantes y bloques de hielo. La noche la pasamos en un camping de pago (necesitábamos una ducha caliente) en el pequeño pueblo de Twisel.

Nos levantamos con el sol (sobre las 7.30h) y salimos con dirección a Queenstown, a unos 200km- ¡la capital de la adrenalina! Aquí nos queríamos quedar en el mismo centro así que nos tuvimos que ir a un camping de pago de nuevo.

Nos quedamos dos noches, aunque en caso de haber tenido más tiempo (y presupuesto) nos habríamos quedado una semana. Hay tantas cosas que hacer: una auténtica Disneylandia para adultos. Posibles actividades (hay muchas más): rafting en aguas bravas, parapente, barranquismo, paracaidismo, bicicleta de montaña, escalada, equitación, senderismo, pesca, frisbee golf, y por supuesto, puenting. Para celebrar el cumple de Rum, los chicos se decidieron por hacer un salto al vacío desde una plataforma situada a lo alto de una montaña. Un salto de unos 47m- uno de los bungees más light (el más alto es de 134m). Después tocaba una copa en el bar de hielo “Below Zero” de Queenstown donde hace una temperatura de -5 grados y los vasos son de hielo (menos mal que daban guantes y abrigos).

Queenstown nos ha gustado mucho- situada entre montañas cubiertas de nieve y lagos azules, y con un ambiente divertido. ¡Esperamos volver!

Gastos medios:

Salto de puenting: 110 euros

Camping de pago en Queenstown: 12 euros/persona

Entrada y copa en Below Zero: 6 euros(precio con descuento), 19 euros (precio normal)

Nuestra casa con ruedas

Nuestra casa con ruedas

Lago en hooker valley

Lago en hooker valley

Puente sobre hooker valley

Puente sobre hooker valley

Dentro de la caravana

Dentro de la caravana

Iglesia con encanto en el lago Tekapo

Iglesia con encanto en el lago Tekapo

Vista sobre Queenstown

Vista sobre Queenstown

Brindando por nuestro viaje con cerveza local

Brindando por nuestro viaje con cerveza local

En el bar de hielo; ¡qué frío!

En el bar de hielo; ¡qué frío!

Rum cayendo al vacío (con estilo)

Rum cayendo al vacío (con estilo)

Raúl cayendo al vacío (con menos estilo)

Raúl cayendo al vacío (con menos estilo)

Salto con vistas a Queenstown

Salto con vistas a Queenstown

Orgullosos de nuestra hazaña

Orgullosos de nuestra hazaña

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Viaje por las Islas (y retorno a Nadi)

9-25 marzo

Fji es, sin duda, el lugar ideal para relajarse tras las asperezas del viaje mochilero. En nuestro caso, contratamos antes de empezar el viaje a las islas, todo el transporte y alojamiento. Y como en la mayoría de las islas no hay mucho más que el resort donde íbamos, no había que pensar tampoco en la comida: no había más donde elegir (salvo que alguien quisiera trepar a una palmera para comer algún coco).

Cómo viajar por Fiji sin arruinarse:

Aunque un destino popular entre mochileros, Fiji no es un país tan barato como puede serlo el sudeste asiático, especialmente si decides viajar a las islas pequeñas. Si bien se puede vivir en Viti Levu (la isla principal) por menos de 25 Euros/día, la verdadera belleza de este país se encuentra en las islas, con sus playas de arena blanca y aguas azul turquesa. Pero es quizás el hecho de que no esté al alcance de todos los bolsillos, lo que hace que se preserve alejado del turismo de masas (con todas sus consecuencias; léase hoteles poco estéticos, basura en las playas…), y Fiji mantenga esa naturaleza virgen que aparece en las postales.
Aparte de los resorts de más de 1000€ la noche, existen otros más al alcance de los mochileros. Las islas más asequibles, por precio y distancia a la isla principal, son las Mamanucas y las Yasawas. (En cualquier caso, las opciones de alojamiento baratos son básicas: electricidad algunas horas del día y vienen con todo tipo de bichos… hormigas, mosquitos y lo peor de todo, chinches!) Para facilitar la vida, la compañía “Awesome Adventures” tiene disponibles varios tipos de paquetes, siendo los más comunes los dos siguientes:

  • “Bula Pass”: Incluye transporte ilimitado entre las islas. Hay un barco que recorre de sur a norte, ida y vuelta, las islas una vez al día, así que sólo hace falta esperar a la hora en la que pasa el barco (según si tu dirección es norte o sur) y una vez en el barco tienes que confirmar disponibilidad de tu hotel por teléfono. Disponible para 7, 14 y 21 días.
  • “Bula Combo Pass”: Además del transporte (ilimitado), incluye el alojamiento en los lugares más económicos (también es necesario confirmar alojamiento en el barco). En caso de querer alojarse en algún resort algo mejor, es necesario pagar un poco más. Esta es la opción más utilizada por los viajeros que miran más el presupuesto. También está disponible en versión de 7, 14 y 21 días.
  • Aparte de esos dos, existen otros paquetes cerrados, con las islas y resorts prefijados, pero resultan más caros que los anteriores (con la ventaja que no hay que reservar nada; el punto negativo es que no es posible cambiar la ruta sobre la marcha).
  • Y para los que quieran ahorrar un poquito más, y tengan claro su viaje, hay una cuarta opción (la que cogimos nosotros): consiste en reservar por separado transportes y alojamiento, y regatear un poco a la hora de comprarlo: se puede obtener un descuento “majete”.

Nos decidimos por 13 noches en las islas (visitaríamos un total de 4), 4 noches en la primera (por ser la más barata) y 3 en el resto. Nos despertamos temprano, y nada más acabar de desayunar nos llevamos la sorpresa: la furgoneta que debía llevarnos al puerto se había ido sin nosotros (por una vez los fijianos habían sido puntuales), así que tuvimos que coger un taxi para llegar allí; por suerte eran sólo unos 10 minutos. Embarcamos en el “Yasawa Flier”, el barco que nos llevaría durante algo más de 4 horas, a la isla más al Norte de las Yasawas, llamada…

1. Nacula
Tras sufrir los vaivenes del barco, llegamos besando el suelo al “Nabua Lodge”, un resort que resultaría a la postre el más sencillo de todos en los que nos alojaríamos, pero del que mejores recuerdos guardaríamos. El alojamiento era un sencillo y reducido “bure” (cabaña fijiana), con baños compartidos.
En esta isla, aparte del entretenimiento de cada noche, hicimos varias excursiones: a la “blue lagoon”, una playa perfecta para hacer snorkeling, que se encuentra en una isla vecina, y donde “encontramos a Nemo”, y todo un bosque de corales. También unos días más tarde fuimos a una cueva al lado del mar, a la que se accede buceando por un pasaje submarino durante unos 10 segundos (que parecen 10 minutos): una vez llegados al otro lado está completamente oscuro, excepto por la linterna del guía que vela por nuestra seguridad.
El domingo, como no había actividades, acompañamos a Lulu (uno de los trabajadores del Nabua Lodge, que vivía en una aldea vecina) a misa en la “Iglesia” de la aldea (pongo entre comillas “Iglesia” porque no se parece en nada a las que tenemos en Europa; eran más bien unos palos que sujetaban un tejado de metal, entre un bosque de palmeras; y en el suelo unos cuantos sacos cosidos colocados sobre la tierra). Habíamos leído en la guía de viajes que acudir a celebrar misa en Fiji era toda una experiencia, y no se equivocaban: más que otra cosa, ¡parecía un musical! La gente cantaba, bailaba y daba palmas durante las casi 2 horas que duró la ceremonia. Nos llevamos una gran sorpresa al principio cuando el hombre que más bailaba y gritaba de todos (al que suponíamos el “juerguista” del pueblo), se colocó una chaqueta y se subió al altar: ¡era el cura!
Excursiones y actividades aparte, en la isla conocimos a muchos viajeros, que iban y venían, y con los que pasamos horas hablando, bañándonos o jugando a las cartas. A varios de ellos los volveríamos a encontrar más adelante en otros lugares…
Después de 4 noches, era hora de marcharse, en dirección Sur, hacia…

2. Naviti
En esta Isla nos quedaríamos 3 noches, alojados en el “Korovou” resort, donde los “bula boys” (un grupo de locales que se ocupaban de animar la fiesta nocturna, vestidos con faldas típicas y bailando la “bula dance” o “Macarena fijiana”) hacían la delicia de todos. Como actividad estrella, uno de ellos, “geckoman” era capaz de subir una palmera, sin otra ayuda que sus manos y pies desnudos, y bajar luego boca abajo, una vez nos había lanzado unos cuantos cocos, que después rompía sólo con su mano (niños, no intentéis esto en casa!).
La playa justo al lado del resort estaba muy bien para hacer snorkel, pero no para bañarse, ya que había muchas piedras y corales en la orilla. Por indicaciones de la Lonely Planet, caminamos 10 minutos para llegar a la “Honeymoon beach” (playa de luna de miel), de perfecta arena blanca, en la que estuvimos completamente solos las dos veces que fuimos (ssshhh, que no se corra la voz!).
Tras 3 días de playa, hamaca y sol, con sus consiguientes noches de bailes, limbo y juegos de cartas, llegaba el momento de poner rumbo a…

3. Waya Lailai
El alojamiento era en el resort del mismo nombre que la isla, justo al lado de una aldea. Para romper la rutina, hicimos varias actividades: curso de “tejido” (en el que las mujeres locales enseñaban a hacer pulseras y marcadores de libros al estilo fijiano), natación a la isla vecina (previo viaje en barco, la vuelta corría de cuenta de nuestros pies y manos), y trekking al punto más alto de la isla, desde donde había unas vistas increíbles. Aquí el entretenimiento era más “light”, y se limitaba únicamente a algunas canciones en directo a la hora de la comida.
Una de las noches se fue la luz (la electricidad provenía de generadores de gasolina, y sólo estaban encendidos normalmente por la noche), cosa que agradecimos, porque con la noche clara que había, alcanzamos a contemplar cientos de estrellas, además de, a lo lejos, el resplandor de los relámpagos de una tormenta tropical.
Sin mucho más que hacer que leer tumbados en una hamaca, hicimos las maletas destino a…

4. Bounty
Las otras islas eran de tamaño mediano, con algunas aldeas, rutas para caminar… Pero esta última era pequeña, y sólo existía el resort donde nos quedábamos. Para que os hagáis una idea, en menos de 10 minutos habíamos dado la vuelta a la isla.
En Bounty, los viajeros eran más bien parejas y alguna que otra familia (en las otras nos hemos sentido mayores; la mayoría de los viajeros tenían entre 18 y 24 años).
La comida estaba muy rica, mejor que en otras islas, pero aparte de eso fue el destino que menos nos gustó (a pesar de ser el más caro).

El balance de nuestras dos semanas en las islas ha sido muy positivo: por primera vez no hemos tenido que pensar en dónde nos íbamos a alojar, qué y dónde íbamos a comer (en el momento en que sonaba el tambor, sabíamos que llegaba la hora de comer)… Ha sido una buena forma de desconectar, y un buen momento (entre Australia y Nueva Zelanda, que recorremos durmiendo en una caravana-furgoneta). Y cuando decimos desconectar, ha sido de verdad. Debido a que los precios de Internet en las islas eran prohibitivos (normal, era vía satélite), hemos pasado 2 semanas completamente desconectados de la “civilización”, sin tener ni idea de lo que pasaba al otro lado del mundo: ¡no ha estado tan mal! A cambio, tenemos una piel más bronceada (como diría alguna, estamos “como Kunta Kinte”).
Gracias a todos los que nos habéis acompañado en el camino, y habéis hecho más amenas las noches bajo las estrellas. No están todos los que son, pero sí son todos los que están: gracias a Emanuel, Linda, Claire, Titti, Monica, Fernanda, Erika, Jack, Harriet, Sacha, Fleur, Bart, Jaïr-“Justin”, y a todos aquellos que, con tanto ir y venir de gente, se nos olvidó preguntaros vuestros nombres.

Los tres últimos días, antes de volar hacia Nueva Zelanda, los pasamos en Nadi, en el mismo hotel donde pasamos las dos primeras noches en Fiji (nos hicieron un descuento por clientes habituales), navegando por Internet y poniéndonos al día de lo que había pasado en el resto del mundo.

Llega el momento de guardar el bañador y las chanclas, los viajeros que hemos conocido en Fiji que venían de Nueva Zelanda, nos han contado que el clima actual es frío y lluvias, tocará sacar el chubasquero!

Precios medios:
Precio de nuestro “paquete” todo incluido 14 días: 103 euro/día/2 personas
Excursión a las cuevas Sawa-i-lau: 22 euros
Alquiler de snorkel y gafas de bucear: de 2-6 euros según isla
Hostal en Nadi: 23 euros/noche
Media hora de Internet en cualquier isla de las Yasawas: casi 10 euros

Nuestro "bure" en Nacula

Nuestro "bure" en Nacula

Buffet estilo fiiano

Buffet estilo fiiano

La hamaca, esa gran compañera...

La hamaca, esa gran compañera...

Con la playa al fondo...

Con la playa al fondo...

Los Bula Boys en acción

Los Bula Boys en acción

Geckoman jugándose la vida

Geckoman jugándose la vida

Hospitalidad fijiana en Naviti

Hospitalidad fijiana en Naviti

Foto de grupo

Foto de grupo

Honeymoon beach

Honeymoon beach

Vistas desde la cima de Waya Lailai (I)

Vistas desde la cima de Waya Lailai (I)

Vistas desde la cima de Waya Lailai (II)

Vistas desde la cima de Waya Lailai (II)

Piscina en Bounty Island

Piscina en Bounty Island

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Llegando a Fiji

7-9 marzo

Después de 5 horas de vuelo (+1 por el cambio de hora), y tras pasar la noche en el avión, aterrizamos en Nadi -el principal aeropuerto de Fiji- situado en Viti Levu, la isla principal (curiosamente el aeropuerto de la capital del país es mucho más pequeño). Allí nos llevaríamos una primera impresión del carácter despreocupado de los fijianos: nos habían asegurado del hotel que alguien iría a recogernos al aeropuerto, pero no fue hasta que los llamamos que alguien apareció por ahí.

A lo largo de las dos semanas y media que pasaríamos en este país, confirmaríamos día tras día esto: el tiempo aquí discurre a otro ritmo (el famoso “Fiji time”), y el estrés es algo desconocido, así que esta resulta una parada ideal para tomar un descanso, leyendo un libro tumbados en una hamaca, a la sombra de un cocotero.

A todo esto ayuda el carácter amable y hospitalario de los fijianos (de hecho hasta el año pasado estaban considerados como el país más amable del mundo, título arrebatado, ellos esperan que por poco tiempo, por los irlandeses), que reciben a los visitantes (“Kaivalagi”, literalmente “gente de muy lejos”) con los brazos abiertos. La palabra más oída es “Bula”, que es una mezcla entre “hola” y “bienvenido”.

 

Algunos hechos sobre Fiji:

  • La mejor época para visitar Fiji es en su “invierno”, de mayo a octubre, la temporada seca. Desde diciembre hasta mediados de abril es la época de lluvias, así que es cuando menos visitantes reciben. Como hemos llegado justo a finales de las lluvias (nos cayó alguna que otra tormenta tropical), decidimos irnos hacia dos grupos de islas, las Yasawas y las Mamanucas, que tienen un clima más agradable.  Todos los viajeros aterrizamos en Viti Levu, pero pocos son los que se quedan más de un día o dos, puesto que la verdadera belleza de este país, mezcla de arena blanca, mar azul turquesa, palmeras y selva tropical, se encuentra en las islas pequeñas.
  • Si venís a Fiji, seréis invitados sin duda alguna por los locales a probar el “Kava” (el cappuccino de Fiji como lo llamaban de forma humorística en nuestro hotel), una bebida que parece agua sucia (y sabe como tal), hecha con agua mezclada con el polvo de una raíz. El kava se utiliza en todos los eventos sociales del país, y aunque no tiene alcohol, si se abusa de ella, deja la cabeza atontada y la lengua de forma parecida al volver de la consulta del dentista con la boca anestesiada. Pero, por supuesto, uno no puede ir a Fiji y no probarla.
  • Aunque no es tan barato como el sudeste asiático, son bastantes los mochileros que se aventuran a venir a Fiji, país en el que hay alojamientos para todos los gustos: desde unos 50€ al día (menos de la mitad si os quedáis en la isla principal), hasta más de 1.000€/día en resorts de lujo (eso nos han contado, porque en los que nos quedamos nosotros eran más bien de los primeros).
  • El deporte nacional es el rugby –practicado incluso por las mujeres-, ocupando el fútbol un meritorio segundo puesto (su respuesta habitual cuando me presentaba como español, era decir algo como: “España campeona del mundo!”).
  • La población es mayoritariamente de origen nativo, aunque viven un gran número de hindúes, que fueron traídos por los ingleses como mano de obra barata a finales del siglo XIX para cultivar los campos de azúcar y algodón. Las tensiones entre nativos e indios persisten hasta el día de hoy en la mayor parte del país, y en general no se ven mutuamente con buenos ojos…
  • Para suerte de los viajeros, la mayor parte habla inglés (idioma común que comparten entre las distintas etnias), aprendido en el colegio desde temprana edad. De hecho, en el colegio, están obligados a hablar entre ellos; una vez vuelven a casa ya pueden hablar su lengua materna con la familia.
  • Después de ser una colonia británica, Fiji obtuvo su independencia el 10 de octubre de 1970. La situación política no siempre es la más estable del mundo (desde1987 ha tenido 4 golpes de estado, el último en 2006), algo que ha afectado el turismo, aunque a fecha de hoy las cosas están bastante tranquilas.
  • En las islas de Fiji era costumbre el canibalismo, cosa que (de forma comprensible) horrorizaba a los misioneros ingleses. El reverendo Baker tuvo bastante éxito convirtiendo a la población (hoy día en su mayoría cristiana), hasta que acabó –podéis imaginar- como plato principal de los locales.
  • La capital, Suva, es la ciudad más grande dentro de las islas del Pacífico Sur, y tiene la universidad más grande, a la que acuden gente de distintos países (las clases se imparten en inglés).
  • Las películas “Náufrago” de Tom Hanks, y “Blue Lagoon”, con Brooke Shields, fueron grabadas aquí. De hecho, por unos 40€ es posible hacer una excursión de un día a la isla donde se rodó “Náufrago”.

 

Los dos primeros días que pasamos en Nadi, antes de ir a las islas, estuvimos bañándonos en la piscina del hotel y planeando nuestro viaje a las islas (un consejo para todos los que vengáis: comprad los viajes a las islas aquí y no en vuestro país de origen, es más barato). La ciudad de Nadi no es de gran atractivo para el viajero, ¡no os perdéis demasiado si os la saltáis!

Siguiente parada: Islas Mamanucas y Yasawas, durante dos semanas!

Puesta de Sol en las Islas

Puesta de Sol en las Islas

Una de las múltiples islas

Una de las múltiples islas

Comida india en Nadi: un thali

Comida india en Nadi: un thali

El coco, presente en todos sitios

El coco, presente en todos sitios

Hospitalidad fijiana

Hospitalidad fijiana

Misa fijiana en la Iglesia del pueblo

Misa fijiana en la Iglesia del pueblo

Horno fijiano

Horno fijiano

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En Fiji: cerrado por Vacaciones

Seguramente cuando pensáis en nosotros dando la vuelta al mundo, tenéis una idea de algo glamouroso (estilo Willy Fogg) y super-relajado. Pues bien, la mayoría de los días no son así: a veces es estresante no saber dónde vas a dormir, qué comer, si este vendedor tan simpático te está intentado timar, cómo llegar de X a Y… Aparte de los días en los que no hay agua caliente, con madrugones, largos viajes en autobús…

Pues bien, después de tanto “esfuerzo”, hemos decidido tomarnos unas vacaciones de verdad, con una luna de miel en condiciones. Aquí en Fiji, hemos contratado un viaje “a medida”, que durante dos semanas nos llevará por 4 de sus islas paradísiacas. Hemos dejado todo pagado y cerrado, así que durante dos semanas enteras no tendremos que pensar en nada! (seguro que después de esto nos odiáis un poco más).

Viendo la pinta de algunas de las islas donde vamos (en algunas sólo hay un hotel y nada más, aparte de palmeras y playas), tendremos suerte si hay electricidad, así que no tenemos grandes esperanzas de tener conexión a Internet, por lo que es posible que esta sea la última actualización hasta el 22, que es cuando volvemos a Nadi, la isla más grande de todas.

En las próximas fotos, iréis viendo cómo nos vamos poniendo más morenitos poco a poco… Así que como dice el título del post, estamos oficialmente, y hasta nuevo aviso…

¡CERRADOS POR VACACIONES!

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Vocabulario Aussie – Cañí

Este es el vocabulario básico que necesitarás si recorres Australia. También útil para entender las entradas de vueltaalmundo.travel sobre este fantástico país.

Oz (como el mago) = Australia

Aussie = Australiano. Puede aplicarse a una persona (ej: ahí hay un Aussie que dice ¡ay!) o usarse como adjetivo: un coche aussie, un canguro aussie…

No worries = “De nada”

Cheers = Palabra de múltiples usos: puede significar adiós, gracias…

Mate = “colega”, “tío/a”. Muletilla muy utilizada para acabar cualquier frase

G’day (Good day) = Saludo muy empleado por los australianos. Suele ir acompañado del sempiterno “mate”, quedando así: “g’day mate”.

Mozzie = Mosquito

Brekky = Desayuno, generalmente contundente

Barbie = Barbacoa, deporte favorite de los Aussies

Bushwalking = Trekking, senderismo

Grey nomads = Jubilados que recorren el país en su caravana, a veces durante años.

Brellie = paraguas

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