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28 julio, 2012

Salta y alrededores. La aventura continúa.

Nota: todo lo bueno se acaba, y la delegación criptanense retorna a tierras manchegas, así que este será la última entrada escrita por ellos… Sin más dilación, ¡os dejamos con su historia!

 

El día 17 llegamos al aeropuerto de Salta con 2 horas de retraso por mal tiempo, pero no nos importó, pues aprovechamos bien el tiempo con las clases de inglés y planeando la ruta que nos quedaba por delante. El taxista que nos llevó al hostal hizo también de guía turístico y nos contó todo lo que podíamos hacer por Salta, incluida su animada vida nocturna, con los “boliches bailables”, o lo que en España conocemos como discotecas. Después de dejar las maletas salimos a dar una vuelta por la ciudad, tan encantadora como caótica. La plaza 9 de Julio está siempre llena de vida, y la Catedral y la iglesia de San Francisco son muy llamativas. También dimos una vuelta por el mercado municipal, para empaparnos de los aromas salteños más profundos y terminar comiendo en el mismo mercado por un precio que en España sería ridículo y con una calidad bastante aceptable.

Colores en el mercado de Salta

Colores en el mercado de Salta

Catedral de Salta

Catedral de Salta

Al día siguiente madrugamos para hacer una caminata por San Lorenzo, un pequeño pueblo a unos 10 kilómetros de Salta al que llegamos en “colectivo”, y donde realizamos un “trekking” improvisado dirigido por el guía rural Manolo y un inesperado ayudante local (un perro que  nos siguió todo el camino). Por la tarde regresamos al centro de la ciudad y tomamos el teleférico para subir al cerro de San Bernardo, desde el que se veían unas impresionantes vistas de toda la ciudad (hay que tener en cuenta que Salta tiene 600.000 habitantes y apenas se ven edificios de más de 2 plantas).

De ruta rural por San Lorenzo

De ruta rural por San Lorenzo

Teleférico en el monte San Bernardo con Salta al fondo

Teleférico en el monte San Bernardo con Salta al fondo

Para el jueves 19 teníamos reservada la gran sorpresa del viaje. El regalo que nos hicieron por reyes Elena y Manolo, el Tren a las Nubes. Es un tren turístico que presume de ser uno de los más altos del mundo. Una atracción que no sólo encantará a los “amigos del Ferrocarril”, pues el viaje, aunque se hace un poco largo, está lleno de animación. El personal se vuelca en que todos los viajeros lo pasen bien. Hay música regional, explicaciones de la historia de Salta, de la puna, y del propio tren. Fueron 16 horas de tren con sólo dos paradas de 20 minutos. La primera en el espectacular viaducto de la polvorilla, a 4.200 metros de altitud, donde notamos los primeros síntomas del apunamiento, o mal de altura. Y la siguiente parada, ya a la vuelta, en San Antonio de los Cobres. El viaje de vuelta fue más tranquilo, con unas partidas de cartas, una peli y un poco de ambientación por parte de un dúo de guitarra y saxo. Llegamos a las 11 de la noche con pocas ganas de boliches, y nos fuimos directos al hostal para descansar.

Paisajes espectaculares en el Tren a las Nubes

Paisajes espectaculares en el Tren a las Nubes

Pasajeros junto al tren

Pasajeros junto al tren

Dos manchegos a más de 4.000 metros de altura

Dos manchegos a más de 4.000 metros de altura

El viernes fuimos a recoger los coches de alquiler, muy necesarios para conocer la región de Salta, pues su verdadero encanto reside en los pueblos de alrededor. Salimos directos a Cafayate, al sur de la provincia, aunque el viaje fue más largo de lo esperado. A mitad de camino entramos en la Quebrada de Cafayate, donde los paisajes llegan a dejarte sin palabras. Teníamos que parar cada pocos metros a contemplar las vistas y a hacernos las correspondientes fotos. Paramos en la Garganta del Diablo (la segunda del viaje), en el anfiteatro, y en unas cuantas más, cada cual más espectacular que la anterior. Y por la tarde llegamos al hostal París-Texas,  uno de los favoritos del viaje, muy hogareño, con fuego en las habitaciones y ventana en el techo para contemplar las estrellas. Después de un paseo por el pueblo contemplando los puestos de artesanía y productos típicos, fuimos a cenar a la Peña, donde disfrutamos de un espectáculo de música regional compuesto por chacareras y aro-aros (pequeñas rimas populares cargadas de sátira). Para la cena pudimos probar la cazuela de cabrito, además de la cerveza artesana local y el vino de Cafayate. Los pobres vegetarianos se conformaron una vez más con pasta con tuco y algunas papas.

Intrépidos exploradores en la Quebrada de Cafayate

Intrépidos exploradores en la Quebrada de Cafayate

Amanecer en el Paris-Texas de Cafayate

Amanecer en el Paris-Texas de Cafayate

Vistas de la plaza y la catedral de Cafayate

Vistas de la plaza y la catedral de Cafayate

De cena en la Peña

De cena en la Peña

Al día siguiente salimos rumbo a Cachi, pero la ruta se nos hizo más larga de lo previsto una vez más. No contábamos con que lo que en el mapa aparece como “camino consolidado” es en realidad un carreterín de tierra y piedras de más de 100 kilómetros a 40 por hora. Aunque la belleza del paisaje le restó importancia a las deficientes infraestructuras argentinas. Esta circunstancia nos hizo dejar Cachi para el día siguiente, y quedarnos en Seclantás, pequeño pueblo de 300 habitantes, donde teníamos reservado el hostal. Dio la casualidad de que se celebraban las fiestas del Carmen y en las afueras del pueblo había un espectáculo de doma de caballos salvajes. También pudimos conocer al padre Alfredo, cura del pueblo, español, y que lleva casi 40 años ejerciendo en esta pequeña localidad.

Con unos Gauchos en la doma

Con unos Gauchos en la doma

El domingo 22 abandonamos el sur de la provincia, no sin antes hacer las correspondientes paradas en Cachi y en el Parque Nacional de los Cardones, donde se cuida que esta especie de cactus que llegan hasta los 10 metros de altura siga adornando los paisajes del norte argentino. La siguiente parada en nuestro viaje era San Salvador de Jujuy, capital de la provincia de Jujuy, la más pobre de Argentina, cosa que comprobaríamos más adelante. En esta ciudad nos alojamos en el hotel Augustus, pues los mochileros también necesitamos de vez en cuando una buena habitación de hotel con un baño calentito. San Salvador de Jujuy da mucha más impresión de ciudad que Salta, aunque es más pequeña y pobre.

En el Parque Nacional los Cardones

En el Parque Nacional los Cardones

Vistas desde el Parque Nacional

Vistas desde el Parque Nacional

Al día siguiente hicimos un pequeño recorrido por el centro de la ciudad y salimos dirección a Tilcara, pueblecito norteño con un ambiente hippy muy peculiar a 3.100 metros sobre el nivel del mar, y donde pudimos observar los efectos del apunamiento o soroche (mal de altura) en una de nuestras viajeras. La pobre Ele sufrió unos pequeños mareos, que se le calmaron al probar el té de coca, infusión que toman los lugareños para superar este malestar. El resto de la expedición fue a visitar la Pucará, unos restos de murallas indígenas. Y por la tarde tomamos una rica merienda en “El Mate”, una pequeña cafetería con mucho encanto en el centro del pueblo.

Al fondo, el Cerro de los 7 Colores, Purmamarca

Al fondo, el Cerro de los 7 Colores, Purmamarca

Té de coca, excelente y legal remedio para el zoroche (mal de altura)

Té de coca, excelente y legal remedio para el zoroche (mal de altura)

El martes salimos con los coches hacia el norte para ver los pueblos más cercanos a Bolivia, y donde pudimos comprobar la diferencia con el resto de la Argentina. En cada sitio que parábamos, ya fuese a tomar algo o simplemente a fotografiar el paisaje, había unos niños pidiéndonos “una ayudita” a cambio de cuidarnos los coches, o fotografiarles con sus cahorros de llama o de oveja. La parada obligada era en Humahuaca, donde además de unas vistas muy bonitas, había un mercado con mucho colorido, y una iglesia en la que a las 12 en punto de la mañana salía una imagen de San Francisco que bendecía a todos los turistas expectantes. En este pueblo tuvimos que hacer guardias para proteger los coches, pues aunque no llevábamos nada de valor, no queríamos devolverlos a la agencia con alguna cerradura rota, y la calle, aunque muy cercana a la plaza, se antojaba peligrosa. Esa tarde cuando volvimos a Tilcara también tomamos una rica merienda-cena en un pequeño y escondido café con estanterías llenas de libros y buena música ambiental.

En el Trópico de Capricornio

En el Trópico de Capricornio

Mercadillo en Humahuaca

Mercadillo en Humahuaca

Una simpática llama argentina

Una simpática llama argentina

Debajo de una llama gigante

Debajo de una llama gigante

El día 25 empezó el viaje vuelta, y la nostalgia empezaba a hacerse notar. Tuvimos que madrugar para entregar los coches de alquiler en Salta, a unos 200 kilómetros de Tilcara, antes de las 12 del mediodía. Nuestro espíritu aventurero nos llevó a tomar el camino más corto, en lugar de la autopista de peaje, y eso nos hizo vivir una inesperada aventura más. El camino más corto resultó ser una angosta carretera llena de curvas, gallinas, vacas y demás animales autóctonos. Aunque conseguimos nuestro objetivo y pudimos entregar los dos Chevrolet en la oficina antes de la hora, y con menos daños de los que pudieron haber sido, pues en estos 5 días les metimos más caña que algunos pilotos de rally (más de 1000 kilómetros,  la mayoría por caminos de tierra y piedras). Después de dejar los coches llegamos al último hostal que compartiríamos con los mochileros, y nos fuimos a comer a la Casa de Güemes, donde además de disfrutar de espectáculo de chacareras, aprendimos algo más de la historia de Salta. La tarde fue tranquila con unas partidas de cartas y unos ratitos en Facebook, después de 5 días sin internet, o con señal muy deficiente.

Y así llegamos al último día que pasamos con nuestros queridos guías Raúl y Hanna, a los que abandonamos con mucha tristeza, pero más tranquilos, al haber conocido más de cerca su vida de mochileros. No tenemos palabras para agradecerles el viaje que nos han organizado, en el que incluso, cuando algo no salía del todo bien, luego se arreglaba, pues como dijeron en la película de ayer en el avión, al final todo sale bien, y si no sale bien, es que no era el final.

Este último día volamos los 4 solos hacia Buenos Aires, donde fuimos recibidos por un gran anfitrión, en todos los sentidos. Julián nos hizo un recorrido por la capital federal que ni los mejores operadores turísticos podrían ofrecer. Y es que nadie mejor que un porteño orgulloso de su patria y su ciudad para enseñarnos lo mejor de ésta. Y para redondear la noche pudimos disfrutar de una riquísima cena en compañía de toda su familia, a los que queremos agradecer su hospitalidad y su cariño. Un abrazo muy fuerte para Julián, Graciela, Nico, Agus, Juli, los pequeñines, y también a los que no pudieron asistir. Fue una noche muy agradable.

Quiero pedir perdón en nombre de Hanna y Raúl si este post ha sido más largo de lo habitual, pero se nos han juntado tantos días, tantas anécdotas y tan poco tiempo para escribir, que no podemos sintetizarlo de otra manera.

Y ya estamos de vuelta en Campo de Criptana, después de 20 días, 5 vuelos, más de 1.000 kilómetros en coche, muchas medialunas, y sobretodo un montón de aventuras que contar, y de buenos momentos para no olvidar.

20 julio, 2012

Iguazú, continúa la visita de la delegación criptanense

Al día siguiente tomamos (en castellano, cogimos) un vuelo a Iguazú, y después de dejar las maletas en el hostal Garden Stone, probamos las hamacas, e incluso los más valientes pudimos bañarnos en la piscina. Por la tarde salimos a dar un paseo hasta el hito de las Tres Fronteras, donde se unen los ríos Iguazú y Paraná, y se delimitan las fronteras de Paraguay, Brasil y Argentina, desde donde se puede ver un espectacular atardecer.

Atardecer desde el hito de la tres fronteras

Atardecer desde el hito de la tres fronteras

El domingo 15 nos levantamos antes del amanecer, para evitar aglomeraciones, y como a quien madruga Dios le ayuda, pudimos disfrutar una bonita salida del sol desde el hostal mientras desayunábamos… ¿a que no sabéis qué? Pues sí, medias lunas y café con leche. Llegamos al Parque Nacional de Iguazú con los primeros grupos de turistas, y fuimos directos a la Garganta del Diablo, la caída de agua más espectacular del parque, y probablemente del mundo. Lo que vivimos allí no se puede explicar con palabras, ni por muchas fotos y vídeos que hiciésemos, podríamos volver a vivir la sensación del agua cayendo desde 80 metros de altura. Continuamos la visita con el paseo superior, desde el que se observan espectaculares vistas de las cataratas junto al arco iris, y donde también conocimos a otro grupo de mochileros españoles, unos simpáticos mallorquines con los que compartimos experiencias. A media mañana teníamos reservada la Gran Aventura Náutica, que comenzó con un viaje en jeep donde nos contaron la historia del parque y algunas cosillas sobre su fauna y flora. Pero lo bueno venía después, cuando nos pusimos bañadores y chanclas, guardamos todas nuestras pertenencias casi herméticamente, y nos montamos en el bote con los chalecos salvavidas. El guía Casimiro y su tripulación nos llevaron a pie de cataratas, donde vivimos una fortísima inyección de adrenalina bajo el agua. Después de secarnos y cambiarnos de ropa dimos un paseo, que terminó en el Sheraton Hotel & Resort, donde tomamos un café con unas maravillosas vistas de las cataratas.

Garganta del Diablo

Garganta del Diablo

Gran Aventura

Gran Aventura

Al día siguiente amaneció lloviendo, aunque nada nos frenó, y pusimos rumbo a Brasil para ver las cataratas desde el otro lado, pero esta vez fuimos sólo 5, pues nuestra guía habitual acusó el cansancio y el frío de los días anteriores. El resto de la expedición visitamos el Parque Nacional do Iguaçu, y disfrutamos de unas vistas diferentes de las cataratas.  La visita al lado brasileño es algo más breve, pero totalmente recomendable, pues te acercas tanto a las cataratas, que casi puedes poner la mano debajo de la cascada. Las vistas son increíbles. Por la tarde regresamos al hotel y compartimos un vino mendocino con otro de los huéspedes, y terminamos la jornada con una tranquila cena y un nuevo juego de cartas que Raúl importó en su  travesía por Asia.

Espectaculares vistas de las Cataratas

Espectaculares vistas de las Cataratas

Con esto concluye la primera parte de nuestro viaje, que nos ha dejado unas impresiones muy agradables de Argentina, de sus gentes, sus contrastes, y sobre todo muchas ganas de continuar nuestro viaje por la región de Salta, en la que ya nos encontramos. Como última reflexión me gustaría destacar el gran número de mochileros que hemos conocido, y que me lleva a pensar si no seremos nosotros los raros, haciendo un solo viaje, cuando hay tanta gente viajando, conociendo mundo, y sobre todo, hay tanto mundo por conocer ahí fuera, en lugar de  quedarse en casa preocupándose de si España gana la Eurocopa, o si una tal “prima de riesgo” sube o baja…

Espero no haberos aburrido mucho, y os animo a comentar, que dicen los dueños del blog que tenemos esto muy parado. Ahora me despido hasta dentro de unos días cuando os contemos (con el permiso de Hanna y Raúl) la segunda parte de nuestro viaje. Un saludo desde Salta.

18 julio, 2012

Buenos Aires Parte 2: Llega la delegación criptanense

10 – 14 de julio de  2012

Nota: Esta entrada, y las siguientes, serán redactadas por los miembros de la «delegación criptanense», que han venido a pasar casi 3 semanas con nosotros, y que se han ofrecido como voluntarios para colaborar con el blog. ¡Os dejamos con ellos!

Hoy se cumple una semana de nuestra aventura por Argentina y queremos dejar constancia de nuestras primeras impresiones mochileras.

Todo comenzó el martes pasado con el que fue el primer vuelo transoceánico para nosotros cuatro (hablo de Manolo, Elenas y yo). El vuelo transcurrió mejor de lo que nos esperábamos, aunque las 13 horas metidos en el avión no sientan bien a nadie. Pero el momento de ser recibidos en el aeropuerto por los dos mochileros a los que llevábamos un año sin ver nos cambió a todos las caras. Después de unos cuantos abrazos y alguna lagrimilla nos trasladamos al hostal Tango y Bandoneon, donde probamos la gastronomía argentino-hispano-sueca, unos deliciosos ñoquis. Un reparador sueño para recuperarnos del jet-lag, y al día siguiente comienza la aventura.

Comité de bienvenida

Congreso

El miércoles madrugamos para desayunar el típico desayuno argentino que se vendría repitiendo cada mañana, y casi cada tarde: las medias lunas acompañadas de café con leche. Nuestra guía particular (Hanna) nos hizo una ruta por los monumentos más emblemáticos de la capital argentina, la plaza de Mayo, el edificio del Congreso, la Casa Rosada, el Cabildo, el Obelisco, en la calle más ancha del mundo (la avenida 9 de Julio, que llega hasta 16 carriles), la plaza San Martín, Puerto Madero, el Puente de la Mujer… Por la tarde visitamos la librería Ateneo, cuyo edificio era un teatro reconvertido conservando todo su encanto, y después fuimos a merendar al Café Tortoni, lugar emblemático en el que puedes tomar un café mientras ves un espectáculo de tango.

La Casa Rosada

La Casa Rosada

Contemplando la Plaza San Martín

Contemplando la Plaza San Martín

Librería Ateneo

Librería Ateneo

De parrillada

De parrillada

La Boca

La Boca

Caminito

Caminito

Café Tortoni

Café Tortoni

Al día siguiente visitamos el barrio de la Boca en colectivo (autobús), un pequeño barrio turista tan colorido como esperábamos, pero que se hace pequeño, y más si piensas que la policía sólo protege las 2 calles principales, y el resto se queda bajo la responsabilidad del turista incauto. Después de esa visita, y tras dos días con nuestros queridos guías vegetarianos, nos llevaron al restaurante Desnivel, donde por fin probamos la rica carne argentina a la parrilla (nos pusimos finos). Por la tarde, y con las pilas cargadas dimos un largo paseo hasta llegar al barrio de la Recoleta, donde visitamos la tumba de Eva Perón. Por la noche nos tenían reservada una agradable velada con otro grupo de mochileros, con los que fuimos a una clase de tango, a un lugar tan encantador como peculiar, en el que, además de reírnos mucho y tomar alguna Quilmes, pudimos dar nuestros primeros pasos de tango, y comprobar en primera persona la dificultad de este baile.

El  viernes pasamos el día en la ciudad de Tigre junto a nuestros amigos mochileros (Vijya, Heidi, David y Jaya), comimos y paseamos por el rio Paraná y pudimos probar el famoso Mate. Por la noche conocimos a Julián, Agus, y Nico, y compartimos una estupenda cena en Il Campo di Fiori.

Continúa…

Bailando Tango

Bailando Tango

Bailando Tango

Bailando Tango

Cena con amigos

Cena con amigos

16 julio, 2012

Buenos Aires: Primera Parte

30 de junio- 9 de julio

De Colonia, Uruguay, cogimos un barco de una hora a la capital argentina. Aquí habíamos pensado quedarnos un tiempito, y llegamos con el alojamiento ya reservado en La Casa de los Angelitos- una especie de hostal familiar para largas estancias.

Los días en Buenos Aires pasaron muy rápido… Como íbamos con tanto tiempo, no nos apresuramos mucho en el “sightseeing”. Vimos la mayoría de las atracciones turísticas, pero más o menos una al día ;). Visitamos el Congreso (hay tours gratis a mediodía), el cementerio de la Recoleta (donde están enterrados muchos personajes importantes del país, como Evita) el buque-museo Sarmiento y el famoso Café Tortoni. Paseamos por el mercado de San Telmo, Palermo, La Boca, Puerto Madero y muchos parques.

Todos los días tomamos un café en un sitio nuevo, y podemos confirmar que Buenos Aires definitivamente es el mejor lugar, entre los que hemos visitado en Sudamérica, para los adictos a la cafeína. Aunque no es muy barato (un café con leche suele costar más de 2 euros!), los menús para merendar son recomendables. Suelen consistir en un café con leche, 3 medialunas con mantequilla y mermelada, un vaso de zumo de naranja exprimido y un vasito de agua con gas – por el precio de unos 3-4 euros.

También aprovechamos la semana para ver a algunas caras conocidas- como Vijya y Heidi- y, por supuesto, a conocer a gente nueva. ¡Y para hacer el planning para los visitantes que llegan la siguiente semana!

Buenos Aires tiene una reputación de ser una ciudad insegura; de hecho, muchos argentinos en las provincias y ex–porteños emigrados nos habían advertido sobre robos, atracos y violencia. En las dos semanas que estuvimos aquí no tuvimos ningún problema (actuando con sentido común y bastante más precaución que en el resto del país), el mayor peligro a diario eran los millones de cacas de perros en las aceras.

 

27 junio, 2012

Vino, empanadas, medialunas, cu-cús, termas y un terremoto

Post Mendoza y Córdoba

16-25 de junio de 2012

Otro viaje nocturno en autobús (ya llevamos unos cuantos), y nos despertamos en Mendoza, bastante más al norte, a la altura de Santiago de Chile, a 40 kms de la cordillera. Nos íbamos a quedar 4 días, al final fueron 6 (y seguramente habrían sido más si no tuviéramos un “deadline” para estar en Buenos Aires en julio y encontrarnos con la familia).

Mendoza cuenta con unas avenidas anchas y muchas plazas ya que se ha construido así por los frecuentes terremotos (uno derribó la ciudad entera en 1861). De hecho, una noche nos despertamos con un temblor de unos 5,5 grados Richter que causó algunos daños en la ciudad.

En Mendoza nos quedamos en un hostal muy divertido, con muchas actividades gratuitas por la noche como la cata de vinos (Mendoza es la región de vinos número uno de Argentina), clase de mate, clase de empanadas (y clases de español, aunque esta oferta no la aprovechamos). También contaba con una útil campanilla en la recepción que prometía una copa de vino gratuita a todo aquel que la hiciera sonar. Durante una clase de empanadas conocimos a una pareja sueca-inglesa muy maja, Emelie y Scott, que también están dando la vuelta al mundo y han recorrido casi los mismos lugares que nosotros. Viajamos juntos con ellos durante una semana. También se unió Vijya, la chica inglesa que habíamos conocido en Chile hacía un mes, y por fin pudimos devolverle su iPod :).

Un día nos fuimos con un autobús local a las termas de Cacheuta, situadas en las montañas a una hora de Mendoza. Pasamos como tres horas en las diferentes piscinas, sobre todo en una que tenía la temperatura perfecta de unos 38 grados! Pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares del valle, y cuando por fin el sol se levantó por encima de las montañas aprovechamos para ponernos morenos J .

Otro día hicimos una excursión al Parque Nacional Aconcagua, donde se puede ver el pico más alto de Sudamérica (6962m). ¡Pero la fortuna no nos sonrió! Tras 4 h en un autobús con la calefacción sudando (nosotros quitándonos cada vez más prendas, los argentinos con abrigos y guantes puestos), llegamos al Puente del Inca, el último pueblo antes del Parque a una altura de más de 2000m. En Mendoza habíamos estado en manga corta pero aquí hacía un tiempo de perros… una tormenta de nieve arrasaba el valle y había cerrado el paso a Chile. Nos tuvimos que bajar del autobús, pero no quisimos rendirnos todavía y empezamos a andar al Parque (solo faltaban unos 3 kms). Más o menos a la mitad nos encontramos a dos militares muy majos y con cara de sorpresa nos informaron amablemente que no podíamos seguir por el mal tiempo (esta vez las dos suecas pusimos caras de incredulidad- si sólo era un poco de nieve!!). Así que no hubo más remedio que volver al pueblo y pasar dos horas en una cafetería (sin calefacción!!) jugando a las cartas y tomar el autobús de vuelta (otras 4 horas). Eso sí, el paisaje es una PASADA!

El resto de los días los pasamos en la agradable Mendoza, una ciudad con bastantes cosas para ver, con un clima agradable y muchas cafeterías (con mesas al sol). De hecho nos recordaba bastante a alguna ciudad mediana de España.

De Mendoza nos fuimos en un autobús de noche a la segunda ciudad de Argentina, Córdoba, con un millón y medio de habitantes. Scott y Emelie decidieron venir con nosotros y pasamos tres días de turismo urbano con ellos. Habíamos pensado hacer alguna ruta de trekking en los alrededores de la ciudad pero al final estábamos todos bastante vagos (¡y hubo que ver los partidos de fútbol de la Eurocopa!). Hicimos una excursión a una ciudad cercana llamada Villa Carlos Paz. Supuestamente habíamos oído que allí habría una especie de montaña rusa totalmente rústica hecha de sillones con ruedas que circulan a lo largo de una vía por la montaña pero cuando llegamos nos enteramos en la oficina de turismo que lo habían cerrado (¿algún accidente quizás?). Así que pasamos todo el día intentando descubrir por qué esta ciudad atrae a miles de turistas argentinos todos los años. No lo descubrimos pero si  encontramos el símbolo de la ciudad (un reloj suizo gigante muy hortera llamado “Cu-cu”) y nos sacamos unas fotos con él 🙂

Córdoba ciudad nos gustó mucho: calles peatonales, plazas arboladas, iglesias y catedrales y muchas cafeterías. Por fin nos enteramos cuál era la diferencia entre factura y media luna (un misterio ya que normalmente en los menús para gringos traducen las dos cosas como “croissants”).

Ya tocó despedirse de Emelie y Scott que siguen su viaje hacia el Norte y mientras nosotros  nos vamos al Este, a Uruguay. Snif, snif…Thanks guys for the great days together!

 Precios:

Entrada en Termas de Cacheuta: 7 euros

Noche en Hostal Mora para dos personas: 20-25 euros

Autobús Mendoza – Córdoba (11h): 50 euros

Autobús Córdoba – Montevideo (15h): 80 euros

Plaza de España en Mendoza

Puente colgante en Cacheuta

Termas de Cacheuta

Cacheuta

Camino al Aconcagua

Clase de mate en el hostal

Que alguien ponga la calefacción!

El paso estaba cerrado

Hasta aquí llegamos

Puente del Inca

Puente del Inca

Noche de cartas

Córdoba

Córdoba

En un parque de Córdoba

17 junio, 2012

Últimos días en Patagonia: El Bolsón – Bariloche

5-15 de junio de 2012
Podemos confirmarlo: Argentina es un país muy muy grande! Desde el Calafate hasta El Bolsón tardamos 25 horas, ¡y ni siquiera habíamos llegado a la mitad del país! Menos mal que tenemos nuestros reproductores MP3 🙂
El Bolsón es un pueblo con un toque “hippie”. Es un municipio no nuclear, con muchos cultivos ecológicos y que ofrece un poco más de facilidades a dos pobres vegetarianos como nosotros. Además, coincidiendo con el día mundial del medio ambiente, celebraban varios ciclos de conferencias, debates, proyecciones, etc.
Alrededor del Bolsón hay numerosas rutas de senderismo (la mayoría se inician en el propio pueblo, lo que evita tener que tomar autobuses/taxis como ocurre en otros lugares). En los 6 días que nos quedamos (originalmente iban a ser 4), hicimos varias de las rutas. El Cerro Amigo (solamente a 2 kms del pueblo pero con vistas bastante buenas), La Cabeza del Indio (una formación rocosa que recuerda a una cabeza humana), Parque Nacional Lago Puelo, y la ruta estrella, el ascenso al cerro Piltriquitrón (Piltri para los amigos). Se llega a este pico por una subida (a veces muy empinada) de unos 15 kms. Las vistas son fantásticas, se ve todo el valle, luego “sólo” hay que bajar, y recuperarse de las agujetas al día siguiente.
Otra de las razones para alargar nuestra estancia fue el buen ambiente que había en el hostal “La Camorra”, que disponía de su buena colección de residentes habituales, y con los que hicimos buenas migas. También, aunque no “surfeamos su sofá”, Martín y Valeria nos invitaron a cenar una deliciosa cocina vegetariana.

Vistas desde el Piltri

Lo mejor de la excursión: el picnic en la cima

Con Milla subiendo el Piltri

Vistas desde el Cerro Amigo

Cabeza del Indio

En el parque nacional «Lago Puelo»

En casa de Martin y Valeria, una pareja que conocimos en el «couch»

Con uno de los residentes del Hostal La Camorra

Para llegar a Bariloche, nuestro siguiente destino, nuestro autobús tardó sólo 2 horas (un visto y no visto aquí). Bariloche es la ciudad más grande de la “Región de los Lagos”, que recibe visitantes todo el año por sus numerosas actividades al aire libre, y sus pistas de esquí en invierno.
La calle principal está llena de chocolaterías y cafés, así que no podíamos irnos sin probar un buen chocolate a la taza (que viene de perlas en un día de frío). Aprovechamos también para recuperarnos de un catarro en la calentita habitación del hostal “Periko’s”.
Cuando estábamos con más ganas de aire fresco, fuimos al cerro Campanario (con unas estupendas vistas de 360º de lagos y montañas), y después hicimos una ruta ligerita en el parque Llao Llao (“shao shao” como pronunciaría un argentino).
En el hostal aprendimos a preparar empanadas, plato típico de Argentina y otros países alrededor, así que estuvimos durante varias horas preparando el relleno, horneándolas y comiéndolas. Salieron más de 50, pero con ayuda del resto de viajeros, las comimos en una sola noche; una buena manera de hacer amigos!
Y con estas dos ciudades, abandonamos la Patagonia, y nos dirigimos a Mendoza, en la región de Cuyo, famosa por sus vinos. ¡Seguiremos informando desde allí!

Precios medios:
Autobús El Bolsón – Bariloche: 7 euros
Autobús Bariloche- Mendoza: 75 euros (19 horas)
Menú del día para dos en “El Vegetariano”: 25 euros
Habitación doble con baño en Periko´s: 25 euros
Café con leche y alfajor en El Bolsón: 2,5 euros

Árboles abrigaditos para el invierno


Vistas desde el Cerro Campanario


Hemos encontrado el Lago Escondido en el parque Llao Llao


Preparando las empanadas (vegetarianas por supuesto)

4 junio, 2012

Hielo, nieve, glaciares…

21 de mayo – 4 de junio de 2012

En Punta Arenas nos despedimos de Chile, por lo menos por el momento, e hicimos un viaje en autobús de unas 12h a Ushuaia, Argentina, la ciudad más septentrional del mundo. El viaje se hizo bastante largo con un cambio de rueda, control en la frontera y un viaje en barco para cruzar el estrecho de Magallanes.

Ushuaia está situada en el sur de la mítica Tierra del Fuego, a más de 3000km de Buenos Aires, y bastantes viajeros llegan aquí para completar su recorrido por Suramérica o (los que tienen un presupuesto más alto) para hacer un crucero a la Antártida.

En verano tiene que ser un sitio perfecto para trekking, bicicleta, cruceros por el canal Beagle -con unas temperaturas aceptables y muchísimas horas de luz. En invierno es un sitio muy frío y bastante oscuro… No pudimos visitar el Parque Nacional de Tierra del Fuego por una fuerte caída de nieve, ¡habrá que volver algún día! Pasamos unos días paseando por la ciudad y alrededores, y cuando sale el sol y las montañas se reflejan en las aguas cristalinas es un lugar muy bonito  (¡y si después sigue una sopa calentita, mejor!).

En invierno no hay tantas opciones de transporte desde Ushuaia así que compramos nuestros billetes de autobús a El Calafate con unos días de antelación. Al comprar los billetes tuvimos un choque desagradable: Argentina NO es un país muy barato  y los precios que aparecen en los libros de guía no tienen nada que ver con la actualidad. La inflación es un gran problema en Argentina y se nota sobre todo en los transportes. Según la Lonely, Chile es mucho más caro que Argentina, o por lo menos era… Podemos asegurar que ya no es así: los viajes en autobús en Chile costaban menos de la mitad, y allí comíamos fuera por lo menos una vez al día. En Argentina hemos ido a un restaurante dos veces en dos semanas. Resumen: hemos tenido que ajustar un poco el presupuesto, coger menos autobuses, ver menos sitios, cocinar en los hostales etc.

El viaje a El Calafate empezó a las 5 de la mañana y terminó a las 2 de la noche. Realmente no son tantos kms, pero hay que entrar y salir de Chile (la mitad de la Isla de Tierra del Fuego es chilena), cruzar el estrecho de Magallanes y cambiar de autobús en Río Gallegos- y allí tuvimos que esperar 5 horas en la estación. ¡Estábamos bastante contentos de llegar! El Calafate es un destino turístico muy popular para todo tipo de viajeros a Argentina, y hay una infinidad de opciones de alojamiento, por lo menos en verano. Nosotros nos quedamos en el hostal Ámerica del Sur, probablemente uno de los mejores albergues de todo el viaje  (la habitación parecía más propia de un hotel!), con desayuno incluido, buen wifi, calefacción a tope (importante!!) y buenos espacios comunes. Durante los 5 días que pasamos en El Calafate conocimos a mucha gente de todo el mundo con la que compartimos desayunos, cafés, vino argentino y muchas historias.

El pueblo en sí no tiene muchas cosas de interés, pero sirve como base para el Parque Nacional de los Glaciares, y su reclamo más grande, el Perito Moreno, a 80km de El Calafate. Hay varias opciones para visitar este impresionante glaciar azulado: tour guiado, trekking sobre el hielo con crampones, crucero o, la opción más barata que escogimos nosotros, un bus “regular” sin guía que te deja en el parking y te recoge unas 5 horas más tarde. Independientemente de la elección del viajero, la experiencia es increíble. Hay varios kms de pasarelas que han construido a lo largo del lago, y al otro lado del agua está la punta del glaciar donde se rompen grandes bloques de hielo que caen, con un tremendo estruendo, al agua. Desafortunadamente, el tiempo no acompañaba, y las últimas dos horas las pasamos en la única cafetería, fríos y mojados, con dos americanas de nuestro hostal.

En El Calafate tuvimos otra experiencia “Couchsurfing”! Aunque no nos pudo dar cobijo, Nacho nos invitó a una cena “típica” en casa con sus amigos. El menú consistía en empanadas, vino argentino y terminó con una copa de Fernet (el típico licor que gusta a todos los argentinos). ¡Gracias por la hospitalidad, Nacho!

Siguiente destino después de El Calafate era El Chaltén, unos 200kms más al norte, en la otra punta del Parque Nacional de los Glaciares. Tardamos unas 3 horas para llegar a este pueblo diminuto (habitantes: 600) y aislado. La historia de El Chaltén es muy reciente. De hecho, es el pueblo más nuevo de Argentina, construido en el 1985 como punto estratégico en un conflicto fronterizo con Chile. Más tarde se descubrió el potencial turístico del lugar, especialmente para los amantes de las actividades al aire libre (senderismo, esquí, bicicleta, escalada, cabalgatas…), ya que en los alrededores se encuentran algunos de los paisajes más espectaculares de la Patagonia, como el pico Fitz Roy (3441m).

Para hacer senderismo, El Chaltén es ideal –de hecho es conocido como “Capital Mundial del Trekking”- y todas las rutas, de diferentes grados de dificultad, salen directamente del pueblo, así es posible ahorrarse los gastos de transporte que hay que pagar en otros sitios. Además, en esta parte del Parque Nacional, no hay que pagar entrada.

Hicimos varias de las rutas con Olivia (una chica suiza que habíamos conocido en El Calafate) por unos paisajes fantásticos pasando por valles nevadas, glaciares y los picos dentados de Fitz Roy y Torre visibles en el fondo. Tuvimos suerte con el tiempo los primeros días cuando hicimos las rutas más largas de más de 20 kms, pero el último día empezó a nevar mucho y tuvimos que dar la vuelta sin llegar a la cima – de repente había más de medio metro de nieve y ya no se podía distinguir el sendero. No vimos muchos animales, pero sí escuchamos el sonido inquietante de pumas (¿hambrientos?) en la lejanía. Ya nos había avisado el guardabosque sobre qué hacer si viéramos alguno: quedarse firme, mirarle directamente a los ojos, no dar la espalda y, sobre todo, no correr (puede pensar que eres una presa).

Aunque El Chaltén está repleto de viajeros con Goretex en verano, en invierno es un pueblo bastante muerto con pocas opciones de alojamiento y restaurantes. No hay cajeros automáticos ni cobertura de móvil, e internet es por satélite y bastante lento – pero es todo parte del encanto, ¿no? Otro lugar al que hay que volver algún día (de verano) para hacer más trekking, acampar en algunos de los campamentos maravillosos por los que pasamos a lo alto de la montaña y bañarnos en los fríos lagos cristalinos.

Próximamente: dejamos atrás el frío y subimos en autobús unos 1500km al norte, a la Región de los Lagos. En verano se puede seguir por la arriesgada ruta 40 que va desde el Calafate, pasa por el Chaltén y sigue hacia Bariloche, al lado de la cordillera. Pero en invierno esta carretera (con grandes tramos de grava) está cerrada así que tenemos que regresar a El Calafate y allí coger un autobús de 25 horas por la costa atlántica (de hecho, los que nos habéis seguido, podéis ver que ya hemos hecha esta larga ruta antes, para ir a Punta Arenas en Chile…).

Gastos:

Alquiler de botas: 4 euros/día

Entrada para ver el Perito Moreno: 18 euros

Autobús “regular” al Perito Moreno: 18 euros

Viaje en autobús desde Ushuaia – El Calafate: 110 euros…

Habitación doble en Hostal Ámerica del Sur en el Calafate: 25 euros

 

Ushuaia, en el fin del mundo

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En Ushuaia, a 3000 Km. de Buenos Aires!

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Barco en Ushuaia

Barco en Ushuaia

Glaciar Perito Moreno (Calafate)

Glaciar Perito Moreno (Calafate)

Glaciar Perito Moreno (Calafate)

Glaciar Perito Moreno (Calafate)

Con el famoso Perito Moreno al fondo

Con el famoso Perito Moreno al fondo

De camino al Chaltén

De camino al Chaltén

Laguna Torre, El Chaltén

Laguna Torre, El Chaltén

Con Olivia en El Chaltén

Con Olivia en El Chaltén

De trekking por El Chaltén

De trekking por El Chaltén

Un pobre manchego pasando frío en junio!

Un pobre manchego pasando frío en junio!