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16 septiembre, 2014

La vuelta a casa

Todo lo bueno llega a su fin, y por desgracia esto aplica también a nuestro viaje.

Los últimos días no fueron nada remarcables: de Hoi An volamos a Hanoi, donde pasamos la noche en un barrio cerca del aeropuerto, nada recomendable (no porque fuera peligroso, sino porque no tenía nada interesante para ver).

A la mañana siguiente volamos a Bangkok, donde pasamos un día y medio, en el mismo hotel donde habíamos estado antes: uno de los pequeños placeres del viajero es llegar a un lugar conocido, donde no hace falta preguntar para llegar… Allí nos recibió nuestra amiga Lek con su habitual simpatía y buen humor.

Era nuestra última oportunidad en mucho tiempo de disfrutar in situ de la deliciosa comida tailandesa, así que debíamos aprovechar! Tripadvisor nos recomendó un restaurante no demasiado lejos de nuestro hotel, y fue todo un acierto, la comida estaba deliciosa! Y por si fuera poco, de postre tenían una tarta de chocolate para chuparse los dedos…

Aprovechamos los días en Bangkok para hacer compras de última hora, pasear sin rumbo por la ciudad (¡hacía tiempo que no lo hacíamos!) y coger fuerzas, ya que habíamos hecho 2 vuelos en las últimas 48 horas, y teníamos el de regreso a España partido en 3 tramos (con noche en el aeropuerto de Abu Dhabi incluída).

Comida tailandesa, te echaremos de menos!!!

Comida tailandesa, te echaremos de menos!!!

Entrada a Chinatown, Bangkok

Entrada a Chinatown, Bangkok

Calles de Bangkok

Calles de Bangkok

Perdidos por Bangkok

Perdidos por Bangkok

Iglesia en Bangkok

Iglesia en Bangkok

Cansados, algo perdidos y con un poco de jet-lag, aterrizábamos en el aeropuerto de Alicante. Habíamos disfrutado enormemente del viaje, pero una (pequeña) parte de nosotros también tenía ganas de volver a casa.

Ahora es momento para reponerse, disfrutar de los pequeños placeres que tenemos aquí, y por supuesto… comenzar a soñar con el próximo viaje 🙂

3 septiembre, 2014

De Huangshan a Guanzhou: Resto de la ruta por China

Un autobús de 4 horas nos llevó hasta Huangshan, que literalmente significa “Montaña Amarilla”, un lugar mágico dentro de China. Esta montaña tiene un gran significado cultural e histórico para los chinos, y es un destino turístico muy popular. Existe la opción de pasar la noche en la parte de arriba, en un hotel con precio astronómico, o en el pueblo en la base, que fue la opción por la que nos decidimos nosotros.

El pueblo (por decir algo, ya que es poco más de dos calles) es una sucesión de restaurantes, supermercados y tiendas de souvenirs. No pasará a la historia como el pueblo con más encanto de China, pero fue agradable escapar de las ciudades chinas de millones de habitantes, así que no nos podemos quejar demasiado.

Habíamos leído en la guía que era importante madrugar para llegar pronto y evitar las largas colas, así que a las 6 en punto (hora en la que salía el primer autobús hacia el teleférico en la base de la montaña) estábamos en la pequeña estación de autobuses. Para nuestra sorpresa, ya había decenas de personas haciendo cola!

Al llegar a la base (poco más de 15 minutos en autobús) tomamos el teleférico, que nos llevó casi 800 metros más arriba, a lo largo de 2.800 metros de recorrido hasta una altura de casi 2000 metros. Ahí comenzó nuestra caminata, y nuestra decepción inicial, ya que las nubes cubrían toda la vista y no había casi visibilidad. Por suerte, algo más tarde comenzaron a despejarse algunas nubes y pudimos ver algo; las vistas eran realmente mágicas!

Nuestra caminata, montaña abajo, comenzó cerca de las 8 de la mañana y terminó cerca de las 4 de la tarde. Según el teléfono de Charlie, habíamos caminado 17 Km., que puede que no suenen a mucho, pero escaleras abajo se hicieron largos! Estuvimos los 3 días posteriores con agujetas…

Las vistas y el paseo fueron fantásticos; la única “queja” por nuestra parte es (como pasa en casi todos los lugares turísticos de China) la cantidad de gente que había, y es que hubo momentos en los que tuvimos que hacer cola (de hasta 1 h.) tan sólo para pasar por un sendero de la montaña. Quizás estaría bien si el gobierno chino limitase el número de visitantes al día, para ofrecer una experiencia más agradable… De momento han puesto un coste bastante alto para la entrada (unos 25€, y 10€ más cada viaje en teleférico), pero esto no parece desanimar a las hordas de chinos que acuden cada día a visitar la montaña…

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Huangshan

A la mañana siguiente, sacamos nuestro lado flashpacker y decidimos tomar un taxi con destino a Tunxi, aprovechando para hacer una parada en el pequeño y pintoresco pueblo de Xidi, declarado patrimonio de la humanidad. A pesar de que la entrada costaba más de 10 Euros, tampoco desmotivó a los cientos de turistas chinos que acudían a visitar el pueblo.

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Una vez hubimos visitado el pueblo y tomando las pertinentes fotografías, continuamos el viaje hasta Tunxi, un pueblo de unos 70.000 habitantes (minúsculo para estándares chinos). Nos alojamos en el Old Street, un hostal de verdad en el que el personal hablaba inglés, todo un lujo estos días, y una gran satisfacción para nosotros!

El highlight de Tunxi es su Old Street (Lao Jié), una calle con mucho encanto (y tiendas para turistas), que recuerda a la China que todos tenemos en mente: casas de madera, farolillos rojos colgando de las ventanas, tiendas de té…

Moto tuneada

Moto tuneada

Delicias en el super

Delicias en el super

Justo enfrente de nuestro hostal teníamos un restaurante que nos encantó: a pesar de que –para variar- nadie del personal hablaba inglés, los platos estaban expuestos en el mostrador, cada uno con un código, y para pedir sólo teníamos que apuntar el código en un papel. ¡Todo un lujo! La sepia y los cangrejos de río, ¡deliciosos!

Nuestro restaurante favorito

Nuestro restaurante favorito

Unos deliciosos cangrejos!

Unos deliciosos cangrejos!

Como habíamos oído que los trenes en China se llenaban rápido, aprovechamos para comprar los billetes de tren en la estación (a base de gestos, y gracias a la “chuleta” que nos habían apuntado en el hostal), todo un ejercicio de paciencia y expresión corporal: reto conseguido! Lo único, que ya no quedaban camas en ningún tren, y tendría que ser de la clase más baja (hard seat). Más adelante os contaremos nuestras experiencias en los trenes chinos, pero no adelantemos acontecimientos…

Ya que aparte de la Old Street, Tunxi en sí no tiene demasiado para visitar, a la mañana siguiente tomamos un taxi (de nuevo con un papelito que nos habían escrito en el hotel con los destinos que queríamos visitar, y utilizando la calculadora del móvil para negociar el precio) para visitar el pueblo de Hong Cun, donde se grabaron varias escenas de la película Tigre y Dragón, y un bosque donde se rodaron las escenas de lucha sobre bambús en la misma película.

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Hong Cun

Hong Cun

Hong Cun

También aprovechamos para visitar un fish spa. No sabemos si el tratamiento era efectivo, pero los peces hacían muchas cosquillas!

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Esa misma noche tuvimos la cena de despedida (en nuestro restaurante favorito) con nuestros compañeros de viaje, que regresaban a España; toca viajar solos de nuevo!

Tras un día de relax, cappuccinos y postales, nos dirigimos a la región de Wuyuan, famosa por sus pueblos y paisajes. La “gracia” es que para visitar cada pueblo hay que pagar (y no es precisamente barato), así que elegimos uno de los pueblos (Little Likeng) y pasamos allí dos días completos, sin abandonar el pueblo por miedo a que nos volvieran a cobrar por entrar 😉

Aunque el pueblo se llena de turistas durante el día, cuando cae la noche y los grupos se marchan, queda una enorme tranquilidad, además de unas fotos preciosas. Aprovechamos esos días tranquilos para recargar las pilas y comer unos platos deliciosos que nos preparaba la dueña de nuestro hotel-restaurante (que a la vez era la casa donde vivía ella con su familia).

También comprobamos que los ríos en China pueden dar para mucho: desde lavar la ropa, hasta desplumar un pollo, pasando por preparar pescado, juegos para niños y, lo peor de todo, para pelar un animal que a día de hoy seguimos afirmando con casi total seguridad que era un perro. Esperamos que el agua para preparar la comida no viniese del río!

Little Likeng

Little Likeng

Por suerte habíamos cogido fuerzas, porque el viaje que nos esperaba más adelante no era moco de pavo: unos 1200 kms

1. Salimos a las 7 de la mañana del hostal, en taxi, destino a la estación de autobuses de la ciudad de Wuyuan (10 minutos)
2. Un autobús de 3,5 horas nos llevaba hasta la nada agradable ciudad de Nanchang.
3. Tomamos un taxi compartido desde la estación de autobuses a la de trenes en Nanchang (15 minutos). No recomendaremos ninguna visita a la estación de trenes, ni mucho menos a sus baños –y hasta ahí podemos leer sin herir la sensibilidad de los lectores.
4. Aproximadamente 3 horas más tarde salió el tren destino Guilin (desde las 3 de la tarde a las 6 de la mañana del día siguiente, unas 15 horas). Aquí aprendimos lo que significa la clase “hard seat” en China: una fila de asientos de 2 o 3 personas (en nuestro caso nos tocó de 3), sin respaldos abatibles ni ningún tipo de comodidad, en los que hay que hacer contorsionamos para encontrar una postura para poder dormir…La gente subiendo y bajando toda la noche, gente fumando, gritando a todas horas…
5. Como sardinas en latas, llegamos a la estación de trenes de Guilín. Diluviando, nos montamos en un autobús hacia Yangshuo (1 hora)
6. Un autobús local nos llevó hasta la otra punta de la ciudad (10 minutos)
7. En esa parada tomamos un minibús hacia nuestro destino final, Xinping (1 hora), llegando sobre las 10 de la mañana del día siguiente, toda una odisea, pero habíamos llegado! Eso sí, nos esperaba la noticia de que por unas reparaciones en el pueblo, habían cortado el agua en las habitaciones y no podríamos usar la ducha hasta la noche :-/

Aprovechamos los días en el pequeño pueblo de Xinping para relajarnos, hacer senderismo, montar en barca de bambú por el río Li, recorridos en bicicleta, tomar unas meriendas buenísimas (hasta scones!)…

Aunque tenemos un recuerdo maravilloso de Xinping (en el hostal, además de hablar inglés, preparaban unas pizzas en el horno de leña buenísimas), vivimos uno de los momentos más surrealistas y frustrantes del viaje. En el hotel nos habían recomendado una excursión, que comienza con un viaje en barco río arriba y a partir de ese punto el retorno se hace a pie, con la particularidad de que para seguir el sendero hay que cruzar el río 2 veces (en barco, no a nado, ya que es bastante ancho y con una fuerte corriente).

El hotel organizaba un tour, pero infundados por el espíritu ahorrador del buen mochilero, decidimos hacerlo por nuestra cuenta (en compañía de una pareja hispano-francesa que habíamos conocido la noche anterior tomando una pizza). Tras negociar el precio, el barquero nos llevó al punto más alejado del río (un viaje de 1 hora y media, muy recomendable)… Y ahí comenzó nuestro “calvario” particular. No había ningún sendero marcado, y absolutamente nadie hablaba inglés, así que sólo podíamos comunicarnos por señas. Nos llevó más de una hora deducir el punto en el que había que cruzar el río, pero el conductor del barco (que pasaba el día cruzando de una orilla a otra cada 20-30 minutos) no nos quiso llevar, haciendo un gesto de que le meterían preso si llevaba a extranjeros en su barco.

Intentamos negociar con la gente que tenía pequeños botes de bambú, pero o nos ignoraban, o nos querían llevar de vuelta, o nos pedían un precio desorbitado. ¡Nosotros sólo queríamos llegar al otro lado del río, un pequeño viaje de unos 150 metros! Desesperados, más de 2 horas más tarde, nos resignamos a coger un barco oficial que nos llevaría a la mitad del camino (por un precio superior al que habíamos pagado por el camino completo). Al acudir a comprar el billete, la chica nos señaló un letrero (por suerte se habían molestado en traducirlo al inglés) que ponía que durante 1 hora no salía ningún barco. Resignados, dimos un paseo por la zona, y cuando acudimos más tarde a comprar la entrada, nos negaban con la cabeza, insinuando que ya no quedaban billetes.

Sin entender lo que estaba pasando, una mujer se acercó a nosotros y nos dio a entender que ella podía conseguir billetes, que le pagásemos y la siguiéramos. No sabemos muy bien de dónde salieron esos billetes (¿mercado negro?), pero el caso es que nos entregó los billetes, y un barco de bambú nos llevó de vuelta, dejándonos a mitad de camino, desde donde volvimos a pie al pueblo, aún sin entender muy bien qué había pasado, habiendo pagado más del doble de lo que esperábamos, y con nuestra paciencia agotada…

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Pescador tradicional

Pescador tradicional

Este paisaje me suena...

Este paisaje me suena…

Aparte de ese episodio, tuvimos suerte con el tiempo, y pudimos hacer varios paseos y unas bonitas fotos, recargando las pilas a tope, hasta dirigirnos (en otro tren de noche, en hard seat, más de 12 horas de viaje)a la que sería nuestra última parada en China: Guangzhou (también conocida como Cantón), una pequeña ciudad de 12 millones de habitantes, muy importante por tener una fuerte actividad comercial con el resto del mundo. Sólo estuvimos una noche en la ciudad, hasta dirigirnos al aeropuerto, con destino a Vietnam, el último país de estas vacaciones…

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Este post se ha alargado más de lo previsto, así que os contaremos nuestras conclusiones tras un mes en China más adelante.

¡Gracias a todos por leernos!

P.D. No les habría venido mal una buena Roomba o iLife por allí

10 agosto, 2014

El embrujo de Shanghai

Día 1
Orgullosos de haber podido comprar nuestros billetes y habernos montado en el tren correcto, llegábamos a Shanghai, la ciudad más poblada de China (nada más y nada menos que 23 millones de habitantes -9 de ellos inmigrantes- casi ná!).

Temíamos que los nombres de las paradas de metro estuvieran únicamente en caracteres chinos, y nos tocase comparar palito a palito para saber la parada correcta, pero finalmente también estaban escritas –salvo en algunos mapas- en caracteres occidentales, por lo que no nos costó demasiado trabajo llegar al hostal.

¿Dónde nos bajamos?

¿Dónde nos bajamos?

Una vez instalados en la habitación, el hambre comenzó a dejarse sentir, así que nos dirigimos caminando al barrio de Tianzifang, situado a unos 20 minutos a pie. Este barrio de casitas bajas, restaurantes “cool” (¡nada de comida china!), boutiques y tiendas de diseño, es el perfecto antídoto a los rascacielos y cadenas de restaurantes que abundan en Shanghai. No acertamos con la comida (una ensalada con dos dedos de vinagre y una pizza con mucho queso y poco sabor), pero sí con el café y la tarta de chocolate. Por si acaso, preferimos no probar ninguna de las cosas raras que vendían, como refrescos en bolsas de transfusión de sangre…

Para bajar la tarta estuvimos paseando alrededor del barrio, contemplando las casas en las que aún viven algunas familias; muchas de ellas con baños comunes, una de las razones por las que en este barrio aún se conserva cierto sentido de comunidad.
Ese día no dio lugar a mucho más; aprovechamos la tarde para relajarnos en el hostal (como de costumbre, lleno de turistas chinos).

Día 2
A la mañana siguiente, quedamos con nuestros amigos Damaris y Charlie, que habían aterrizado la noche anterior, y que se unían a nosotros durante las próximas 2 semanas.

Comenzamos el día paseando por la Concesión Francesa, en el pasado hogar de aventureros, revolucionarios, gangsters y escritores, que hoy se ha convertido en la 5ª Avenida de Shanghai, con todo tipo de tiendas de primeras marcas (¿dónde queda la China que habíamos visto en las películas?). Todo un contraste con los Hutongs (casas bajas tradicionales) que encontrábamos en algunas callejuelas cercanas.

Hutong de Shanghai

Hutong de Shanghai

Para relajarnos y huir de las hordas de personas que encontrábamos por la calle acudimos a los jardines de Yuyuan, que se suponía, según la guía, eran un oasis de paz y tranquilidad dentro de la ciudad. Tenemos que asumir que la persona que escribió la guía no acudió en verano, porque prácticamente no dejamos de esquivar a gente en todo momento; la paz y tranquilidad tendrían que esperar un poco más.

Jardines de Yanyuan

Jardines de Yanyuan

Las multitudes también presentes en los jardines.

Las multitudes también presentes en los jardines.

 
Para no tener sustos en el menú, decidimos acudir a un restaurante vegetariano. Aunque no disponía de carta en inglés, sí que tenía una muestra de productos en el mostrador, así que sólo teníamos que señalar para pedir lo que queríamos comer.

Para la sobremesa paseamos por el Bund, un barrio a orillas del río Huangpu, desde donde se podía contemplar la parte más nueva de la ciudad, situada en la otra orilla.

26 años de brutal transformación de Shanghái, en solo dos imágenes

Cruzamos el río a través del túnel subterráneo que une ambas orillas, comunicadas por un tren sin conductor. Si no habéis utilizado este túnel, no queremos arruinar vuestra experiencia desvelando el misterio; tan sólo diremos que un cartel presume de ser el primer túnel del mundo que hace a la vez funciones de transporte y entretenimiento.

Con un billete combinado, pudimos cruzar al otro lado y subir a la planta 100 del Shanghai World Financial Center, edificio que recuerda a un abrebotellas. Contemplando la ciudad a 492 metros de altura, muchos de los edificios que antes nos parecían inmensos, ahora parecían minúsculos.

Para cuando llegamos arriba, ya se había puesto el sol, y las vistas que ofrecía el edificio sobre Shanghai eran impresionantes. Si estáis por allí, no dejéis de visitarlo!

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Rascacielos en Shanghai

Rascacielos en Shanghai

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Al bajar comenzó la ardua tarea de buscar un restaurante. No eran mucho más de las 22, pero por aquel entonces muchos restaurantes habían cerrado. Finalmente comimos algo en un centro comercial y, agotados, nos dirigimos al hostal a descansar. No habíamos contado los kilómetros recorridos ese día, pero con toda seguridad eran más de 20.

Día 3
Aunque los chinos suelen tomar para desayunar comida similar a la que comen el resto del día, a nosotros aún nos cuesta asimilar esa costumbre, así que nos compramos unos croissants y unos cafés para llevar. Caminando, llegamos a la Plaza del Pueblo (nada que ver con lo que en España conocemos como plaza del pueblo; aquí no había iglesia, bar ni estanco), donde estuvimos paseando por los alrededores.

También aprovechamos para visitar el lugar del Primer Congreso Nacional del CCP (Partido Comunista Chino), fundado en el año 1921, un lugar “sagrado” para el comunismo chino. Al buscarlo en la guía, aparecía una de las palabras más apreciadas por los mochileros: “Gratis” (tan sólo había que enseñar el pasaporte para entrar). En este lugar se fundó el partido Comunista Chino, y aunque tiene un punto de propaganda, no deja de ser un lugar muy interesante para visitar (¡y gratis!).

Partido Comunista Chino

Como aún teníamos agujetas, por la tarde acudimos a probar el masaje chino. Sólo dos palabras: ¡qué dolor! No sabemos si habíamos dicho algo inapropiado a las masajistas, porque se pasaron las 2 horas haciéndonos sufrir, incluso caminando encima de nuestro ya maltrecho cuerpo y tirando de nuestras extremidades.
Para olvidarnos de los golpes sufridos (hay que reconocer que una vez pasado el trago, uno se queda relajado), acudimos de nuevo al barrio de Tianzifang. Acudimos a un restaurante indio que aceptó servirnos a cambio de que a las 22 horas hubiésemos acabado (para asegurarse, 15 minutos antes apagaron la música y nos trajeron la cuenta sin haberla pedido; ¿sería una indirecta?).

Practicando el Tai-Chi en un parque.

Practicando el Tai-Shi en un parque.

Día 4
Tras un nuevo madrugón –para no variar- nos dirigimos en un tren a Suzhou, un “pueblecito” de más de un millón de habitantes (pequeño para los estándares chinos). Conocida como “la Venecia del Este”, por esta ciudad circulan varios canales, y dispone de un centro histórico razonablemente bien conservado, además de varios lugares para toma café y té. Bajo un sol abrasador, recorrimos a pie todo el centro de la ciudad, y cerramos la visita subiendo a lo alto de una pagoda de 8 pisos, desde lo alto de la cual se podían divisar los rascacielos en construcción y una nube gris, seguramente una mezcla de contaminación y vapor.

Canales de Suzhou

Canales de Suzhou

Canales e Shuzou

Canales e Shuzou

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Día 5
En metro nos dirigimos a la estación de tren, para viajar hacia Beijing. Esta vez habíamos hecho los deberes, y nos habíamos comprado los billetes (también el de salida de Beijing) con antelación, lo cual fue todo un acierto porque nos ahorró tiempo y empujones a la hora de hacer cola. Además, el tren iba lleno por lo que de haber esperado al último momento puede que nos hubiéramos quedado sin sitio.

Como idea general de Shanghái, nos llevamos una ciudad moderna, de contrastes, llena de tiendas de lujo, Starbucks en cada esquina y mucha, mucha (¡mucha!) gente. No en vano, esta es una de las ciudades más densamente pobladas de toda China.

Precios Medios

3 agosto, 2014

Las tribulaciones de dos vegetarianos en China (primer contacto con el Gigante asiático)

Nuestra primera toma de contacto con la cultura china fue en el aeropuerto de Chiang Mai. Al llegar a la cola de facturación, descubrimos que, aparte de otra pareja, éramos los únicos “guiris” en el vuelo; el resto eran todos chinos (Hangzhou, nuestro destino, no es un lugar al que viajen muchos turistas extranjeros, aunque sí un lugar popular entre los propios chinos).

Pero sigamos con nuestro relato: poco tardamos en darnos cuenta que nada más colocarnos en la fila, se nos colaron dos personas. “Bueno, quizás no se habían dado cuenta que la cola continuaba por aquí –hacía una curva a nuestra altura-”, pensamos nosotros. Poco tardamos en darnos cuenta de cómo funcionan las colas en China: gente que intenta colarse (con más o menos disimulo), una señora mayor que no paraba de gritar a todo el mundo… Y lo más curioso de todo: en el instante en que habilitaron un nuevo mostrador para la facturación (inicialmente había sólo uno), decenas de personas se abalanzaron a la velocidad del rayo para colocarse en la nueva fila, mientras a nosotros sólo nos daba tiempo a mirarnos e intentar asimilar lo que estaba pasando…

Aparte de eso y algunos retrasos en la facturación por diversos motivos –grupos grandes que entregaban montones de pasaportes a la vez, otros que iban a pesar sus maletas y rehacían contenidos y bultos- el vuelo transcurrió sin mayores incidentes.

Al aterrizar, y tras pasar los controles pertinentes, un señor con malas pulgas nos indicó a la otra pareja de extranjeros y a nosotros, que debíamos pasar por una cola especial para inspección de equipajes (¡aún no entendemos cómo se dieron cuenta, sin siquiera mirar nuestros pasaportes, que no éramos chinos!). La inspección no fue demasiado exhaustiva (más teatro que otra cosa), y el único momento de tensión llegó a la hora de explicar al inspector dónde se encontraba Suecia; finalmente conseguimos aplacar su curiosidad con un “cerca de Alemania”. Por España no preguntó, así que asumimos que sabía por dónde quedaba…

Como ya era tarde (cerca de las 23:00), en lugar del autobús decidimos coger directamente un taxi. Por suerte, llevábamos los deberes hechos y teníamos un papelito con la dirección del hotel escrita en chino; de no haberlo hecho había sido imposible llegar, ya que lo único que el taxista sabía decir en inglés era “ok” y “no problem”.

Durante los 30 km. que separan el aeropuerto de la ciudad, el conductor – que iba en bermudas- iba dando regularmente unos sorbos a un bote que contenía un líquido con unas hierbas con pinta de no pasar un control de aduanas. No obstante, y aunque a fecha de hoy aun no lo hemos confirmado, parece ser únicamente té verde (hemos visto muchas personas con su botecito de té en la mano en cualquier lugar).

El encargado del turno de noche del hostal tampoco hablaba nada de inglés, así que utilizando nuestro mejor lenguaje corporal hicimos el check-in y conseguimos dos botellas de agua… Llevábamos poco más de una hora en china y ya habíamos tenido problemas para hacernos entender; ¿mejoraría la cosa en las 4 semanas que tenemos por delante?

En las opiniones del hostal, y en la propia recepción, habíamos leído que junto al hostal había una guardería, y que de 8 a 9 de la mañana los niños salen al patio a hacer ruido y alboroto; ¿o quizás ponía ejercicio? En cualquier caso los niños chinos deben estar de vacaciones porque nadie nos despertó al día siguiente… Tras un desayuno que no entrará en nuestra lista de favoritos (entre otras cosas, el pan era dulce), nos dirigimos a la principal atracción de Hangzhou, el “West Lake”, un lago con un paseo alrededor de unos 10 kilómetros.

Aunque lo típico es alquilar unas bicicletas para recorrerlo, decidimos ir a pie hasta poder contrastar el estilo de conducción en China. Entre el intenso calor y las múltiples paradas para hacer fotografías, la ruta alrededor del lago nos llevó casi todo el día.

Vista del lago

Vista del lago

Vista del lago

Vista del lago

Una sueca en Hangzhou

Una sueca en Hangzhou

Aterdecer en el West Lake

Aterdecer en el West Lake

No tardamos en descubrir que el hecho de ser prácticamente los únicos extranjeros en el vuelo era algo significativo: durante las varias horas que duró el paseo nos cruzamos con muy pocos turistas no chinos; de hecho algunas personas nos pidieron hacerse fotos con nosotros, y otros nos fotografiaban, con bastante poco disimulo, con sus móviles. Hangzhou es un destino habitual para parejas chinas en luna de miel, pero asumimos que no debe ser muy común ver a una sueca y un español paseando por allí…

Una rubia en Hangzhou, toda una atracción

Una rubia en Hangzhou, toda una atracción

Hombres jugando a las cartas en el parque

Hombres jugando a las cartas en el parque

 

A eso del mediodía, cuando el hambre empezó a dejarse sentir, nos acercamos a la zona de restaurantes. En uno de los que estaban recomendados en la guía, había una cola de unas 20 personas esperando, así que nos aventuramos en uno que, a simple vista, parecía limpio pero no demasiado chic. De nuevo tuvimos que usar lenguaje corporal para conseguir una mesa para dos. Hasta ahí todo bien; el momento duro llegó cuando vimos la carta: ¡todo en chino! Ni una sola letra occidental… ¿Y cómo salimos de esa, os preguntaréis? Pues, de nuevo, habíamos hecho los deberes. Llevábamos un papelito que dice (o eso creemos): “Comida Vegetariana”. Señalando a una de las fotos del menú que parecía algún tipo de verdura, y pidiendo “rice” (eso sí lo entendieron), tuvimos nuestro primer encuentro con la comida china.
Según nuestra Lonely Planet, la mayor parte de los platos en China tienen algo de carne. Además, la carne se asocia a la virilidad, por lo que no estoy seguro lo que pensarán de mí cuando vaya por ahí con mi cartelito de “comida vegetariana”…

Con un poco más de expresión corporal conseguimos que el camarero nos indicase el camino al baño. A punto estuve de hacer un gesto algo más escatológico para que pudiera entenderme (la palabra “toilet” no le decía nada), pero en un momento de lucidez decidí hacer un gesto de lavarme las manos, y parece que funcionó, ya que señaló hacia un pasillo, manteniendo mi dignidad intacta (o casi).

¿Qué vamos a comer hoy?

¿Qué vamos a comer hoy?

Esto fue lo que nos trajeron...

Esto fue lo que nos trajeron…

 

Todo sigue indicando que vamos a tener algunos problemas de comunicación durante estas 4 semanas, así que estamos decididos a aprender algunas palabrillas de chino (por ahora no hemos pasado del Ni hao –hola- y Xie xie – gracias.

Tras el paseo alrededor del lago estábamos tan cansados que volvimos al hostal a dormir una ibérica siesta para reponernos del esfuerzo (tanto físico como mental). Una vez bajó el sol, salimos de nuevo en dirección a una calle peatonal que, según la guía, tenía varias tiendas y lugares para comer algo.

En el mercadillo vimos todo tipo de objetos para comprar: algunos con luces y colores ya los habíamos visto en España; otros eran realmente novedosos.

Llegados a la calle de la comida nos tocó –lo habéis adivinado- señalar a algo que parecían tallarines con verduras, además de otro plato con –y aquí nos la jugamos un poco más- algo que parecía berenjena rebozada. Al lado nuestro, la gente degustaba todo tipo de platos irreconocibles, y lo que parecía ser el plato estrella, pinchos de cangrejo frito.

Esos tallarines tienen buena pinta

Esos tallarines tienen buena pinta

En el mercadillo

En el mercadillo

 

Como teníamos el espíritu aventurero a flor de piel, de postre pedimos, en otro puesto, algo que asumimos sería un batido de fresa. Esta jugada salió bastante mejor, porque el batido, aunque lejos de los deliciosos smoothies de Chiang Mai, era muy refrescante.

Esa misma noche, de camino a la zona del mercado, vimos a bastantes personas (sobre todo mujeres mayores) bailando una coreografía en el parque, algo que parece ser bastante habitual por aquí (eso, y gente que se pone a cantar con su micrófono y un casette, también en los parques). Al menos no podremos decir que los chinos no son gente activa!

Tras un día repleto de impresiones, y de comprobar que los precios en China son bastante más altos que en sus países vecinos (al menos los que habíamos visitado), nos metimos en la cama deseando que los niños de la guardería siguieran de vacaciones y no nos despertaran por la mañana: para vuestra tranquilidad os podemos contar que nadie, aparte del sol en los ojos, nos despertó al día siguiente.

Una vez tomado el pertinente desayuno, nos dirigimos en autobús (lo habéis adivinado, llevábamos el nombre de la línea y el destino apuntados en un papelito) al templo de Lingyin, el templo budista más famoso de Hangzhou. Allí pudimos comprobar que el fervor religioso en China es muchísimo menor que en otros países de alrededor. Aquí la mayoría de visitantes venía a hacer fotos con su smartphone antes que a rezar ante la estatua de Buda.

Budas tallados en la piedra en Lingyin

Budas tallados en la piedra en Lingyin

Estatua en el templo

Estatua en el templo

Incienso en Lingyin

Incienso en Lingyin

 

Una vez visitadas las diferentes partes del templo, tomamos el autobús de vuelta para visitar el templo de Jinci, situado justo al lado de nuestro hostal, y que según nuestra guía tenía un restaurante vegetariano (a estas alturas ya nos habíamos dado cuenta que tanto encontrar opciones vegetarianas como hacernos entender con los camareros iba a ser complicado). Por desgracia, lo que parecía ser el restaurante estaba cerrado por reformas, y sólo conseguimos que un señor en una esquina del templo nos vendiese un filete de tofu en una bolsa de plástico, resguardados bajo un tejado porque llovía a cántaros… Definitivamente, nuestra relación con la cocina china no había comenzado con buen pie!

Por la tarde salimos de nuevo a pasear por el lago y a contemplar la puesta de sol. Nos repusimos con una buena cena (menú en inglés, ¡aleluya!) y nuestro primer helado en China; este sí, delicioso!

Esto fue lo que dieron de sí las 3 noches en Hangzhou, cuyo highlight es, sin duda alguna, el fotogénico lago situado en el centro de la ciudad. Nos llevamos en la mochila unas bonitas fotos y haber recuperado la (ya casi olvidada) sensación de ser prácticamente los únicos extranjeros.

A la mañana siguiente, ya sólo nos quedaba una última misión: conseguir un billete de tren con destino Shanghai. Un taxi nos dejó en la estación, y allí, tras colocarnos en 3 filas diferentes, conseguimos al fin nuestros billetes de tren. Aunque eran de segunda clase, ¡nos pareció un vagón excelente! Tan sólo una hora más tarde (el tren alcanzaba velocidades de más de 300 Km/h), llegábamos a la misteriosa Shanghai, la perla del Este. En unos días tendréis nuestras impresiones. Como siempre, ¡seguiremos informando desde aquí!

Misión cumplida, ¡tenemos los billetes!

Misión cumplida, ¡tenemos los billetes!

 

Las 5 cosas que más nos han sorprendido (hasta ahora) de China. Sin ningún orden en particular:

1. La obsesión de los chinos por llegar los primeros en todas las colas
2. Los peinados “macarrillas” que hacen a muchos niños (la palma se lo lleva uno con un corte de pelo con el logo de Apple)
3. Por qué muchos hombres caminan con la camiseta subida, enseñando la barriga
4. A diferencia de muchos otros países que hemos visitado, la mayoría de gente que se aloja en los youth hostels son chinos, y no extranjeros.
5. Las coreografías y bailes que hacen al aire libre en los parques

Precios medios
Taxi del aeropuerto al centro (30 Km.): 17 Euros
Entrada al templo de Lingyin: 7 Euros
Autobús urbano: 25 céntimos
Filete de tofu poco suculento: 60 céntimos

30 julio, 2014

De vuelta a Chiang Mai: Parte 2

Día 5
Después de 5 días en Chiang Mai, las chicas nos dejaron para tener unos días de playa en el sur. Los cuatro que quedamos nos tomamos el día con calma. Cogimos un song-thaw para ver algunos templos en las afueras de la ciudad, y luego a un pequeño lago donde los habitantes van para relajarse un poco y bañarse (con la ropa puesta). Comimos allí al lado del lago, el chiringuito servía la comida en nuestra propia cabañita de bambú. El camarero no hablaba ni UNA palabra de inglés ni entendía nuestros intentos de thai… Pero afortunadamente nos trajo lo que habíamos pedido (arroz con verduras, mai pet – no picante).

Uno más de los templos de Chiang Mai

Uno más de los templos de Chiang Mai

Comiendo junto al lago

Comiendo junto al lago

Paseando por el lago

Paseando por el lago

Día 6
Este día Raúl y yo nos quedamos por Chiang Mai de relax, a clase de yoga que nos habíamos apuntado al principio de la semana y de masaje… Los padres de Raúl se fueron a hacer una excursión interesante para ver un poco la vida rural. Incluía visitas a varios pueblos, probar a sembrar arroz (se pusieron de barro hasta las rodillas!) y, lo mejor, una clase de cocina en una típica casa de pueblo thai. Por lo que nos contaron la comida salió muy buena! Esperamos probarla ya en casa…

El cocinero thai en acción

El cocinero thai en acción

Plantando arroz

Plantando arroz

Día 7
Para este día habíamos reservado una excursión al parque nacional de Doi Inthanon, que alberga el pico más alto del país, y fue un día genial. Pagamos un poco más para hacer un tour un poco diferente y fue un acierto. Nuestro pequeño grupo consistía de nosotros cuatro y dos francesas. El guía, un chico joven exmonje, hablaba bien el inglés y sabía mucho de las plantas y por supuesto del budismo e hizo que la excursión fuera muy interesante. Después de dos horas en el coche llegamos a la primera parada, un pequeño pueblo Kalean. Allí probamos un café que se recogía y tostaba en el mismo pueblo. También pasamos por un colegio. El guía nos explicaba las dificultades que tenían las minorías étnicas en Tailandia, aunque el gobierno ahora está haciendo un esfuerzo para que preserven su cultura.

Con nuestro guía

Con nuestro guía

Nada como un buen café local para comenzar la excursión

Nada como un buen café local para comenzar la excursión

En la montaña más alta de Tailandia

En la montaña más alta de Tailandia

Café recién hecho

Café recién hecho

 

Después estuvimos andando casi 2 horas, entre pueblos, arrozales y bosque. El guía hacía de traductor de un hombre del pueblo que sabía mucho de plantas y animales. Probamos algunas delicias de la jungla, algunas cosas sabían mejor que otras… Al final del trekking había por supuesto… una cascada! Pero esta vez éramos los únicos allí para disfrutarlo.

Cascada

Cascada

Arrozal

Arrozal

Luego seguimos un rato más en el coche y llegamos a las Pagodas del Rey y de la Reina. Después del almuerzo se había nublado todo y las vistas no fueron nada buenas. Pasamos por dentro de una de las pagodas y el guía nos contaba muchas cosas interesantes del budismo. Un poco más tarde subimos a lo que es el sitio más alto de Tailandia, 2565 m (lo supimos porque había un cartel, está en medio del bosque y no hay nada de vistas). A la vuelta pasamos por un bonito camino por un bosque “de nubes” (cloud forest). Que a diferencia del Rain Forest está situado siempre a gran altura. Era como pasar por un bosque encantado…

Pagoda del Rey

Pagoda del Rey

Un precioso (y tranquilo) bosque

Un precioso (y tranquilo) bosque

Días 7-10
Después de una semana nos quedamos solos en Chiang Mai ya que la segunda tropa también se fue a la playa. De estos días no hay mucho que contar aunque fueron unos días muy agradables para nosotros… Seguimos con el yoga, dándonos algunos masajes, comiendo bien pero muy bien… Volvimos a visitar el mercadillo de sábado noche. Descubrimos nuevos rincones de la ciudad y nuevos templos. Estuvimos investigando las mil cosas raras que venden en un supermercado thai. Buscamos el mejor capuccino de la ciudad y creo que lo encontramos, pero este secreto lo guardamos para nosotros jeje. Ah, y nos fuimos a cortar el pelo… Me encanta como la gente thai convierte hasta cualquier tarea en una ritual. Para lavarnos primero el pelo estuvieron como media hora. Creo que nunca en la vida habíamos tenido el pelo tan limpio. Te echaban mil cosas diferentes y luego un masaje de la cabeza más bueno.

La dura vida del mochilero

La dura vida del mochilero


Nos despedimos de Victor y Top Garden (¿hasta otra vez, quizás?) y cogimos un tuk-tuk al aeropuerto… Enseguida vimos nuestra cola de facturación (la más ruidosa y desorganizada). Nosotros y otra pareja de mochileros éramos los únicos extranjeros – y nadie hablaba inglés. En ese momento nos asustamos un poco… Próxima entrada desde Huangzhou, China!

Precios medios:
Eco-tour de turismo sostenible a Doi Inthanon con comida: unos 40 euros
Corte y un super lavado de pelo: 5 euros
Dos horas de masaje increíble en Lila, un sitio muy profesional y recomendado: 12 euros

27 julio, 2014

Sukhothai: el hermano pequeño de Angkor Wat

Tras unos días en la capital, llegó el momento de disfrutar de un poco más de paz y tranquilidad.

Desde la estación de Mo Chit en Bangkok cogimos un autobús que nos llevaría a Sukhothai, un pequeño pueblo de algo más de 30.000 habitantes, que fue la primera capital del recién fundado Reino de Tailandia, y que cuenta con unos majestuosos templos budistas. Fundada en el siglo XIV, la ciudad fue declarada patrimonio mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Y tras la pequeña reseña histórica, vamos con nuestras experiencias: después del tráfico y ruido de Bangkok, llegar a la tranquilidad del Sukhothai fue un cambio notable.

Los templos se encuentran situados en la Ciudad Vieja, aunque nosotros decidimos alojarnos en la llamada Ciudad Nueva, a unos 12 Km., que cuenta con más opciones de alojamiento y restaurantes. La primera noche fuimos a tomar unos cocktails a un agradable bar situado cerca del hostal. Sospechamos que no acertamos, porque aunque cada uno pidió una cosa diferente, el sabor era similar, y no demasiado conseguido 😉

¿Alguien se anima a probarlos?

¿Alguien se anima a probarlos?

A la mañana siguiente, para visitar los templos, decidimos alquilar unas bicicletas, que permiten moverse con comodidad (bueno, toda la comodidad que dan más de 30 grados de calor y una alta humedad). Fuimos un poco remolones y no madrugamos demasiado, así que para cuando llegamos allí el “solete” pegaba con fuerza, y los vendedores de bebidas hacían su agosto.

Momento Verano Azul

Momento Verano Azul


Entre templo y templo, tuvimos un pequeño percance: alguien (nunca sabremos si a propósito o por error) se llevó 2 de nuestras bicicletas, así que tuvimos que “coger prestadas” otras que había aparcadas cerca. Esto debe pasar bastante a menudo, porque a la hora de devolverlas, en la tienda, la mujer nos recibió con una sonrisa 🙂

Pasamos una mañana muy agradable visitando diferentes templos, en diferentes estados de conservación, pero todos con un gran encanto. Por suerte la época de las cámaras de carrete ya pasó, porque nos habría costado una fortuna revelar todas las fotografías que tomamos esa mañana!

A pesar de que los templos de Sukhothai cubren una superficie no tan extensa como los de Angkor Wat, en Camboya (para los que necesitamos 3 días, y aún así dejamos partes sin visitar), ni son tan espectaculares, nuestra impresión fue que merece la pena pasar un día visitándolos.

Al día siguiente nos montaríamos de nuevo en un autobús destino a Chiang Mai, la última parada en Tailandia para Hanna y para mí antes de dirigirnos a China (el resto del grupo iría a continuación a Phuket a disfrutar de playa y relax). Pero esto, amigo lector, queda para otro momento…

Un templo

Un templo

Otro templo

Otro templo

Y otro templo más (imposible recordar el nombre!)

Y otro templo más (imposible recordar el nombre!)

Songthaew

El, songthaew, transporte común en Tailandia

 

Precios Medios

Bus Bangkok-Sukhothai (7h): 6 Euros
Alquiler de bicicleta durante un día: 70 céntimos
Entrada a los templos: 2,3 Euros
Nada delicioso ni apetecible cóctail, totalmente artificial y con sabor indeterminado: 2 Euros

P.D. Gracias a nuestro fotógrafo oficial por las (excelentes) fotografías!

10 julio, 2014

Otra vez “en la carretera”

Hola a todos!

Ya llevamos algún tiempo sin escribir por aquí, pero tranquilos! Nuestras ganas de viajar, y de compartir nuestras experiencias y vivencias con vosotros siguen intactas!

Por fin, y después de llevar mucho tiempo esperando, el día llegó. ¡Comienza nuestra aventura! El día 10 de julio nos dirigimos hacia el aeropuerto de Alicante con una sensación extraña, pero a la vez familiar. Íbamos a embarcarnos en un avión destino Bangkok (previa escala en Dusseldorf y Abu Dhabi), para unas vacaciones de un par de meses.

Durante los últimos meses habíamos estado trabajando duro, concentrados en el día a día y en nuestra rutina, pero nada más subir al avión, todo aquello quedó atrás y el “gusanillo del viaje” nos volvió a picar.

¡Qué diferente se ve nuestra vida (literal y figuradamente) a miles de kilómetros! Nada como una buena aventura para escapar de la vida diaria y relegar nuestros problemas y preocupaciones a otro lugar.

Esta vez, a diferencia de la última, salimos con billete de vuelta (os recomendamos a todos que, al menos una vez en la vida, os déis el pequeño placer de sentir la sensación de salir de viaje con sólo un billete de ida), pero aún así estamos muy ilusionados con los dos meses que tenemos por delante.

En Bangkok nos están esperando nuestros acompañantes durante el primer tramo del viaje, que serán también colaboradores habituales en este blog.

La azafata nos pide que nos abrochemos los cinturones porque vamos a despegar. Bangkok, ¡allá vamos!

Persiguiendo un sueño

2 marzo, 2014

Vuelve vueltaalmundo.travel !


Hace ya más de un año que volvimos de nuestro viaje, y desde entonces apenas habíamos escrito nada…

En un principio, tras la vuelta a casa, sólo teníamos ganas de un poco de rutina, dormir en la misma cama durante varias semanas, y no tener que pensar dónde vamos a viajar después.

Sin embargo, unos meses más tardes, nos volvió a picar el gusanillo del viaje. Atrás quedaban las largas noches en autobús, las incomodidades y los chinches; en nuestra mente sólo quedaban los buenos momentos, las experiencias inolvidables, y la gente maravillosa a la que conocimos.

Así que, ya es oficial, este verano desempolvamos las mochilas de nuevo, y nos preparamos para nuevas aventuras! Esta vez será mucho menos tiempo (2 meses), y el destino elegido será Tailandia, Vietnam y China.

En un principio pensábamos pasar los 2 meses en China, pero descubrimos que conseguir el visado a China es toda una odisea, y que en raras ocasiones se concede un visado de más de un mes, por lo que decidimos introducir también Tailandia (para conocer Bangkok, que estaba inundado cuando estuvimos por la zona) y Vietnam, el descartado en nuestro anterior viaje. Además, durante las primeras semanas del viaje tendremos compañía!!

Os seguiremos informando desde aqui, de momento ya tenemos los vuelos Alicante-Bangkok. Como siempre, ¡seguiremos informando desde aquí!

¡Gracias a todos por leernos!

P.D. Como podréis ver, el blog ha sufrido un lavado de cara para la ocasión 😉

27 febrero, 2014

Dentro de 20 años…

“Dentro de 20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que hiciste. Así que suelta amarras, navega lejos de puertos seguros, coge los vientos alisios. Explora. Sueña. Descubre”
(Mark Twain)

25 marzo, 2013

16 Meses en 25 minutos

Aquí os dejamos con un pequeño vídeo que hicimos para la presentación en la Casa de Cultura de Campo de Criptana.

Contiene algunos de los recuerdos que nos hemos traído del viaje, con una selección de entre las 20.000 fotos que volvieron con nosotros (tranquilos, ¡¡¡no están todas!!!)

Esperamos que os guste 🙂

[youtube width=”640″ height=”360″]https://www.youtube.com/watch?v=UbWWnbfJCDk[/youtube]