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Sep 30

Anantapur: el legado de Vicente Ferrer

by in La India

27-30 de septiembre
En las 1244 páginas de nuestra guía de viajes Lonely Planet de la India no hay ni una sola mención a Anantapur. Esta ciudad, de algo más de medio millón de habitantes (pequeña para estándares indios), no tiene templos majestuosos, palacios de ensueño ni maravillas naturales. Más bien, Anantapur es un trozo de tierra bastante árido (especialmente tras los últimos años de sequía). Y sin embargo, aquí hemos vivido algunas de las experiencias más bonitas y entrañables en nuestros dos meses (hasta la fecha) en la India.

Un español, Vicente Ferrer, llegó a este lugar hace casi 60 años. El gobierno indio no vio con buenos ojos el trabajo que hacía con los pobres en Bombay, así que le expulsaron del país. Sólo le permitieron volver si se establecía en un lugar apartado de la mano de Dios: eligió Anantapur. Cuando llegó a la ciudad, una organización le cedió una pequeña casa en la que únicamente había una mesa, una silla, una máquina de escribir y un mensaje en la pared: “Espera un milagro”.

Y el milagro llegó. A día de hoy, la Fundación Vicente Ferrer ha construido más de 45.000 viviendas, 5 hospitales, más de mil escuelas, trabajando en más de 2000 municipios. Y aunque Vicente (“Father”, como le llaman aquí) nos dejó hace ya 2 años, su trabajo continúa, si cabe, más activo que nunca.

Llegamos a la ciudad el lunes por la noche, a la 1 de la madrugada. En muchas estaciones de tren en la India, hay habitaciones para viajeros, así que cogimos una para pasar la noche (no dormimos demasiado, ya que cada vez que pasaba un tren, toda la habitación temblaba), y al día siguiente fuimos a las instalaciones de la Fundación, donde íbamos a pasar 3 días con ellos (el alojamiento y la comida corría por cuenta de ellos). Estábamos realmente sorprendidos: la habitación era una de las más limpias que hemos visto en la India, y la comida que nos servían en la cantina estaba deliciosa: tenían una sección de comida picante, y otra no picante, a la que acudíamos todos los españoles. Además, comimos platos que hacía tiempo no habíamos probado: salmorejo, ensalada campera o ¡tortilla de patatas!

Nada más entrar por la puerta, todo el mundo nos saludaba con un “hola”, y una mujer india en sari, nos pidió, en perfecto español, que rellenáramos los formularios. Coincidimos con un grupo de 14 españoles que venían en un viaje organizado, además de con otros cuantos viajeros independientes, así que durante unos días, el único idioma que hablamos fue el español.

La primera mañana nos llevaron a un pueblo, a inaugurar unas viviendas que la fundación había construido y que se iban a entregar a sus nuevos dueños. El recibimiento que nos dieron fue espectacular: con una pancarta enorme en la que nos daban la bienvenida, todo ello amenizado con música de tambores en directo, y por supuesto los collares y pulseras de flores que nos colocaban, que se repetirían todos los días. Y lo más importante de todo: unas sonrisas de oreja a oreja, sinceras y auténticas. Es increíble cómo unas personas que tienen tan poco, son capaces de no perder nunca la sonrisa. ¡Cuánto tenemos que aprender de ellos! Los que más nos sonreían, y nos miraban con una mezcla de curiosidad y cercanía, eran los niños.

El procedimiento que seguíamos para inaugurar las casas era el siguiente: con unas tijeras cortábamos la cinta, y después entrábamos a la casa con el pie derecho y rompíamos un coco (también con la mano derecha). Las dos mitades se colocaban en el altar de la casa (en el que no faltaba la foto de Vicente Ferrer). Después, nos hacíamos una foto con la agradecida familia, que siempre tenía algún refresco, fruta o galletas para nosotros, nos sentíamos realmente abrumados por tanta gratitud!

Después de comer, visitamos un centro para niños con parálisis cerebral. Además de construir el centro, la fundación había formado a varias maestras y ayudantes para cuidar de los niños que, como siempre, no dejaban de sonreír. El momento más emotivo fue cuando nos cantaron una canción, ¡en español!

Ese mismo día nos recibió Ana Ferrer, y además de contarnos cientos de cosas interesantes, nos enseñó un vídeo muy bonito sobre Vicente Ferrer, y la canción que habían escrito para él cantada por unos niños.

Al día siguiente, fuimos a visitar a nuestra niña apadrinada, que vivía con su familia en un pueblo a 25 Km. Ese día era festivo y no había colegio, así que todos los niños de la aldea salieron a recibirnos, cómo no, con sus mejores sonrisas. Sneha, nuestra niña, tiene un hermano más pequeño. Su padre es jornalero, y su madre costurera, gracias a una máquina de coser que le regaló la Fundación. Les llevamos como regalo nueva ropa para toda la familia, además de caramelos para todos los niños de la aldea. Nos cantaron canciones típicas, y para corresponderles, cantamos y bailamos para ellos la “Danza Kuduro” lo mejor que pudimos.

La experiencia de ver en primera persona a nuestra niña y a su familia, y ver con nuestros propios ojos que nuestras aportaciones sirven para mejorar la vida de muchas personas, es completamente distinta de ver su foto en la pared de nuestra casa. ¡Os lo recomendamos a todos! Antes de irnos, visitamos el colegio de la aldea, y la estatua dedicada a Vicente Ferrer. Llegó el momento de subir al coche, y todos los niños acudieron a despedirse de nosotros con un “adiós” y, para variar, una enorme sonrisa.

A la mañana siguiente, visitamos a un grupo de mujeres dentro del proyecto “de mujer a mujer”, en el que las mujeres se reúnen en pequeños grupos para comentar sus problemas, darse apoyo entre ellas y por parte de la fundación. También reciben pequeños préstamos para comprar por ejemplo vacas o corderos.

Y llegó el temido momento de despedirnos. La gente de la Fundación nos ha hecho sentirnos como en casa, se ha preocupado por atendernos en todo momento, y nos han hecho vivir sin duda alguna los momentos más emotivos de todo nuestro viaje (y el mejor desayuno!). ¡Volveremos a visitaros algún día!

A todos los que nos leéis, queremos animaros, por supuesto, a apadrinar un niño (o a colaborar en cualquiera de los varios proyectos que tiene la fundación), pero más aún, a venir a ver con vuestros propios ojos y en directo el maravilloso trabajo que están haciendo, y a conocer en persona a vuestro niño apadrinado. ¡Que no os lo cuenten!

Cómo llegar a Anantapur / FVF:
La mejor manera de llegar es en tren. Nosotros llegamos desde el Norte, desde Hospet, pero también hay varios trenes desde Bengaluru. Una vez lleguéis a la estación de tren en Anantapur, tenéis que coger un rickshaw y pedirle que os lleve a la RDT, o a la Ferrer Office.

Precios medios en Anantapur:
Habitación en la estación: 6 €
Alojamiento y comida en la FVF: 0€
Apadrinamiento de un niño: 18 € / mes.

 

Con niños

Con Ana Ferrer

Con la familia de nuestra niña

Inaugurando una casa

 

Altar en una casa inaugurada

Nuestra casa en la RDT

7 Responses to “Anantapur: el legado de Vicente Ferrer”

  1. From Dolo:

    Hola chicos. Me encanta seguir vuestros pasos y estoy súper picada con cada paso que dais.
    Nos estáis dando una gran lección de humildad.
    Debe de ser muy emocionante ver a vuestra niña. Ojalá y todo el mundo fuéramos como vosotros. Aunque que sepáis que me habéis animado muchísimo a hacerlo.
    Anoche estuvieron tus padres tomando café en mi casa. No tenía la intención de escribir pero tu madre ( Elena.) me animo.
    Besos y animo a los dos.
    Espero vuestras próximas visitas con impaciencia.

    Posted on 1 octubre, 2011 at 14:26 #
    • From raul:

      Hola Dolo, muchas gracias por tu comentario, nos encanta que la gente los ponga en nuestro blog, aunque pocos os animáis. ¡No seáis tímidos! 😉

      La verdad es que la experiencia de conocer en persona a nuestra niña, y en general toda la actividad de la Fundación han sido maravillosas. ¡Muy recomendable!

      Seguiremos informando desde aquí!

      Un beso de parte de los dos

      Posted on 3 octubre, 2011 at 14:33 #
  2. From Roberto:

    Hola chicooos!!! me alegro de que todo os vaya bien, se que os tengo un poco olvidados pero de vez en cuando echo un ojo al blog y sigo vuestras andanzas, os veo un poco delgaditos?? por cierto la postal llego, me hizo mucha ilusion, mucha suerte en vuestro viaje y seguiremos en contacto.
    Un abrazo, Rober.

    Posted on 6 octubre, 2011 at 18:26 #
    • From hanna:

      Por aqui seguimos Rober! En principio la India nos suponía mucho choque cultural pero al final engancha; la comida, la gente…hasta el meneo de la cabeza es adictivo jejej… Esperamos que esteís bien! Un abrazo de los dos!

      Posted on 10 octubre, 2011 at 18:51 #
  3. From Arantza:

    Que envidia me dais, Estáis guapísimos los dos, se nota la tranquilidad y la mezcla de curiosidad, expectación y felicidad en vuestras caras. Un blog fantástico que voy a leer mas a menenudo. Ayer me decía Joaquina que si me acordaba de ti y le decía que mucho y no solo por trabajo que también.
    Un beso a los dos

    Posted on 10 octubre, 2011 at 21:02 #
    • From raul:

      Hola Arantza, muchas gracias por tu mensaje. La verdad es que estamos disfrutando como niños. Llevamos ya 3 meses en la India y nos quedaríamos otros 3 más 🙂

      Un abrazo muy fuerte para ti y otro para Joaquina!

      Posted on 15 octubre, 2011 at 4:56 #
  4. From Carmen Gonzalez:

    hola chicos, no sabia que tenias una niña apadrinada, me he emocionado, estas personas son
    super agradecidas.
    Yo estuve unos meses dando catequesis en un barrio muy humilde de Madrid y se me ocurrió llevar sugus, si vieras como me recibían mis niños, cada sábado que iba, no conocían ese tipo de caramelo,bueno con el tiempo corrió la voz y cada vez había más niños esperándome.
    Fueron unos meses inolvidables.
    Hicieron la primera comunión como pudieron, que diferencia con otos niños, pero se les
    veía felices, y ahora recuerdo que a una niña se le quemo la casa dos días antes, que fatalidad pero ahi estaba su sonrisa.
    Besos cuidaros.

    Posted on 11 octubre, 2011 at 21:03 #

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