W3vina.COM Free Wordpress Themes Joomla Templates Best Wordpress Themes Premium Wordpress Themes Top Best Wordpress Themes 2012
Archive | mayo, 2012
22 mayo, 2012

La Región de los Lagos, el viaje en autobús más largo por ahora, y el Fin del Mundo

8-20 de mayo de 2012

Desde Valparaíso tomamos (iba a decir “cogimos” pero aquí en Chile –al igual que en Argentina- hay que tener cuidado al utilizar esa palabra) un autobús nocturno, y tras 12 horas llegamos a Pucón, donde estaba diluviando, así que al llegar al hostal nos sentamos junto al fuego para reponernos.

Pucón es un pequeño pueblo lleno de cosas que hacer: volcanes, excursiones, parques naturales, deportes acuáticos, cascadas, baños termales… Y con un único restaurante vegetariano (el Ecole) al que acudimos casi todos los días. Uno de los días alquilamos unas bicis e hicimos una excursión a los ojos del Caburgua, donde al lado de unas estupendas cascadas nos comimos los bocatas. Al día siguiente hicimos una excursión a pie a la reserva de “El Cañi”, que nos dejó agujetas durante 3 días, aunque las vistas merecían la pena: desde lo alto del mirador se divisan 4 volcanes. Nos perdimos la excursión más típica de Pucón: la subida al volcán Villarrica, pero el mal tiempo (y su precio) nos hizo dejarlo para nuestra próxima visita.

En el hostal hicimos una cata de vinos chilenos, que sirvió como introducción a la cultura vinícola del país, y para confirmar que no somos grandes expertos en el tema: a partir del tercero (y había ocho) ¡todos nos sabían igual! A veces, en alguno fuimos capaces de detectar el sabor a especias o frutas, todo un logro (aún queda fuera de nuestro alcance detectar si es un Merlot o un Cabernet).

Vistas desde la cima del Cañi

Ojos de Caburgua

Vinos chilenos: los probamos todos

Laguna en el Cañi

La siguiente parada fue Valdivia, una ciudad moderna y universitaria, en la que nuestra amiga Heidi (a quien conocimos en Madrid algunos años atrás) nos acogió en su casa, y durante 3 días disfrutamos de su hospitalidad y de la de todos sus amigos chilenos, que nos llevaron a una típica parrillada chilena (por si no lo habíamos comentado ya, a los chilenos les encanta la carne), y probamos con ellos el cebiche, un plato hecho de pescado crudo, macerado con limón,  cebolla, pimiento y algunas especias, por el que Chile y Perú se pelean por su origen.

Una de las atracciones turísticas de la ciudad costera de Valdivia (o al menos una de las que más nos llamó la atención) fueron los lobos de mar (en España los llamamos leones marinos), que se pasan el día en la orilla rascándose y haciendo ruidos poco educados. No hay que acercarse demasiado a ellos: son muy pesados y pueden ser agresivos (nadie lo diría viendo la pachorra que tienen).

Con Heidi hicimos varias excursiones: a un pequeño pueblo de pescadores llamado “Niebla” (por favor, abstenerse de chistes fáciles), y la reserva natural Chaihuín, poco accesible (tuvimos que coger un barco y luego recorrerla en 4×4 debido al mal estado de los caminos), en la que estuvimos completamente solos. ¡Las vistas eran magníficas! Acabamos el día poniéndonos nuestras mejores galas y acudiendo al piso 12 del casino de Valdivia, el edificio más alto de toda la ciudad, y que dispone de unas vistas excelentes, ¡cuando no hay una niebla espesa!

Desde aquí, nuestro agradecimiento a Heidi, Diego, Pergentino, Fernando y compañía por su calurosa hospitalidad, hemos pasado unos días geniales con vosotros.

Playa en Chaihuin

Con Heidi y Diego en Chaihuin

Perezosos y ruidosos...

Menú típico chileno

Como todo lo bueno se acaba, o eso dicen, llegó el momento de despedirse, con destino Puerto Varas, una ciudad algo más al Sur, que también tiene su volcán, su lago y recibe una cantidad considerable de turismo (que no vimos, ya que estábamos en temporada baja).

Nos alojamos en el “Compass del Sur”, un hostal regentado por una pareja chileno-sueca que llevaban muchos años ya allí (hostal que probablemente hasta la fecha sea nuestro favorito en Chile). El tiempo no acompañó demasiado, así que no hicimos ninguna excursión (excepto a un bar donde preparaban unos cappuccinos bastante aceptables, sobre todo para un país donde el Nestcafé es la norma general).

En nuestras largas horas en el hostal conocimos a Vijya, una chica inglesa con la que compartimos cenas, vino chileno, castañas asadas y largas conversaciones. Como va a estar un año por Sudamérica, seguro que volvemos a encontrarnos en algún sitio (además tenemos que devolverle el iPod que se olvidó en el hostal)…

De Puerto Varas pasamos a la isla más grande de Chile, llamada Chiloé, un lugar remoto famoso por su mal tiempo (podemos dar fe que hace honor a su fama). Nos quedamos en Castro, la capital, famosa por sus casas construidas a la orilla del mar, llamadas “Palafitos” (nuestro hostal era precisamente uno de ellos). Sólo pasamos un día y medio aquí, y como el tiempo no acompañó, no hicimos gran cosa, aparte de recargar las pilas y prepararnos mentalmente para lo que nos esperaba: un viaje en autobús de 36 horas, que nos llevaría a Punta Arenas, en el Sur de Chile (las alternativas eran un viaje de 3 días en barco en compañía de rebaños de vacas o un vuelo caro). Como por el lado chileno no hay carretera, y la que circula en el lado argentino pegada a Chile (ruta 40) no es muy recomendable, y menos en esta época del año, el autobús cruza a Argentina, hasta llegar a la costa Atlántica, baja por ese lado y vuelve a entrar en Chile.

La iglesia alemana de Puerto Varas

Tomando un buen cappuccino con Vijya

Palafitos

El viaje empezó a las 7 de la mañana, con una breve parada en El Bolsón (Argentina) para cenar (en un restaurante en el que lo único que pudimos pedir que no llevara carne fue un plato de patatas fritas), y otra al día siguiente ya en Chile para comer. En cada paso fronterizo, nos pusieron un nuevo sello en el pasaporte, que ya se va llenando peligrosamente de sellos y visados, ¡esperemos no quedarnos sin hojas antes de volver!

En Punta Arenas, una vez llegamos (con el culo plano, 34 horas y media, y 5 películas más tarde), probamos una nueva experiencia: el Couchsurfing. Esta web pone en contacto a viajeros con gente local que ofrece su casa de forma gratuita. Nos acogieron Ivannia y Francisca en su casa, quienes nos dieron muestras de la hospitalidad chilena, con unas comidas deliciosas y un trato estupendo! Esperamos veros algún día en España J

Para la próxima visita a Chile dejamos el parque “Torres del Paine” (siempre hay que dejar una excusa para volver), del que todos los viajeros hablan maravillas, pero que en esta época del año hace un frío que pela, y los refugios están cerrados, así que la única posibilidad es dormir en una tienda de campaña, y con el frío que pasamos en las calles de Punta Arenas (y lo que nos espera en Ushuaia, en la Tierra de Fuego), tuvimos nuestra ración suficiente de bajas temperaturas y viento antártico.

Otra de las “atracciones turísticas” de Punta Arenas es el cementerio, en el que se pueden ver algunas tumbas espectaculares, y en el que descansan, además de los chilenos, inmigrantes de muchas nacionalidades (ingleses, italianos, alemanes, croatas…).

Nuestros días en Chile terminaron con una excursión a Fuerte Bulnes en compañía de Ivania, Marie y Richard. Tuvimos suerte e hizo un día estupendo! Es hora de coger un nuevo autobús, esta vez de “sólo” 13 horas que nos llevará a Ushuaia (Argentina), considerada como la ciudad más septentrional (al Sur) de toda la tierra, y conocida como “El Fin del Mundo”. Seguiremos informando desde allí.

De excursión con Ivannia, Marie y Ricardo

Fuerte Bulnes

Cementerio de Punta Arenas

Encerrados en Fuerte Bulnes

 

Precios:

Alquiler de bici/día en Pucón: 9 euros

Docena de empanadas de marisco en Valdivia: 4,5 euros

Viaje Valdivia- Puerto Varas: 6 euros

Habitación doble en hostal Compass del Sur: 38 euros

Cama en dormitorio compartido en Castro con desayuno: 15 euros

Viaje de Castro-Punta Arenas (36h): 52 euros

Taza de chocolate caliente buenísimo en Punta Arenas: 2,5 euros

6 mayo, 2012

Toma de contacto con Sudamérica: Santiago-Viña del Mar- Valparaíso

30 de abril-5 de mayo de 2012

Después de comprar los billetes de vuelta a casa en el aeropuerto de Auckland a toda prisa para que nos dejaran embarcar, aún nos quedaban 5 minutos para comernos un delicioso bocata de tomate con aguacate (yum!). Una vez pasados los controles de seguridad, nos subimos al avión preparados para viajar en el tiempo. Entre unas cuantas películas en el avión y un par de cabezaditas, las 11 horas de vuelo se pasaron más o menos rápidas.

Una vez en Santiago, un taxi nos llevó al apartamento donde íbamos a pasar las 3 primeras noches en el nuevo continente. Lo primero que aprendimos fue que en Chile es difícil ser vegetariano. En la mayoría de restaurantes el menú se reduce a carne… y si hay suerte, un poco de pescado… ¡Cómo echamos de menos los días en la India en los que lo difícil es encontrar un sitio en el que sirvan carne…!

Los dos primeros días estábamos tan cansados y confundidos con el jet lag, que no hicimos demasiado, aparte de pasear por la zona. Además, al ser 1 de mayo, la calle estaba llena de manifestaciones y policías. Al tercer día nos decidimos a hacer un poco de turismo y visitamos el centro de Santiago: El Palacio de La Moneda (lugar donde murió Salvador Allende tras el golpe de estado de Pinochet en el 73), la Plaza de Armas, la Catedral Metropolitana… Después, para tener una buena vista de Santiago subimos al Cerro San Cristóbal, desde donde se divisan los Andes y la capa de niebla y contaminación que cubre Santiago. Y para comer, nos dirigimos a un vegetariano que habíamos encontrado gracias a San Google, que para nuestro alivio estaba abierto (y delicioso).

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=u436OUA6phU[/youtube]

Una bonita canción cantada por dos fenómenos: Pablo y Víctor, que habla sobre Santiago

 

Habíamos pensado antes de llegar que ya que aquí hablan español, sería todo más fácil… ¡Error! En uno de los restaurantes, la única palabra que fuimos capaces de identificar fue “pizza”. Aunque lo cierto es que poco a poco nos vamos acostumbrando al español chileno.

Con esto acabó nuestra visita a Santiago, y nos dirigimos a Valparaíso, a menos de 2 horas de autobús de Santiago, una ciudad llena de casas de colores, calles estrechas, muchos cerros y un concurrido puerto.

También aprovechamos para visitar durante medio día la vecina Viña del Mar, una ciudad costera a la que acuden muchos turistas chilenos (originalmente los ricos de Santiago) en busca de sol y playa, aunque a nosotros nos recordó peligrosamente, al menos a primera vista, a Benidorm.

Ya que Valparaíso se levanta sobre varios cerros, utilizamos dos medios de transporte principalmente para movernos: el autobús y los llamados “ascensores”, una especie de teleféricos para los que quieren ahorrarse las numerosas escaleras, y que son una atracción turística en sí mismos.

Otra de las atracciones de Valpo es La Sebastiana, una de las varias casas que pertenecieron a Pablo Neruda, el poeta premio Nobel de Literatura en el 71. Desde la vivienda, en lo alto de uno de los cerros, se puede contemplar el puerto y muchas de las casas de la ciudad. La casa parece un museo de antigüedades, ya que parece ser que Neruda era muy amigo de adquirir todo tipo de objetos y colocarlos en diferentes partes de la casa. También aprendimos que era muy amigo de las siestas, y que no perdonaba, ya estuviera en su casa o en la de algún amigo. Muy amigo de comer y celebrar con los amigos, dispone de una barra en la que preparaba sus coctails (a la que no dejaba a nadie entrar, sólo se reservaba ese derecho para él). En su despacho hay un escritorio antiguo, varios libros y revistas y otros objetos variados…

Tras un par de días por allí, nos toca coger un autobús nocturno que nos llevará a Pucón, unos 900 Km. al Sur. Como consejo a los que vayáis a coger un autobús aquí: vale la pena echar un ojo a Internet si vais a comprar un billete de autobús, podéis encontrar algunos chollos (aunque necesitaréis un número de identificación chileno para comprarlo por Internet, nosotros tuvimos que ir a la estación a comprarlo).

Os dejamos con uno de mis poemas favoritos de Neruda, leído por él mismo:

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=IT0yRiR3CKo[/youtube]

 

Precios medios:

Habitación doble: 25-30 euros

Autobús Santiago-Valparaíso: 6 euros

Subir en ascensor en Valparaíso: 50 cent

Menú del día: 3-4 euros

Autobús Valparaíso-Pucón: 12 euros

 

Vista desde nuestro apartamento en Santiago

Vista desde nuestro apartamento en Santiago

Palacio de La Moneda

Palacio de La Moneda

Plaza de Armas, Santiago

Plaza de Armas, Santiago

"Smog" sobre Santiago, vista desde San Cristóbal

"Smog" sobre Santiago, vista desde San Cristóbal

Avenida en Viña del Mar

Avenida en Viña del Mar

La Sebastiana

La Sebastiana

Contemplando Valparaíso lo alto

Contemplando Valparaíso desde lo alto

Casa en Valparaíso

Casa en Valparaíso

Ascensor

Ascensor

Comiendo el helado más popular de Chile: el "Pelátano"

Comiendo el helado más popular de Chile: el "Pelátano"

6 mayo, 2012

Ya tenemos fecha de vuelta!

Pues sí: cuando estábamos en el aeropuerto de Auckland, a punto de embarcar para Chile, el encargado de facturación nos dijo amablemente que no nos dejaban embarcar sin un billete de salida desde Sudamérica (no tenía por qué ser desde Chile necesariamente), así que nos fuimos rápidamente a la agencia de viajes del aeropuerto (¡menos mal que fuimos con 3 horas de antelación al aeropuerto!) a buscar un billete, y compramos un vuelo Bogotá-Madrid para el 23 de noviembre (aterrizamos a Madrid el Sábado 24 de Noviembre, a las 13:15).

Esto significa que (salvo que cambiemos la fecha, lo cual nos costaría un par de cientos de dólares) habremos estado de viaje aproximadamente 480 días, lo que equivale a:

  • 1 año, 3 meses y 22 días
  • 41,472,000 segundos
  • 691,200 minutos
  • 11,520 horas
  • 68 semanas

¡¡¡Esperamos ver a todo el comité de bienvenida por allí!!!

1 mayo, 2012

En busca de los Hobbits

17-30 de abril de 2012

140 kms al norte de Ohakune está Taupo, una ciudad pequeña de 20.000 habitantes. La ciudad no es muy bonita, pero está situada en la orilla del lago Taupo y a lo lejos se ven los picos nevados del Tongariro. Como de costumbre pasamos primero por la oficina de turismo para un poco de información y mapas y nos fuimos al camping previsto. El complejo de camping era enorme y la recepción parecía más bien de un hotel. Cerca del camping empezaba un sendero que seguía el río durante unos 4kms y nos llevaba a las cascadas Huka. El río Waikato es el más largo de Nueva Zelanda y muy fuerte, hay varios estaciones hidroeléctricas durante su recorrido.
Por la noche aprovechamos las excelentes instalaciones del camping, entre ellas, la piscina climatizada (¡40C!).

El día siguiente nos quedamos para ver Taupo y alrededores e hicimos otra ruta de unos 14kms a lo largo del río Waikato, desde las cascadas Huka hasta una gran presa. Taupo es famoso por sus piscinas y fuentes termales y hay muchos balnearios y cosas por el estilo. Pero para los ahorradores hay una alternativa gratuita! No muy lejos del centro, donde empieza el sendero a las cascadas Huka, hay un arroyo muy caliente que desemboca en el río Waikato. Nos lo pasamos muy bien allí con muchas familias maoríes. Al otro lado del río descubrimos una zona de acampada gratuita y allí nos quedamos la noche.

Nos despedimos de Taupo y seguimos hacia el norte, (con alguna parada para una ruta de senderismo) a Rotorua. Esta ciudad nos resultó demasiado turística, teníamos pensado quedarnos dos noches pero al final solo fue una. Rotorua y alrededores es famosa por sus fuentes termales, geiseres y piscinas de lodo caliente – ¡y el olor a huevo podrido! Para ver algo de estas cosas geotermales en general hay que pagar bastante, el sitio más famoso cobra más de 50 dólares por un circuito de 1hora. Así que, como siempre, una visita a la oficina de turismo – y voilà- hay un parque municipal con piscinas de lodo muy apestosas, arboles cubiertos de barro y piscinas termales. Entrada: gratuita. En Rotorua hay que salirse bastante del centro para acampar. Nos fuimos a un sitio del DOC a unos 20 min de la ciudad. Pero descubrimos que fue un destino en sí mismo- situado en la orilla de un pequeño lago y rodeado de montanas.

Siguiente destino: Cambridge, supuestamente el pueblo mas anglofílico de todo el país y lo más parecido a la tierra patria. ¡La verdad que es no vimos mucha semejanza! Pero era un sitio agradable y el camping era barato. Aprovechamos este día para curarnos de las ampollas de los pies y tomar buen café en uno de los sitios acogedores de este pueblo.

El día siguiente hicimos unos 40km para llegar a Matamata, aka Hobbiton. Es de visita obligatoria para todos los fans de ESDLA, y hay muchos…

A pocos kms del pueblo, entre ondulantes colinas verdes, Peter Jackson encontró un lugar ideal para crear el pueblo de los Hobbits. Y la verdad es que se lo curró bastante- desde que firmaron los papeles con los dueños de la tierra (eran agricultores que en la vida habían oído de “¿El señor de los qué?”) tardaron un año en construir las casitas de los hobbits, el bar, el molino y todo lo demás. Pero tras la grabar la trilogía, por derechos de reproducción, todo fue destruido. Lo único que quedaba eran unos agujeros en las colinas, y sin embargo, venían fans de todo el mundo para verlo.
¡Ahora es el momento para ver Hobbiton! Hasta noviembre el año pasado el sitio estaba cerrado por la grabación de la película El Hobbit, y esta vez los agricultores fueron más listos y negociaron mejor- todo se queda tal cual sale en las películas.
La visita desde luego vale la pena, los paisajes son preciosos y te cuentan mil anécdotas graciosas. Qué pena que no estuviéramos aquí hace 6 meses, pero quizás no habíamos pasado el casting- la altura máxima para los hobbits era de 1,63m.

No había ningún sitio barato de acampada cerca de Matamata así que por la tarde nos fuimos hasta el cañón de Karangahake, a un sitio del DOC. Por la mañana nos dimos cuenta que era una zona muy bonita, e histórica. Por aquí vinieron los primeros colonos para buscar oro y construyeron ferrocarriles, puentes colgantes y largos túneles por la montana. Aquí hicimos una ruta de unas 3 horas pasando por un túnel de 1 km de largo y oscuras minas subterráneas (imprescindible linterna).

Ya se acercaba el día para despedirnos de nuestra caravana y la ultima la noche la queríamos pasar cerca de Auckland. La mejor opción nos parecía un camping en Takapuna, uno de los suburbios del norte con una playa bonita. De hecho, la playa y el ambiente nos recordaba (aunque de forma remota) a Bondi Beach en Sidney, gente guapa y rica paseando con sus perros y carritos de bebes con un “latte” en la mano. El camping era muy pequeño, pero en primera fila junto al mar.

Ya se acababa las rutas de senderismo, los baños ecológicos sin agua y las comidas a base de latas. Habíamos reservado ya con antelación nuestro alojamiento en Auckland, donde queríamos quedarnos una semana para hacer un poco de turismo urbano y preparar cosas para Sudamérica. Nuestro hostal era más bien una antigua mansión con apartamentos y una cocina compartida – el maravilloso Red Monkey Manor. Es una típica casa de madera muy grande con 15 habitaciones con baño propio, frigorífico y tv. Abrieron el año pasado así que todo es muy nuevo, incluidas las cristaleras y las tostadoras de marca. Es el sitio ideal para estancias de una semana o más! Además el barrio, Ponsonby, es famoso por su multitud de restaurantes de todo el planeta y cafés bohemios. El mejor sitio para desayunar de Auckland, Dizengoff, está a 50m (¡los huevos a la Benedict están buenísimos!).

Aprovechamos esta semana para hacer cosas y recados que teníamos pendientes y para comer, comer y comer! En Auckland se come muy bien y barato en los grandes “food courts”, un espacio grande con muchos puestos de comida de diferentes países y un espacio en común para sentarse. Ideal cuando no nos poníamos de acuerdo: uno pedía un bento japonés y el otro un pad thai.

Con todo esto acaba nuestra aventura en el país de los kiwis. La isla Sur nos ha parecido más bonita, pero la isla Norte también tiene muchos encantos urbanos (y el fantástico P.N. Tongariro). Sin duda alguna, este país estará en nuestros favoritos del viaje y ha dejado el listón muy alto. Ahora toca un viaje en el tiempo ya que salimos de Auckland el lunes a las 16h y llegamos a Santiago de Chile 4 horas antes. ¡Menudo jetlag!

Taupo

Taupo

Huka Falls

Huka Falls

Río Waikato

Río Waikato

En un arroyo calentito...

En un arroyo calentito...

Algo huele mal en Rotorua...

Algo huele mal en Rotorua...

Hobbiton: casa de Sam

Hobbiton: casa de Sam

Hobbiton: Molino y bar del Dragón Verde

Hobbiton: Molino y bar del Dragón Verde

Hobbiton: otra casa de hobbits

Hobbiton: otra casa de hobbits

Hobbiton: la casa de Bilbo y Frodo

Hobbiton: la casa de Bilbo y Frodo

Hobbiton: el "Party tree"

Hobbiton: el "Party tree"

Cañón de Karangahake

Cañón de Karangahake

Nuestro apartamento en Auckland

Nuestro apartamento en Auckland

Un poco de comida japonesa, rica en Omega 3

Un poco de comida japonesa, rica en Omega 3

1 mayo, 2012

De Christchurch a Taupo con muchas aventuras en medio

9 – 17 de abril de 2012

¡El blog va con un poco de retraso! Hemos tenido tantas cosas que hacer y muchas veces hemos estado sin cobertura.

Tras despedirnos de nuestro amigo Rum en el aeropuerto de Christchurch, cogimos otra vez la carretera, esta vez por la costa y hacia el norte. Una vez nos quedamos los dos solos, entendimos lo que deben sentir los padres cuando los hijos se marchan de casa (el síndrome del nido vacío). Teníamos que llegar a Picton (330km al norte de Christchurch) para coger el ferry a la isla Norte tres días más tarde. Ya compramos los billetes cuando reservamos la caravana y pensábamos que 3 días para hacer el viaje estaba bien. Calculamos mal. Tres días resultaron más que suficientes para ver la costa, y fueron unos días muy tranquilos sin muchos sucesos, quizás también porque ya no teníamos mucho presupuesto para hacer actividades. Paramos primero en Kaikoura, un pueblo bonito y bastante turístico, famoso por su vida marina. Con un poco de suerte puedes ver ballenas, focas, pingüinos y albatros. Acampamos en un sitio gratuito del DOC, al lado del mar (y de una colonia de focas!).

Empezamos el día siguiente con una ruta de senderismo corta de 2h, subiendo una cima detrás del sitio de acampada. Pasamos por una ciudad no muy atractiva llamada Blenheim, centro de la región agrícola, pero desde luego no tenía mucho que ofrecer al viajero más que algunos buenos supermercados
.
Esa noche acampamos en otro sitio DOC al lado del mar, y a la mañana siguiente nos despertamos con la lluvia. Ese día nos fuimos pronto a Picton, a un camping de pago y apenas salimos del camping en todo el día, ¡no paraba de diluviar! Pero la verdad es que no nos pudimos quejar mucho, durante todo el tiempo que llevábamos en NZ, no nos había llovido ningún día, y aquí normalmente llueve mucho.

Al día siguiente, las nubes ya se habían ido a otra parte y el viaje de 3h en ferry fue agradable. Llegamos a la capital Wellington a por la tarde, y tras buscar un parking que no nos llevara a la bancarrota, nos fuimos al Museo de Nueva Zelanda, también llamado Te Papa (“Nuestro Hogar”en maorí). Es conocido como el mejor museo del país y la verdad es que está muy currado. Hay exposiciones sobre la cultura maorí, sobre la historia natural, los primeros europeos y la cultura contemporánea. Es todo muy interactivo y con mucha tecnología, hay hasta un salto de puenting virtual y una casa sacudida por un terremoto. Y lo mejor de todo, ¡es gratis!

Wellington nos pareció un sitio agradable para pasar unos días pero el problema era el alojamiento. Como dice la Lonely Planet, las zonas de acampada son tan raras como el café malo. El camping más cercano a la ciudad estaba en un suburbio poco atractivo a unos 13kms del centro, y además era de pago. Al final, tras un buen cappuccino en un sitio “chic” decidimos despedirnos de la ciudad y nos fuimos 40km a un parque natural donde nos dejaban acampar por unos 6 euros. Cuando llegamos ya era de noche y no vimos lo bonita que era la zona hasta el día siguiente. Este parque, Kaitoke Regional Park, tenía varias opciones de senderismo (desde 15min hasta 6h), puentes colgantes sobre un río ruidoso y algún dato de interés para los amantes de ESDLA, ya que se grabaron aquí las escenas de Rivendell. La verdad es que hay que tener mucha imaginación para ver más que una tranquila tala de bosques, pero por lo menos nos divertimos sacando algunas fotos frikis con el cartel!

Tras un picnic por allí, seguimos hacia el norte y para “acortar” el camino cogimos una carretera de montaña de grava increíblemente sinuosa y estrecha. ¡De atajo nada! Llegamos a la reserva natural de Okaki a media tarde, con suficiente tiempo para hacer una corta ruta de senderismo por un paisaje muy bonito- más montañas, ríos y estrechos puentes colgantes. Por la noche acampamos en un sitio del DOC gratuito unos kms más al norte por la carretera principal.

El día siguiente conducimos casi sin paradas por la carretera general a Wanganui. Con 50.000 habitantes, es una ciudad medianamente grande en Nueva Zelanda. Aquí ya empezamos a notar la presencia maorí. Casi todos los maoríes (15% de la población del país), viven en la isla norte. El barrio donde nos quedamos (en un camping de pago) tenía un colegio maorí y hasta su propia marae (sala comunitaria para uso social, religioso…). La ciudad es bastante agradable, situada en la orilla del río con el mismo nombre.
El día siguiente hicimos una ruta (sobre ruedas) muy famosa, la Wanganui River Road. Esa una carretera muy estrecha que sigue el río durante unos 100kms. A lo largo del camino hay bonitos miradores, senderos y comunidades maoríes. El viaje duro todo el día y llegamos por la tarde a Ohakune, al sur del gran Parque Nacional Tongariro, justo a tiempo para una visita a la oficina de turismo antes de que cerraran. Teníamos planeado hacer la “Tongariro Alpine Crossing”, considerada la mejor ruta de un día del país, pero requiere un poco de planning.

La ruta es de unos 19kms y no es circular. Por lo tanto se necesita transporte en algún tramo. Nos advirtieron en la oficina de turismo que últimamente había ocurrido muchos robos en coches aparcados en los extremos del sendero y nos recomendaron no dejar el coche allí. Por lo tanto lo que hicimos fue coger un servicio “shuttle” por 35 dólares, un autobús nos llevó a las 7 de la mañana de Ohakune hasta el principio del sendero y que nos recogió en el otro extremo 7 horas más tarde. Es un sendero cansado, con desnivel y bastante “técnico” en algunos tramos, pero el paisaje es fantástico y con un poco de suerte se pueden ver los tres picos volcánicos del parque. El pico Ngauruhoe, (2291m) es quizás el más impresionante. De hecho, “interpretó” al Monte del Destino en las películas de El Señor de los Anillos.

Nuestro shuttle nos trajo sanos y salvos (pero con alguna que otra ampolla en los pies) de vuelta a Ohakune, donde pasamos otra noche en un sitio del DOC.

Tras esta aventura necesitábamos una ducha caliente y algunos mimos, así que la pequeña ciudad de Taupo con fuentes termales nos pareció una buena opción. ¡Pero esto es otra historia!

 

Kaikoura

Kaikoura

Kaikoura

Kaikoura

Diluvio en Picton

Diluvio en Picton

Momento friki en Kaitoke Regional Park

Momento friki en Kaitoke Regional Park

 Kaitoke Regional Park

Kaitoke Regional Park

Paisaje en Okaki

Paisaje en Okaki

Wanganui river

Wanganui river

Ohakune

Ohakune

Parque Nacional de Tongariro

Parque Nacional de Tongariro

Parque Nacional de Tongariro

Parque Nacional de Tongariro

El "Monte del Destino"

El "Monte del Destino"

Lagos de Esmeralda (Emerald Lakes)

Lagos de Esmeralda (Emerald Lakes)

En la tierra de Mordor, donde se extienden las sombras...

En la tierra de Mordor, donde se extienden las sombras...