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Archive | marzo, 2012
29 marzo, 2012

Primeras aventuras en Nueva Zelanda

25-29 de marzo de 2012

Christchurch- Lake Tekapo-Mt Cook- Queenstown

Dejamos Fiji y el calor, y tras un vuelo de cuatro horas llegamos a Christchurch, la ciudad más grande de la isla Sur de Nueva Zelanda.

En el aeropuerto nos quedamos sorprendidos con el “bio-check”, el estricto control de aduana que tienen para proteger la delicada naturaleza de este país. Tienes que declarar todo tipo de productos biológicos: comida, bebidas, botas de montaña sucias, collares de conchas, etc… Así que nos confiscaron nuestras botas y cinco minutos más tarde nos las devolvieron impecables. No creas que puedes ahorrar unos minutos “pasando” de declarar; miran todos los bultos en el escáner de rayos X y si hay algo que deberías haber declarado te multan en un momento.

Fuimos directamente del aeropuerto a recoger nuestra caravana. Repetimos con Jucy; la caravana es igual de verde fosforito pero más grande, ya que durante dos semanas nos acompañará nuestro amigo Rum. La noche la pasamos en un camping de pago a 10 min del aeropuerto, y el día siguiente nos levantamos temprano para hacer la compra y llenar la caravana de latas de tomate y paquetes de pasta (y cerveza). Volvimos al aeropuerto para recoger a Rum (que llevaba a cuestas un “breve” viaje de 36h) y, ¡en marcha!

Ese primer día recorrimos unos 200km y llegamos por la tarde al Lago Tekapo, de un color turquesa increíble. Situado al lado del lago está la capilla más famosa de Nueva Zelanda, muy popular para (pequeñas) bodas. Cerca del lago había un camping de pago pero nos parecía bastante caro (y encima las duchas calientes se pagaban aparte, ¡que morro!), así que al final aparcamos la caravana en medio de un descampado. En Nueva Zelanda puedes acampar casi en cualquier sitio (mientras no haya cartel de “No Camping”) si tu caravana está equipada con baño (la nuestra tiene uno portátil que esperamos no tener que utilizar).

Tras una noche muy fría (por la mañana hacía unos 7 grados dentro de la caravana), seguimos nuestra ruta hacia la montaña más alta del país, el Mt Cook (de 3745m de altura). Allí hicimos una ruta de senderismo de unas 4h, pasando por dos puentes colgantes y bloques de hielo. La noche la pasamos en un camping de pago (necesitábamos una ducha caliente) en el pequeño pueblo de Twisel.

Nos levantamos con el sol (sobre las 7.30h) y salimos con dirección a Queenstown, a unos 200km- ¡la capital de la adrenalina! Aquí nos queríamos quedar en el mismo centro así que nos tuvimos que ir a un camping de pago de nuevo.

Nos quedamos dos noches, aunque en caso de haber tenido más tiempo (y presupuesto) nos habríamos quedado una semana. Hay tantas cosas que hacer: una auténtica Disneylandia para adultos. Posibles actividades (hay muchas más): rafting en aguas bravas, parapente, barranquismo, paracaidismo, bicicleta de montaña, escalada, equitación, senderismo, pesca, frisbee golf, y por supuesto, puenting. Para celebrar el cumple de Rum, los chicos se decidieron por hacer un salto al vacío desde una plataforma situada a lo alto de una montaña. Un salto de unos 47m- uno de los bungees más light (el más alto es de 134m). Después tocaba una copa en el bar de hielo “Below Zero” de Queenstown donde hace una temperatura de -5 grados y los vasos son de hielo (menos mal que daban guantes y abrigos).

Queenstown nos ha gustado mucho- situada entre montañas cubiertas de nieve y lagos azules, y con un ambiente divertido. ¡Esperamos volver!

Gastos medios:

Salto de puenting: 110 euros

Camping de pago en Queenstown: 12 euros/persona

Entrada y copa en Below Zero: 6 euros(precio con descuento), 19 euros (precio normal)

Nuestra casa con ruedas

Nuestra casa con ruedas

Lago en hooker valley

Lago en hooker valley

Puente sobre hooker valley

Puente sobre hooker valley

Dentro de la caravana

Dentro de la caravana

Iglesia con encanto en el lago Tekapo

Iglesia con encanto en el lago Tekapo

Vista sobre Queenstown

Vista sobre Queenstown

Brindando por nuestro viaje con cerveza local

Brindando por nuestro viaje con cerveza local

En el bar de hielo; ¡qué frío!

En el bar de hielo; ¡qué frío!

Rum cayendo al vacío (con estilo)

Rum cayendo al vacío (con estilo)

Raúl cayendo al vacío (con menos estilo)

Raúl cayendo al vacío (con menos estilo)

Salto con vistas a Queenstown

Salto con vistas a Queenstown

Orgullosos de nuestra hazaña

Orgullosos de nuestra hazaña

24 marzo, 2012

Viaje por las Islas (y retorno a Nadi)

9-25 marzo

Fji es, sin duda, el lugar ideal para relajarse tras las asperezas del viaje mochilero. En nuestro caso, contratamos antes de empezar el viaje a las islas, todo el transporte y alojamiento. Y como en la mayoría de las islas no hay mucho más que el resort donde íbamos, no había que pensar tampoco en la comida: no había más donde elegir (salvo que alguien quisiera trepar a una palmera para comer algún coco).

Cómo viajar por Fiji sin arruinarse:

Aunque un destino popular entre mochileros, Fiji no es un país tan barato como puede serlo el sudeste asiático, especialmente si decides viajar a las islas pequeñas. Si bien se puede vivir en Viti Levu (la isla principal) por menos de 25 Euros/día, la verdadera belleza de este país se encuentra en las islas, con sus playas de arena blanca y aguas azul turquesa. Pero es quizás el hecho de que no esté al alcance de todos los bolsillos, lo que hace que se preserve alejado del turismo de masas (con todas sus consecuencias; léase hoteles poco estéticos, basura en las playas…), y Fiji mantenga esa naturaleza virgen que aparece en las postales.
Aparte de los resorts de más de 1000€ la noche, existen otros más al alcance de los mochileros. Las islas más asequibles, por precio y distancia a la isla principal, son las Mamanucas y las Yasawas. (En cualquier caso, las opciones de alojamiento baratos son básicas: electricidad algunas horas del día y vienen con todo tipo de bichos… hormigas, mosquitos y lo peor de todo, chinches!) Para facilitar la vida, la compañía “Awesome Adventures” tiene disponibles varios tipos de paquetes, siendo los más comunes los dos siguientes:

  • “Bula Pass”: Incluye transporte ilimitado entre las islas. Hay un barco que recorre de sur a norte, ida y vuelta, las islas una vez al día, así que sólo hace falta esperar a la hora en la que pasa el barco (según si tu dirección es norte o sur) y una vez en el barco tienes que confirmar disponibilidad de tu hotel por teléfono. Disponible para 7, 14 y 21 días.
  • “Bula Combo Pass”: Además del transporte (ilimitado), incluye el alojamiento en los lugares más económicos (también es necesario confirmar alojamiento en el barco). En caso de querer alojarse en algún resort algo mejor, es necesario pagar un poco más. Esta es la opción más utilizada por los viajeros que miran más el presupuesto. También está disponible en versión de 7, 14 y 21 días.
  • Aparte de esos dos, existen otros paquetes cerrados, con las islas y resorts prefijados, pero resultan más caros que los anteriores (con la ventaja que no hay que reservar nada; el punto negativo es que no es posible cambiar la ruta sobre la marcha).
  • Y para los que quieran ahorrar un poquito más, y tengan claro su viaje, hay una cuarta opción (la que cogimos nosotros): consiste en reservar por separado transportes y alojamiento, y regatear un poco a la hora de comprarlo: se puede obtener un descuento “majete”.

Nos decidimos por 13 noches en las islas (visitaríamos un total de 4), 4 noches en la primera (por ser la más barata) y 3 en el resto. Nos despertamos temprano, y nada más acabar de desayunar nos llevamos la sorpresa: la furgoneta que debía llevarnos al puerto se había ido sin nosotros (por una vez los fijianos habían sido puntuales), así que tuvimos que coger un taxi para llegar allí; por suerte eran sólo unos 10 minutos. Embarcamos en el “Yasawa Flier”, el barco que nos llevaría durante algo más de 4 horas, a la isla más al Norte de las Yasawas, llamada…

1. Nacula
Tras sufrir los vaivenes del barco, llegamos besando el suelo al “Nabua Lodge”, un resort que resultaría a la postre el más sencillo de todos en los que nos alojaríamos, pero del que mejores recuerdos guardaríamos. El alojamiento era un sencillo y reducido “bure” (cabaña fijiana), con baños compartidos.
En esta isla, aparte del entretenimiento de cada noche, hicimos varias excursiones: a la “blue lagoon”, una playa perfecta para hacer snorkeling, que se encuentra en una isla vecina, y donde “encontramos a Nemo”, y todo un bosque de corales. También unos días más tarde fuimos a una cueva al lado del mar, a la que se accede buceando por un pasaje submarino durante unos 10 segundos (que parecen 10 minutos): una vez llegados al otro lado está completamente oscuro, excepto por la linterna del guía que vela por nuestra seguridad.
El domingo, como no había actividades, acompañamos a Lulu (uno de los trabajadores del Nabua Lodge, que vivía en una aldea vecina) a misa en la “Iglesia” de la aldea (pongo entre comillas “Iglesia” porque no se parece en nada a las que tenemos en Europa; eran más bien unos palos que sujetaban un tejado de metal, entre un bosque de palmeras; y en el suelo unos cuantos sacos cosidos colocados sobre la tierra). Habíamos leído en la guía de viajes que acudir a celebrar misa en Fiji era toda una experiencia, y no se equivocaban: más que otra cosa, ¡parecía un musical! La gente cantaba, bailaba y daba palmas durante las casi 2 horas que duró la ceremonia. Nos llevamos una gran sorpresa al principio cuando el hombre que más bailaba y gritaba de todos (al que suponíamos el “juerguista” del pueblo), se colocó una chaqueta y se subió al altar: ¡era el cura!
Excursiones y actividades aparte, en la isla conocimos a muchos viajeros, que iban y venían, y con los que pasamos horas hablando, bañándonos o jugando a las cartas. A varios de ellos los volveríamos a encontrar más adelante en otros lugares…
Después de 4 noches, era hora de marcharse, en dirección Sur, hacia…

2. Naviti
En esta Isla nos quedaríamos 3 noches, alojados en el “Korovou” resort, donde los “bula boys” (un grupo de locales que se ocupaban de animar la fiesta nocturna, vestidos con faldas típicas y bailando la “bula dance” o “Macarena fijiana”) hacían la delicia de todos. Como actividad estrella, uno de ellos, “geckoman” era capaz de subir una palmera, sin otra ayuda que sus manos y pies desnudos, y bajar luego boca abajo, una vez nos había lanzado unos cuantos cocos, que después rompía sólo con su mano (niños, no intentéis esto en casa!).
La playa justo al lado del resort estaba muy bien para hacer snorkel, pero no para bañarse, ya que había muchas piedras y corales en la orilla. Por indicaciones de la Lonely Planet, caminamos 10 minutos para llegar a la “Honeymoon beach” (playa de luna de miel), de perfecta arena blanca, en la que estuvimos completamente solos las dos veces que fuimos (ssshhh, que no se corra la voz!).
Tras 3 días de playa, hamaca y sol, con sus consiguientes noches de bailes, limbo y juegos de cartas, llegaba el momento de poner rumbo a…

3. Waya Lailai
El alojamiento era en el resort del mismo nombre que la isla, justo al lado de una aldea. Para romper la rutina, hicimos varias actividades: curso de “tejido” (en el que las mujeres locales enseñaban a hacer pulseras y marcadores de libros al estilo fijiano), natación a la isla vecina (previo viaje en barco, la vuelta corría de cuenta de nuestros pies y manos), y trekking al punto más alto de la isla, desde donde había unas vistas increíbles. Aquí el entretenimiento era más “light”, y se limitaba únicamente a algunas canciones en directo a la hora de la comida.
Una de las noches se fue la luz (la electricidad provenía de generadores de gasolina, y sólo estaban encendidos normalmente por la noche), cosa que agradecimos, porque con la noche clara que había, alcanzamos a contemplar cientos de estrellas, además de, a lo lejos, el resplandor de los relámpagos de una tormenta tropical.
Sin mucho más que hacer que leer tumbados en una hamaca, hicimos las maletas destino a…

4. Bounty
Las otras islas eran de tamaño mediano, con algunas aldeas, rutas para caminar… Pero esta última era pequeña, y sólo existía el resort donde nos quedábamos. Para que os hagáis una idea, en menos de 10 minutos habíamos dado la vuelta a la isla.
En Bounty, los viajeros eran más bien parejas y alguna que otra familia (en las otras nos hemos sentido mayores; la mayoría de los viajeros tenían entre 18 y 24 años).
La comida estaba muy rica, mejor que en otras islas, pero aparte de eso fue el destino que menos nos gustó (a pesar de ser el más caro).

El balance de nuestras dos semanas en las islas ha sido muy positivo: por primera vez no hemos tenido que pensar en dónde nos íbamos a alojar, qué y dónde íbamos a comer (en el momento en que sonaba el tambor, sabíamos que llegaba la hora de comer)… Ha sido una buena forma de desconectar, y un buen momento (entre Australia y Nueva Zelanda, que recorremos durmiendo en una caravana-furgoneta). Y cuando decimos desconectar, ha sido de verdad. Debido a que los precios de Internet en las islas eran prohibitivos (normal, era vía satélite), hemos pasado 2 semanas completamente desconectados de la “civilización”, sin tener ni idea de lo que pasaba al otro lado del mundo: ¡no ha estado tan mal! A cambio, tenemos una piel más bronceada (como diría alguna, estamos “como Kunta Kinte”).
Gracias a todos los que nos habéis acompañado en el camino, y habéis hecho más amenas las noches bajo las estrellas. No están todos los que son, pero sí son todos los que están: gracias a Emanuel, Linda, Claire, Titti, Monica, Fernanda, Erika, Jack, Harriet, Sacha, Fleur, Bart, Jaïr-“Justin”, y a todos aquellos que, con tanto ir y venir de gente, se nos olvidó preguntaros vuestros nombres.

Los tres últimos días, antes de volar hacia Nueva Zelanda, los pasamos en Nadi, en el mismo hotel donde pasamos las dos primeras noches en Fiji (nos hicieron un descuento por clientes habituales), navegando por Internet y poniéndonos al día de lo que había pasado en el resto del mundo.

Llega el momento de guardar el bañador y las chanclas, los viajeros que hemos conocido en Fiji que venían de Nueva Zelanda, nos han contado que el clima actual es frío y lluvias, tocará sacar el chubasquero!

Precios medios:
Precio de nuestro “paquete” todo incluido 14 días: 103 euro/día/2 personas
Excursión a las cuevas Sawa-i-lau: 22 euros
Alquiler de snorkel y gafas de bucear: de 2-6 euros según isla
Hostal en Nadi: 23 euros/noche
Media hora de Internet en cualquier isla de las Yasawas: casi 10 euros

Nuestro "bure" en Nacula

Nuestro "bure" en Nacula

Buffet estilo fiiano

Buffet estilo fiiano

La hamaca, esa gran compañera...

La hamaca, esa gran compañera...

Con la playa al fondo...

Con la playa al fondo...

Los Bula Boys en acción

Los Bula Boys en acción

Geckoman jugándose la vida

Geckoman jugándose la vida

Hospitalidad fijiana en Naviti

Hospitalidad fijiana en Naviti

Foto de grupo

Foto de grupo

Honeymoon beach

Honeymoon beach

Vistas desde la cima de Waya Lailai (I)

Vistas desde la cima de Waya Lailai (I)

Vistas desde la cima de Waya Lailai (II)

Vistas desde la cima de Waya Lailai (II)

Piscina en Bounty Island

Piscina en Bounty Island

23 marzo, 2012

Llegando a Fiji

7-9 marzo

Después de 5 horas de vuelo (+1 por el cambio de hora), y tras pasar la noche en el avión, aterrizamos en Nadi -el principal aeropuerto de Fiji- situado en Viti Levu, la isla principal (curiosamente el aeropuerto de la capital del país es mucho más pequeño). Allí nos llevaríamos una primera impresión del carácter despreocupado de los fijianos: nos habían asegurado del hotel que alguien iría a recogernos al aeropuerto, pero no fue hasta que los llamamos que alguien apareció por ahí.

A lo largo de las dos semanas y media que pasaríamos en este país, confirmaríamos día tras día esto: el tiempo aquí discurre a otro ritmo (el famoso “Fiji time”), y el estrés es algo desconocido, así que esta resulta una parada ideal para tomar un descanso, leyendo un libro tumbados en una hamaca, a la sombra de un cocotero.

A todo esto ayuda el carácter amable y hospitalario de los fijianos (de hecho hasta el año pasado estaban considerados como el país más amable del mundo, título arrebatado, ellos esperan que por poco tiempo, por los irlandeses), que reciben a los visitantes (“Kaivalagi”, literalmente “gente de muy lejos”) con los brazos abiertos. La palabra más oída es “Bula”, que es una mezcla entre “hola” y “bienvenido”.

 

Algunos hechos sobre Fiji:

  • La mejor época para visitar Fiji es en su “invierno”, de mayo a octubre, la temporada seca. Desde diciembre hasta mediados de abril es la época de lluvias, así que es cuando menos visitantes reciben. Como hemos llegado justo a finales de las lluvias (nos cayó alguna que otra tormenta tropical), decidimos irnos hacia dos grupos de islas, las Yasawas y las Mamanucas, que tienen un clima más agradable.  Todos los viajeros aterrizamos en Viti Levu, pero pocos son los que se quedan más de un día o dos, puesto que la verdadera belleza de este país, mezcla de arena blanca, mar azul turquesa, palmeras y selva tropical, se encuentra en las islas pequeñas.
  • Si venís a Fiji, seréis invitados sin duda alguna por los locales a probar el “Kava” (el cappuccino de Fiji como lo llamaban de forma humorística en nuestro hotel), una bebida que parece agua sucia (y sabe como tal), hecha con agua mezclada con el polvo de una raíz. El kava se utiliza en todos los eventos sociales del país, y aunque no tiene alcohol, si se abusa de ella, deja la cabeza atontada y la lengua de forma parecida al volver de la consulta del dentista con la boca anestesiada. Pero, por supuesto, uno no puede ir a Fiji y no probarla.
  • Aunque no es tan barato como el sudeste asiático, son bastantes los mochileros que se aventuran a venir a Fiji, país en el que hay alojamientos para todos los gustos: desde unos 50€ al día (menos de la mitad si os quedáis en la isla principal), hasta más de 1.000€/día en resorts de lujo (eso nos han contado, porque en los que nos quedamos nosotros eran más bien de los primeros).
  • El deporte nacional es el rugby –practicado incluso por las mujeres-, ocupando el fútbol un meritorio segundo puesto (su respuesta habitual cuando me presentaba como español, era decir algo como: “España campeona del mundo!”).
  • La población es mayoritariamente de origen nativo, aunque viven un gran número de hindúes, que fueron traídos por los ingleses como mano de obra barata a finales del siglo XIX para cultivar los campos de azúcar y algodón. Las tensiones entre nativos e indios persisten hasta el día de hoy en la mayor parte del país, y en general no se ven mutuamente con buenos ojos…
  • Para suerte de los viajeros, la mayor parte habla inglés (idioma común que comparten entre las distintas etnias), aprendido en el colegio desde temprana edad. De hecho, en el colegio, están obligados a hablar entre ellos; una vez vuelven a casa ya pueden hablar su lengua materna con la familia.
  • Después de ser una colonia británica, Fiji obtuvo su independencia el 10 de octubre de 1970. La situación política no siempre es la más estable del mundo (desde1987 ha tenido 4 golpes de estado, el último en 2006), algo que ha afectado el turismo, aunque a fecha de hoy las cosas están bastante tranquilas.
  • En las islas de Fiji era costumbre el canibalismo, cosa que (de forma comprensible) horrorizaba a los misioneros ingleses. El reverendo Baker tuvo bastante éxito convirtiendo a la población (hoy día en su mayoría cristiana), hasta que acabó –podéis imaginar- como plato principal de los locales.
  • La capital, Suva, es la ciudad más grande dentro de las islas del Pacífico Sur, y tiene la universidad más grande, a la que acuden gente de distintos países (las clases se imparten en inglés).
  • Las películas “Náufrago” de Tom Hanks, y “Blue Lagoon”, con Brooke Shields, fueron grabadas aquí. De hecho, por unos 40€ es posible hacer una excursión de un día a la isla donde se rodó “Náufrago”.

 

Los dos primeros días que pasamos en Nadi, antes de ir a las islas, estuvimos bañándonos en la piscina del hotel y planeando nuestro viaje a las islas (un consejo para todos los que vengáis: comprad los viajes a las islas aquí y no en vuestro país de origen, es más barato). La ciudad de Nadi no es de gran atractivo para el viajero, ¡no os perdéis demasiado si os la saltáis!

Siguiente parada: Islas Mamanucas y Yasawas, durante dos semanas!

Puesta de Sol en las Islas

Puesta de Sol en las Islas

Una de las múltiples islas

Una de las múltiples islas

Comida india en Nadi: un thali

Comida india en Nadi: un thali

El coco, presente en todos sitios

El coco, presente en todos sitios

Hospitalidad fijiana

Hospitalidad fijiana

Misa fijiana en la Iglesia del pueblo

Misa fijiana en la Iglesia del pueblo

Horno fijiano

Horno fijiano

10 marzo, 2012

En Fiji: cerrado por Vacaciones

Seguramente cuando pensáis en nosotros dando la vuelta al mundo, tenéis una idea de algo glamouroso (estilo Willy Fogg) y super-relajado. Pues bien, la mayoría de los días no son así: a veces es estresante no saber dónde vas a dormir, qué comer, si este vendedor tan simpático te está intentado timar, cómo llegar de X a Y… Aparte de los días en los que no hay agua caliente, con madrugones, largos viajes en autobús…

Pues bien, después de tanto “esfuerzo”, hemos decidido tomarnos unas vacaciones de verdad, con una luna de miel en condiciones. Aquí en Fiji, hemos contratado un viaje “a medida”, que durante dos semanas nos llevará por 4 de sus islas paradísiacas. Hemos dejado todo pagado y cerrado, así que durante dos semanas enteras no tendremos que pensar en nada! (seguro que después de esto nos odiáis un poco más).

Viendo la pinta de algunas de las islas donde vamos (en algunas sólo hay un hotel y nada más, aparte de palmeras y playas), tendremos suerte si hay electricidad, así que no tenemos grandes esperanzas de tener conexión a Internet, por lo que es posible que esta sea la última actualización hasta el 22, que es cuando volvemos a Nadi, la isla más grande de todas.

En las próximas fotos, iréis viendo cómo nos vamos poniendo más morenitos poco a poco… Así que como dice el título del post, estamos oficialmente, y hasta nuevo aviso…

¡CERRADOS POR VACACIONES!

8 marzo, 2012

Vocabulario Aussie – Cañí

Este es el vocabulario básico que necesitarás si recorres Australia. También útil para entender las entradas de vueltaalmundo.travel sobre este fantástico país.

Oz (como el mago) = Australia

Aussie = Australiano. Puede aplicarse a una persona (ej: ahí hay un Aussie que dice ¡ay!) o usarse como adjetivo: un coche aussie, un canguro aussie…

No worries = “De nada”

Cheers = Palabra de múltiples usos: puede significar adiós, gracias…

Mate = “colega”, “tío/a”. Muletilla muy utilizada para acabar cualquier frase

G’day (Good day) = Saludo muy empleado por los australianos. Suele ir acompañado del sempiterno “mate”, quedando así: “g’day mate”.

Mozzie = Mosquito

Brekky = Desayuno, generalmente contundente

Barbie = Barbacoa, deporte favorite de los Aussies

Bushwalking = Trekking, senderismo

Grey nomads = Jubilados que recorren el país en su caravana, a veces durante años.

Brellie = paraguas

8 marzo, 2012

Melbourne, última parada en Australia

Después de casi 3 semanas de viaje por la campiña australiana, tocaba el turno para Melbourne, la segunda ciudad más grande de Australia, y la eterna “enemiga” de Sidney.

Todo el mundo que habíamos encontrado nos había contado que Melbourne es incluso más agradable que Sidney, y nos costaba creerlo, porque lo nuestro con Sidney había sido “amor a primera vista”, pero la verdad es que Mel no nos decepcionó (la tercera ciudad en discordia, Canberra, aparte de ser la capital de país [acuerdo Salomónico para no dársela ni a Sidney ni a Melbourne], no tiene gran cosa por visitar, así que ni siquiera la hemos visitado).

Con un ambiente más alternativo que Sidney (aquí estábamos claramente fuera de lugar con nuestra ropa marca Quechua), esta ciudad de poco más de 4 millones de habitantes tiene una miríada de restaurantes, y cuenta la leyenda (y uno de los folletos de la oficina de turismo) que es posible encontrar un café cada 20 metros. Puede ser una exageración, ¡pero no debe andar muy lejos de eso! En cualquier sitio se puede degustar un delicioso cappuccino, gracias a una arraigada cultura de café, herencia de los numerosos inmigrantes italianos. En esta ciudad abunda el gusto por la buena comida, y el arte, con un toque bohemio. Incluso las fábricas de algunos de los antiguos barrios obreros han sido reconvertidas a restaurantes ‘cool’.

La primera noche la pasamos en un cámping en las afueras, y como era tarde y llovía a cántaros, sólo dimos un paseo por los alrededores (ya habíamos tenido ocasión de comprobar cómo era el centro de Melbourne, debido a que por un error, no metimos con la caravana por pleno centro, en lugar de rodear la ciudad como habíamos planeado).

A la mañana siguiente cogimos el autobús hasta el centro, y nos fuimos derechos a la estupenda oficina de información turística que hay en Federation Square, donde nos ayudaron a preparar nuestra ruta para los siguientes días. Además de la gente que trabaja en la oficina, en algunas calles es posible encontrar a voluntarios (generalmente mujeres mayores) con un chaleco rojo chillón, que amablemente atienden todas las preguntas de los turistas.

Moverse por el centro de Melbourne es fácil para los turistas, debido a que tienen un autobús y un tranvía que recorre los principales puntos turísticos del centro de la ciudad, siendo posible bajarse y montarse de nuevo en cualquiera de las paradas (sospechamos que para financiar estos servicios gratuitos, el autobús al aeropuerto cuesta la friolera de 17 dólares [unos 14 Euros] por persona). Una de las paradas era Lygon street, el barrio italiano por excelencia (también está el barrio griego, y como no, la eterna Chinatown), donde probamos la mejor pizza de todo el viaje, y un cappuccino fantástico. Nos ha dado pena quedarnos tan pocos días aquí, ¡haría falta un año entero para probar todos los deliciosos restaurantes de esta ciudad!

También aprovechamos para visitar el “Remembrance Shrine” (santuario del recuerdo), dedicado a todos los australianos que han perdido su vida en las diversas guerras en las que han participado. Para los aussies, que no han tenido ninguna guerra en su territorio (a excepción de un breve ataque japonés en la II Guerra Mundial), los desplazamientos al frente eran, sobre todo en los conflictos más antiguos (I Guerra Mundial) eran largos y difíciles, y en los tiempos en los que las comunicaciones eran lentas (únicamente por carta), era complicado tener noticias de los familiares en el frente de batalla.

El tercer día teníamos que devolver nuestra Jucy Crib (la caravana) que había sido nuestro transporte, casa y cama durante las últimas 3 semanas. Después de dejarla, nos dirigimos al hotel que habíamos reservado, donde íbamos a disfrutar de una cama de verdad, ¡con sábanas limpias! A veces uno necesita salir de su zona de confort para apreciar estos pequeños placeres de la vida…

El día fue tranquilo, paseando por varios de los rincones del centro (xxxxx, qué hicimos aquí, biblioteca…). Nos había gustado tanto el cappuccino del día anterior, que volvimos al mismo sitio.

Si el día anterior fue relajado, el último lo fue más. A las 12 de la noche teníamos que coger el vuelo a Fiji, así que teníamos todo el día por delante. Dejamos las maletas en el hotel, y nos dirigimos de nuevo hacia el centro. Pasamos el día paseando, confirmando que la comida china no es nuestra favorita, y, seguro que a estas alturas podéis averiguarlo, tomando nuestro último cappuccino (esta vez en otro café). Cuando nos cansamos, nos dirigimos al aeropuerto en autobús (los 17 dólares/persona no son nada en comparación a lo que puede costar un taxi, así que no nos quejamos). Hicimos hora hasta que abrieron los mostradores de facturación, donde un señor con camisa hawaiana y un collar hecho de caracolas marinas nos preparó la tarjeta de embarque.

Acababa así nuestra aventura australiana, y nos dirigíamos rumbo a Fiji, en medio del Pacífico, donde vamos a pasar un par de semanass, disfrutando de sus playas de arena blanca, sus aguas cristalinas, y de uno de los pueblos más hospitalarios, amables y felices del mundo. ¿Se puede pedir algo más? Bueno, sí: que sepan preparar buen cappuccino, pero no se puede tener todo… ¿o sí? “Bula, Fiji!”

Precios medios:

Cappuccino precio estándar: algo menos de 3 euros

Habitación doble en Claremont Hotel: 55 euros

Entrada a museos: la mayoría gratis (a los que había que pagar, no hemos entrado, ¡había mucho donde elegir!)

 

Centro de Melbourne

Centro de Melbourne

Shrine of Remembrance

Shrine of Remembrance

Dentro del Shrine (dosis de patriotismo Aussie)

Dentro del Shrine (dosis de patriotismo Aussie)

Una pizza deliciosa!

Una pizza deliciosa!

Federation Square

Federation Square

Una ciudad moderna

Una ciudad moderna

7 marzo, 2012

Caravaning en Australia: Parte III

27 de febrero- 3 de marzo de 2012

Portland-Port Campbell – Otways National Park – Airey’s inlet – Queenscliff -Melbourne

Distancia total: 800km

Después de pasar mucho calor en los Grampians, nos apetecía otra vez un poco de costa. En unas cuatro horas habíamos bajado a Portland. Esta ciudad no es muy turística, ya que la transitada “Great Ocean Road” no empieza hasta unos 100km más al Este.  Es cierto que no es un lugar muy pintoresco- más bien industrial-  pero a a pocos kms en un cabo está un faro (el primero que vimos de muuuuchos), una playa largíssima y una cafetería italiana muy mona.

Aquí acampamos en un camping de pago, y en seguida nos dimos cuenta que ya estábamos recorriendo de nuevo la ruta de los mochileros. Aquí nuestros vecinos eran jóvenes mochileros italianos, franceses y alemanes (en el interior eran más bien familias y jubilados australianos). La cocina estaba en un estado un poco deplorable, parece que por donde van los mochileros también pasa un huracán… Por favor, si algún  mochilero que viaja por Australia lee esto: No seas cochino y friega tus platos! J

Al día siguiente, tras la parada en el “pijo” Port Fairy, cogimos esa carretera tan famosa – Great Ocean Road. Discurre a lo largo de la costa durante unos 300kms, pasando por playas de surf  fantásticas, parques nacionales e impresionantes acantilados. Es un destino mochilero muy popular. Desafortunadamente el camping gratuito está permitido en muy pocos sitios, y las multas son impresionantes. Además piensan en todo: en otros sitios de Australia habíamos visto carteles de “no camping” (una tienda de campaña tachada) pero que se podía (mal)interpretar como que sólo se refería a tiendas de campaña. Pero aquí, aparte del famoso cartel, ponía en mayúsculas: No permitido dormir en el coche. Pasamos una noche en Johanna Beach (llamado así por un barco que naufragó aquí), donde sí estaba permitido acampar. Las otras dos noches las pasamos en campings de pago en Port Campbell y Aireys Inlet.

Hay muchas paradas interesantes a lo largo de la carretera. Una obligatoria es la de los Twelve Apostles (los Doce Apóstoles) – pilares de roca producidos por la erosión del mar. Producto de una buena estratégia de marketing: los pilares nunca fueron doce, pero se pensaba que un nombre tan legendario atraería a los turistas. Ahora mismo se pueden ver, desde el mirador, siete pilares. Y con un poco de dólares, hasta once desde un helicóptero.

En el cabo Otway, un poco más al este, está el faro más famoso de Australia. Desafortunadamente la entrada no entraba dentro de nuestro presupuesto. Pero, para nuestra sorpresa, cuando volvíamos (un poco decepcionados) del faro, encontramos unos árboles de eucalipto que daban cobijo a decenas de koalas. No parecían muy energéticos, ¡apenas se movían!

El último día en esta carretera hacia muchísimo viento (proveniente por lo visto de la Antártida, y muy frío!) y no pudimos visitar ninguna de las cascadas que teníamos pensado. Paramos en una de las playas de surf más famosas del mundo: Bells Beach. Viendo el oleaje, no pudimos estar más de acuerdo con el eslogan grabado en una roca: Respect the Ocean.

La última noche antes ir a la gran ciudad, la pasamos en una de las penínsulas que forman la bahía de Melbourne: La Bellarine. El estrecho situado entre las dos penínsulas es una de las aguas más peligrosas del mundo, y prueba de ello son los numerosos naufragios que han tenido lugar a lo largo de la historia. Aquí hay varios pueblitos agradables donde los Melbournians vienen a pasar el fin de semana. Nos quedamos en un camping de pago en Queenscliff, paseando por la playa, y como no, tomando un buen café.

El día siguiente encendimos por primera vez en mucho tiempo el GPS, para poder llegar sin demasiados desvíos y evitando los peajes, a Melbourne. Cosa que no fue tan fácil como habíamos esperado.

Gastos medios:

Camping de pago: entre 20-25 euros

Café italiano en el faro de Portland: 3 euros

Sol y playa!!

Bells Beach

Mucho viento en Queenscliff

Algunos de los doce apóstoles

Llegó el mal tiempo

Un café "Vienna" en Queenscliff

Johanna Beach

Faro de Portland