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Archive | diciembre, 2011
30 diciembre, 2011

Por qué (y por qué no) dar la vuelta al mundo?

Por qué no:

Para encontrarte a ti mismo

Para ello no necesitas estar perdido en la India, en las playas de Tailandia o navegando por el Mekong, ¡puedes hacerlo desde casa!

Para huir de tus problemas

Si esta es tu única motivación para viajar, tenemos noticias para ti: tus problemas probablemente estarán esperándote a la vuelta.

Para relajarte y olvidar el estrés

Relajación? ¡Ja! Cada día toca pensar dónde vas a dormir, qué vas a comer… Todo ello mientras echas un ojo a tu mochila para que no te la roben, y te preguntas diez veces si el vendedor o el conductor del taxi está intentando timarte, e intentas hacer un cálculo mental rápido de cuánto cuesta la dichosa entrada en euros…

Para descansar

Es cierto que habrá algunos días en los que tu única ruta sea cama-restaurante-cama-restaurante-cama, pero también habrá largas noches en aeropuertos, días en los que hay que levantarse a las 4 de la mañana para coger un autobús, o trenes/autobuses nocturnos en los que puede que te cueste conciliar el sueño.

Para llegar al destino

En un viaje así, una cosa está clara: lo importante es el camino.

Para visitar los monumentos más famosos del mundo

Por supuesto, para gustos los colores. Pero desde aquí os podemos decir que nuestras experiencias más memorables no han sido visitando los lugares más turísticos; mucho más enriquecedores han sido las pequeñas aventuras o el contacto con gente local, de los que hemos aprendido valiosas lecciones.

Para ser un pionero

En todos los países hemos conocido a gente que está dando la vuelta al mundo; incluso en Agra conocimos la historia de una pareja que lleva viajando… desde 2003 (haced las cuentas!). También en Laos encontramos a otra que daba la vuelta al mundo… montados en bici, a una media de 100 km. diarios!

 

Por qué sí:

Para conocer a personas realmente interesantes

Viajeros somos, y en el camino nos encontraremos, dice (más o menos) el refrán. Si decides echarte la mochila al hombro y salir de viaje, no dejarás de conocer a numerosos viajeros, en cualquier hostal, restaurante o café, dispuesto a contarte sus aventuras. Pero además del contacto con viajeros, las experiencias con la gente local son siempre remarcables.

Para apreciar lo que tienes en casa

Cuando llegas a un lugar sin agua caliente y con cortes continuos de luz, te das cuenta que algunas cosas que damos por hecho no lo son tanto. Seguramente, los baños públicos de tu país te parezcan relucientes después de lo que encuentras a lo largo del viaje. Además, probablemente no tardes mucho tiempo en empezar a echar de menos a tu familia y amigos (apuntaos al viaje!).

Para poner en perspectiva tus problemas

Como cuenta la historia: “estaba preocupado porque no tenía zapatos… hasta que conocí a un hombre que no tenía pies”.  Cuando sales de viaje, conocerás a personas que no han tenido tanta suerte en la vida, algo que te hará replantearte seriamente la gravedad de lo que hasta entonces tenías la osadía de llamar «problemas».

Para practicar tu paciencia

Cuando tienes que pasar toda la noche en un autobús parado porque ha habido un desprendimiento, o tu viaje medio en cualquier medio de transporte sea de unas 6 horas, dejarás de preguntarte: “¿cuándo llegamos?”, y en lugar de eso te pondrás un poco más cómodo en tu asiento, bebes un trago de agua y continúas sin perder la sonrisa.

Para aprender (o confirmar) que los seres humanos no somos tan diferentes como pensamos

Una de las cosas que aprendimos rápidamente es que, por suerte, la realidad “ahí fuera” no se parece mucho a lo que nos venden en las noticias. El mundo fuera de nuestros países no está lleno de terroristas, asesinos, enfermedades mortales o desastres naturales. Como las meigas, “haberlos haylos”; sin embargo algo que hemos aprendido es que las personas, a pesar de nuestras diferentes razas, culturas, religiones, creencias… no somos tan diferentes, y que el 99,99% de las personas sólo desean llevar una vida pacífica, con los suyos, y disfrutar de la vida.

Para hacer de tu día a día una aventura

Si sientes que la rutina te puede, que los días pasan sin mayor novedad, o que semana tras semana el menú es el mismo, esta es tu solución. Puedes dormir en sitios insospechados, probar platos típicos locales, o montar en medios de transporte que nunca habrías imaginado.

Para aprender geografía e historia

Para los que las tenemos olvidadas desde tiempos del instituto, ahora podemos nombrar sin titubear la capital de Laos, el nombre del dios hindú con cabeza de elefante, o el líder de los Jémeres Rojos.

 

Conclusión:

Mark Twain lo explicó mejor que nadie, cuando dijo su famosa frase de “Dentro de 20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que sí. Así que suelta amarras, navega lejos de puertos seguros,  coge los vientos alisios. Explora. Sueña.”.

Las razones por las que sí son mil veces más interesantes y divertidas que las del no, así que… ¡esperamos encontraros más adelante en el camino!

 

Os dejamos con un vídeo en el que Bruce Springsteen, precisamente, nos invita a encontrarnos Further on up the road (más adelante en el camino):

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=QzZnsfe1MFY[/youtube]

 

23 diciembre, 2011

Últimos días en Camboya: Battambang y Phnom Penh

16-20 de diciembre de 2011

Después de unos maravillosos días en Siem Reap disfrutando de templos y cappuccinos, nos marchamos a Battambang, la segunda ciudad más grande de Camboya (más de 250.000 habitantes).

Aunque se puede llegar más rápidamente por carretera, decidimos ir en barco, a través del río Tonlé Sap; el viaje en sí es toda una experiencia, contemplando las casas construidas a la orilla del río o viendo cómo se va montando la gente a lo largo del camino, sobre la marcha (se acercan al barco en un pequeño bote y suben a bordo).

Como íbamos a estar apenas dos días en Battambang, decidimos contratar una ruta en un tuk-tuk, para ver los sitios más interesantes. Nuestro amigo Sams nos llevó a ver:
– La “killing cave”, uno de los lugares donde los Khemers rojos llevaban a cabo sus matanzas indiscriminadas; hoy día hay una figura de un buda reclinado, y algunos de los huesos de las víctimas
– Una plantación de viñas y una bodega (aunque siendo manchego esto para mí no es ninguna novedad!)
– Un árbol con frutas-murciélago (en el árbol habitan muchos murciélagos, que cuando cuelgan hacia abajo parecen frutas). Nuestro conductor y guía nos contó que se puede hacer sopa con ellos, y que está deliciosa, pero no llegamos a probarla.
– El “nori” o tren de bambú, uno de los pocos que quedan en Camboya (y que probablemente tiene los días contados), en el que nos montamos para un pequeño viaje. El tren consiste únicamente de una plataforma, dos ejes con ruedas y un pequeño motor de gasolina. Sólo hay una vía, por lo que al encontrarse con otro tren que viene de frente, el tren con el menor número de pasajeros tiene que ser desmontado y montado de nuevo para permitir al otro pasar. Los franceses construyeron la vía para el transporte en trenes de mercancías, pero hoy día sólo los noris utilizan la vía.

También en Battambang tuvimos ocasión de probar de nuevo el plato nacional de Camboya, el pescado Amok, en una salsa con leche de coco y envuelto en hojas de plátano.

Viaje Siem Reap- Battambang

Casas flotantes

El barco en el que viajamos

La cueva de las calaveras

En el tren de bambú

Un tren que viene de frente: toca bajarse

Próxima parada: Phnom Penh

Una vez hecha esta ruta, al día siguiente cogimos un autobús en dirección a la capital, Phnom Penh. Con cerca de 1,3 millones de habitantes, esta ciudad tiene un tráfico caótico; hay que mirar 10 veces a cada lado antes de cruzar la calle. Lo importante una vez uno se decide a cruzar entre las motos, tuk-tuks, ciclos, bicis o coches es no hacer movimientos bruscos, para que los conductores sepan tus intenciones claramente.

Como de costumbre, utilizamos el medio de transporte más común y cómodo por aquí, y contratamos una excursión en tuk-tuk con nuestra amiga americana Megan.

La primera parada fue la antigua prisión de Tuol Sleng (hoy museo), en la que se estima que más de 14.000 personas fueron asesinadas por el régimen de los jémeres rojos. Es un antiguo instituto, convertido en prisión tras la llegada al poder en 1975 de los jémeres rojos, al mando de Pol Pot. El “camarada Duch”, hoy en proceso de ser juzgado, era el responsable de la prisión.

Cuando los vietnamitas liberaron Phnom Phen a principios de 1979, descubrieron la prisión, en la que únicamente hubo 7 supervivientes (conocimos a uno de ellos en nuestra visita), y documentaron con fotos todo lo que vieron. Después, fue convertida en museo. La entrada es gratis para los camboyanos, pero los extranjeros pagan dos dólares, destinados al mantenimiento del museo. Recorrer las celdas de la prisión, las cámaras de tortura o ver las fotos de las personas que pasaron por allí es una sensación realmente escalofriante.

Las personas que eran encontradas culpables (que era el 100% de los que pasaban por allí, según los archivos) eran después llevadas al campo de exterminio de Choeung Ek, que visitamos a continuación.
En medio del campo se erige hoy día una estupa (templo budista), en la que se encuentran más de 5.000 calaveras humanas, encontradas en las fosas comunes.

Después de la que, para todos, fue una mañana dura, terminamos el día visitando el mercado ruso y el palacio real.

Al día siguiente cogeríamos un vuelo hasta Bangkok; dormiríamos esa noche en el aeropuerto y a la mañana siguiente volaríamos a la isla de Koh Samui, donde vamos a pasar Navidad y Año Nuevo.

Sabías que…? En 1975, cuando los jémeres rojos capturaron Phnom Penh, evacuaron completamente la ciudad, contando a la población que los americanos bombardearían la ciudad en tres días. Desde ese momento y hasta la llegada de los vietnamitas en 1979, sería una ciudad desierta, en la que únicamente vivían algunos militares y miembros del partido en el poder.

Precios medios:
Viaje en barco Siem Reap- Battambang: 16 euros
Viaje en “nori” (tren de bambú): 3,5 euros
Entrada en Tuol Sleng: 1,5 euro

Monjes en la ciudad

Monjes en la ciudad

Tráfico en Phnom Penh

Tráfico en Phnom Penh

Vista del Patio de Tuol Sleng

Vista del Patio de Tuol Sleng

Celda Tuol Sleng

Celda Tuol Sleng

20 diciembre, 2011

Siem Reap y los majestuosos templos de Angkor

12-16 de diciembre de 2011

Tras unas cuantas horas de autobús, llegamos a Siem Reap, donde íbamos a pasar una semana disfrutando de los templos de Angkor y de los numerosos restaurantes que hay en la ciudad. Ya que Siem Reap recibe una gran cantidad de turistas (cerca de 2 millones al año), esta ciudad está realmente preparada para el turismo, con más hoteles que templos (¡y hay muchos templos, más de 100!), y restaurantes para todos los paladares y bolsillos.

Como llevábamos varios días viajando sin parar, los dos primeros días nos los tomamos con calma, descansando en el hotel y a la caza del mejor cappuccino de la ciudad (que encontramos en el Café Central), mientras esperábamos a que llegara Sofia de Chiang Mai.

Debido al gran número de templos, y a su extensión, es mejor visitar los templos en varios días. Existen tickets de 1, 3 y 7 días; nosotros compramos el de 3, que se puede usar a lo largo de una semana. Es necesario un medio de transporte debido a que los templos más cercanos se encuentran a unos 8 km. de la ciudad. Un tuk-tuk para todo el día cuesta unos 12 dólares; también se puede ir en taxi o en bicicleta.

Dentro del grupo de templos, la mayoría son de origen hindú, mientras que otros son budistas. Por suerte, los templos de Angkor fueron uno de los pocos objetos de arte que se salvaron tras la llegada de los Khemer rojos entre los años 1975-1979, que aspiraban a construir una nueva Camboya desde cero; decidieron no destruir los templos, ya que eran un símbolo de la grandeza de la cultura Khemer.

El primer día fuimos por la mañana (sin madrugar demasiado), y pasamos el día allí, viendo, entre otros, el templo de Angkor Wat, que ocupa unas 200 hectáreas y está rodeado por un lago.
Debido a que los templos estuvieron prácticamente abandonados desde finales del siglo XVI hasta su redescubrimiento por los franceses a finales del XIX, la jungla invadió por completo los templos, mezclándose árboles, raíces y plantas entre los muros de los templos. La mayoría han sido despejados, pero algunos se han mantenido tal y como se encontraron, como el de Ta Prohm (que también visitamos el primer día), haciendo sentir al visitante como un Indiana Jones. De hecho, este templo se usó en el rodaje de películas como Tomb Raider.
Al final del día hicimos cola para subir a lo alto de uno de los templos y ver la puesta de sol. Las vistas sobre la jungla son excelentes; no obstante, recomendamos a los viajeros que en lugar de la larga espera (casi 2 horas), busquen un buen sitio para ver la puesta de sol a través de uno de los templos.

Al día siguiente visitaríamos los templos a través de un nuevo tipo de luz: el tuk-tuk nos recogió del hotel a las 4.30 de la mañana, para ver el amanecer. El mejor sitio, y donde se agolpaban todos los turistas cámara en mano, es en el templo de Angkor Wat, que se ve reflejado en el agua, algo sin duda digno de más de una fotografía!
El resto del día lo dedicamos a ver otros templos, varios de ellos situados en la antigua ciudad fortificada de Angkor Thom, de más de 10 km cuadrados de extensión. Nuestro conductor nos fue llevando a varios de los templos, hasta que acabamos agotados y regresamos al hotel.

Al día siguiente estábamos tan agotados tras el madrugón y la sobredosis de templos, que nos tomamos el día libre, para únicamente pasear por la ciudad.

Para el último día en los templos, elegimos una ruta por algunos que están más alejados. Comenzamos con Kbal Spean, una serie de tallas hechas sobre piedra natural: lo curioso es que sobre estas tallas, pasa un río! (el truco está en que durante la estación seca, el río desaparece, por lo que es posible realizar el tallado en las piedras). También visitamos uno de los mejores templos: Banteai Srei. La leyenda cuenta que fue realizado por mujeres, porque las esculturas son tan precisas y detalladas que sólo unas manos pequeñas, de una mujer, podrían haberlas realizado. ¡Es realmente espectacular!

¿Sabías que…? En el siglo XIII, cuando Londres contaba con poco más de 50.000 habitantes, ¡en la ciudad de Angkor vivían más de un millón!

Precios medios en Angkor Wat
Entrada de 1/3/7 días: 20/40/60 dólares

Aquí compartimos algunas fotos con vosotros. Hicimos muchas…(más de 600!!)

Ta Prohm

Ta Prohm

Angkor Thom (ciudad de Angkor)

angkor wat

Bayon

Banteay Srei

amanecer

En uno de los templos de Angkor

10 diciembre, 2011

Conociendo Camboya

7-11 de diciembre de 2011

Al final decidimos irnos de la tranquilidad de Si Phan Don (¡antes de acabar en coma!) y dirigimos nuestros pies inquietos hacia el Sur y la frontera con Camboya. Hemos quedado con mi hermana Sofía en Siem Reap pero por alguna razón nos sobran días para ese encuentro. Así que en vez de hacer un largo viaje de por lo menos 15h lo partimos en varios días y conocemos algunas ciudades menos turísticas sobre el camino.

El primer día hacemos Si Phan Don – Kratie y al final se hace largo el viaje ya que hay bastante tiempo de espera en la frontera. La ciudad de Kratie no se va a encontrar en la lista de nuestras favoritas. Recuerda a una ciudad provincial cualquiera de la India; totalmente desordenada, con basura tirada por todos lados y todas las calles en obras. Situada al lado del Mekong, tiene un paseo a la orilla del río que podría ser bastante agradable, si no estuviera cubierta de basura. Allí pasamos la noche en un hotel aceptable y cenamos en un puestecillo de tallarines fritos por un dólar cada uno, pero no deshacemos mucho las mochilas.

Aprendemos que en Camboya hay que manejar dos tipos de moneda; los dólares sirven para casi todo; los hoteles, autobuses y cosas para “falangs”. Los autóctonos riels son para gastos más pequeños. Normalmente los precios están puestos en dólares y en riels.

El segundo día hacemos el tramo Kratie- Kampong Cham, de unas 4h. Infinitivamente más ordenada y con un paseo largo y bastante limpio al lado del Mekong, está ciudad nos gusta más. Pasamos una tarde tranquila, paseando a lado del río viendo a los camboyanos haciendo footing o tomando una Angkor (la cerveza local) viendo la puesta de sol. Todo el mundo come huevos crudos- los vendedores ambulantes los venden calientes sobre una rejilla pero crudos por dentro y se beben enteritos- no nos hemos atrevido a probarlos… Los pijamas en Camboya parecen estar de moda. ¡Sobre todo las chicas los llevan puestos todo el día!

Al día siguiente cogemos otro autobús, está vez a Siem Reap- un viaje de unas 6h. Famosa por los fantásticos templos de Angkor, está ciudad es una parada imprescindible para cualquier viaje por el sureste asiático. Nada más bajarnos del autobús nos rodean decenas de conductores de tuk-tuks que nos quieren llevar a algún hostal – no nos habíamos sentido tan agobiados desde la India.

Los primeros días en Siem Reap nos los tomamos con calma, conociendo poco a poco la historia de Camboya y su situación actual. A la mayoría de la gente el nombre de la organización Khmer Rouge da escalofríos, pero estando en el país donde sucedió esa matanza tan organizada y cruel nos rompe el corazón. Nada más pasar la frontera, nos ponen una película en el autobús sobre esos oscuros años. Creo que a todos que estábamos en ese autobús se nos ponían los pelos de punta y nos daba algo sobre lo que reflexionar. Quizás la ponen también para que los mochileros, que a veces regatean duro solo para ganar unos céntimos (que para nosotros no es nada pero para la gente local puede hacer mucha diferencia), sean más humildes y pongan las cosas en perspectiva.

Aunque la generación más joven parece haber escapado ese trauma, se ve una tristeza en mucha gente más mayor. Camboya tiene un gran número de gente minusválida como consecuencia de las muchas minas antipersona, y muchos de ellos se ganan la vida mendigando o vendiendo postales o libros en la calle. Uno de ellos, un hombre de 41 años sin manos, vende libros en una calle de Siem Reap y nos cuenta su historia. Allí compramos un libro que recomendamos a todo el mundo. Se llama First they killed my father (Primero mataron a mi padre), de Loung Ung (una superviviente de la matanza que llevaron a cabo los Khemers rojos, que más tarde emigró a EEUU).

Esperamos que la siguiente entrada sea más positiva- y seguro que lo será, ya que tratará de los templos de Angkor, una de las verdaderas maravillas del mundo.

Gastos medios:
Visado a Camboya: 30 USD
Viaje Si Phan Don- Kratie: 16 euros
Viaje Kratie- Kampong Cham: 4 euros
Viaje Kampong Cham- Siem Reap: 5 euros

La epecialidad culinaria local

Cualquier cosa se puede transportar en una moto

Nos preparan unas tallarines para cenar

Kratie en obras

6 diciembre, 2011

Pakse-Si Phan Don, despidiéndonos de Laos

30 de noviembre- 7 de diciembre de 2011

Salimos temprano de Thakek, y tras unas 7 horas de autobús (con pinchazo y cambio de rueda incluídos), llegamos a Pakse, donde habíamos decidido darnos un “pequeño lujo” con el hotel. Durante 3 días nos hicieron la cama todos los días, y hasta teníamos cepillos de dientes en el baño (que por supuesto hemos cogido para nuestro neceser).

La meseta de Bolaven, en el Sur de Laos, es conocida por su café, así que durante esos días aprovechamos para tomar unos buenos capuccinos (durante el primer día, aparte de pasear y comer, eso fue más o menos todo lo que hicimos).

Para el segundo día contratamos una excursión, que nos llevaría a unas plantaciones de té y café (donde comprobamos que el grano de café recién cogido no huele tan bien como uno tostado), tres cataratas diferentes y dos tribus locales. La segunda de ellas, con mujeres artesanas que tejían diferentes prendas de ropa, era más bien un mercadillo, pero la primera fue más interesante. Allí, para nuestro asombro, vimos que el 100% de los habitantes fumaba, y que empezaban a hacerlo a partir de los 4 años… La otra peculiaridad es que los habitantes de la tribu, al rondar los 30 o 40 años, construyen su propio ataúd, que guardan debajo de casa hasta que llegue el momento de utilizarlo. Mientras estábamos de visita, un grupo de personas que estaban comiendo carne de perro, nos ofrecieron probar un trozo, que amablemente declinamos (también dijimos no a una calada de su tabaco), esperamos no haberles ofendido!

Al día siguiente cogimos de nuevo un minibús hacia el sur, a la isla de Don Det, en medio del Mekong (el autobús nos dejó en una orilla, así que tuvimos que coger un barquito para llegar a la isla). Ahora que hemos recorrido Laos de Norte a Sur, hemos coincidido con las mismas personas en varios sitios (excepto con aquellos que lo han recorrido de Sur a Norte, claro está). Y “corremos el riesgo” de volver a vernos las caras en Camboya 😉

La vida en Don Det es muuuuuuuuuuuuuuy relajada. Nos contó un francés residente en la isla, que en la Lonely Planet la catalogan como “Isla de Fiesta”, pero al no cumplir los estándares, mucha gente que viene de lugares de marcha en Laos, huyen el primer día de aquí.

Don Det forma parte de las llamadas “4000 islas”, un conjunto de islas en medio del Mekong (no las hemos contado, así que no podemos asegurar la exactitud de la cifra); todo un paraíso para los mochileros. Hasta hace poco la vida aquí era bastante básica, pero para bien o para mal, el Wifi ha llegado ya a la isla. Eso sí, aún no hay ningún cajero automático pero todo es muy barato. De hecho, creemos que sería el destino mochilero perfecto si estuviera en la costa y no al lado del Mekong que, con sus aguas marrones, no invita a muchos baños…

No hay mucho más que hacer que pasear, o recorrer la isla, y otra vecina en bici. Durante dos días nos quedamos en un hostal, y los dos últimos en una cabaña de madera, con dos hamacas en la puerta, ideales para pasar el tiempo tumbados leyendo un libro, dejando las horas pasar. ¡El (relajado) espíritu de Laos es altamente contagioso!
Desde aquí, cogeremos un nuevo autobús a Camboya. Llega la hora, tras casi 3 semanas, de despedirse de Laos…

Precios medios:
Excursión de un día a la meseta Bolaven: 15 euros
Bungalow sin/con baño: 2/4 euros

Pueblo típico de Bolaven

Una de las cascadas en la meseta de Bolaven

En un restaurante familiar en Don Det

Relax!

DOn Det

Puesta de sol en Don Det

Antes de ser cappuccino

1 diciembre, 2011

Vientiane – Kong Lor -Thakek (y la dura vida del viajero en las carreteras de Laos)

25- 30 de noviembre de 2011

De la bonita ciudad de Luang Prabang nos dirigimos a la capital de Laos, Vientiane, a casi 400 km al sur. El viaje se hace muy largo… lo que se suponía que eran 9h se convirtieron en 11h, casi sin paradas y sobre una carretera con muchas curvas y baches.

Llegamos a Vientiane por la noche y no encontramos alojamiento, situación que no nos ha ocurrido casi nunca. Tras media hora preguntando en hostales (todos dicen que “full”) encontramos un sitio poco alegre, pero en el que sí tienen una habitación libre. Quizás porque nos gusta tan poco el hotel, o porque no hay muchas cosas que ver, nos quedamos en la ciudad sólo 2 noches. Con sus 200.000 habitantes, no parece la capital de un país, más bien una ciudad provincial, pero es agradable para pasear a la orilla del Mekong o comer en alguno de los muchos restaurantes.

Nuestro siguiente destino son las cuevas de Kong Lor, situadas en un valle bastante remoto. En principio parecía complicado llegar allí, pero tenemos suerte y encontramos un autobús público que va directo (con parada en cada aldea, los 200 km se hacen en 7h…). Cogiendo autobuses públicos siempre se aprenden muchas cosas del país:

1. Las cosas extrañas que la gente se lleva cuando van “al pueblo”. Por ejemplo: cientos de ladrillos, decenas de barras de pan de panaderías en Vientiane (luego nos enteramos que estás son para los “falangs” ya que la gente allí no sabe hacer pan, y tampoco lo come), un montón de ollas de varios tamaños, pollitos en una jaula y ¡hasta una moto!

2. La vida en la carretera es dura: los autobuses laosianos hacen muy pocas y demasiado rápidas paradas para nuestro gusto, y nunca hay servicios (las chicas tenemos que buscar algún arbusto).

3. Los problemas mecánicos son frecuentes; estuvimos parados cerca de una hora mientras cambiaban una rueda pinchada.

Llegamos al pueblo de Kong Lor al atardecer y todavía tenemos que encontrar nuestro alojamiento. Es un pueblo remoto, nadie habla inglés y ni siquiera hay ni un tuk-tuk que nos pueda llevar (los tuk-tuks son omnipresentes por todo el sureste asiático y hasta pesados con su “Where you go, Mister?”). Así que empezamos a caminar entre aldeas y campos de arroz y después de media hora o así, con nuestras espaldas quejándose bastante, encontramos nuestro sitio: unas casitas de bambú al lado de un pequeño río. El entorno es precioso, y la habitación muy pero muy básica 🙂 Esa noche nos acostamos a las 21h como la gente del pueblo porque después de ponerse el sol no hay nada que hacer, y nos despertamos con el gallo a las 6.

Después de un desayuno también muy básico al lado del río nos vamos a ver las cuevas. No nos encontramos con muchos otros “falangs”, cosa que nos sorprende porque las cuevas son bastante famosas, debe ser porque están tan lejos de todo.
Las cuevas son en realidad un largo túnel de 7km por donde fluye un río muy frío y pasa por debajo de una enorme montaña. Para a verlo se contrata a un barquero que te lleva por su pequeño e inestable barquito de madera, excepto por un tramo que está un poco más iluminado y puedes caminar. ¡Menuda aventura! La única luz es la de la linterna del barquero, a veces estás sumergido en una oscuridad total, y a veces puedes vislumbrar la magnitud del túnel (con una altitud de 100m en algunos sitios recuerda a la bóveda de una catedral). Desde luego, Kong Lor se encontrará en nuestro Top 10 del sureste asiático.

Después de otra noche en nuestra casita de bambú nos vamos en tuk-tuk a la siguiente ciudad en la carretera hacia el Sur, Thakek. No tiene mucho para entretenernos pero estamos demasiados cansados para hacer otro viaje en una carretera polvorienta de Laos y ¡necesitamos una ducha caliente!

Precios medios:
Autobús Luang Prabang – Vientiane: 16 euros
Autobús Vientiane- Kong Lor: 14 euros
Viaje en un barquito por la cueva (dos personas): 11 euros

Cueva de Kong Lor

dentro de la cueva

Entramos en la cueva

Vistas desde el hostal

Nuestra casita de bambú

Pueblo de Kong Lor

Parada técnica

donde vamos a dormir?