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Archive | noviembre, 2011
26 noviembre, 2011

Luang Prabang- La (cara) perla del Este

20- 24 de noviembre de 2011

Nuestro siguiente destino en Laos es Luang Prabang, una ciudad muy bonita, reconocida como patrimonio de la humanidad, por sus muchos templos budistas y arquitectura francesa colonial.
La mejor manera de transportarse de Huay Xai a Luang Prabang es en barco por el río Mekong. El romántico viaje dura casi dos días enteros, con parada nocturna en el pueblo de Pakbeng. La alternativa es un viaje en autobús de 14 horas sobre carretera polvorienta y con muchas curvas.

Tras dos días en barco, y antes de eso, 3 días en la jungla, decidimos que Luang Prabang es un buen sitio para darnos un pequeño lujo, y nos quedamos en un sitio más caro que costumbre con la primera ducha de verdad (con propio recinto) en cuatro meses (normalmente las duchas en Asia son únicamente una alcachofa en la pared que moja todo el suelo y el váter).

Pronto nos dimos cuenta que Luang Prabang no es un sitio especialmente barato. Aparte de los hoteles, la comida tiene casi precios europeos, y para entrar en muchos templos tienes que pagar entrada (cosa que no vimos nunca en, por ejemplo, Tailandia). Aunque todavía un destino mochilero, Luang Prabang con su nuevo aeropuerto, también recibe manadas de turistas que vienen en viaje organizado. Esto inevitablemente sube la calidad pero también los precios.

Esto no significa que no hay chollos por encontrar para el mochilero determinado 🙂 Al lado del río Mekong hay algunos puestecillos que sirven tallarines por un euro y una noche probamos hacer nuestra propia sopa. Todas las mesas están preparadas con un hueco incorporado donde ponen el carbón. Encima colocan una olla con caldo y te dan un plato con los ingredientes a echar cuando empiece a hervir el agua: verduras verdes cuyos nombres desconocemos, setas, tofu, tallarines, ajo, unos chilis y huevos. ¡No estaba nada mal!

Luang Prabang tiene más 70 templos, y los más importantes están situados a una distancia cómoda de la zona de hoteles. Desde uno de ellos, encima de una colina, veías toda la ciudad y los alrededores- el sitio perfecto para ver la puesta de sol. ¡Al final acabamos con sobredosis de templos! Antídoto: excursión a las cascadas Kuang Si a unos 30 kms de la ciudad (con chapuzón incluido). ¡Preciosas!

El último día nos levantamos temprano, sobre las 6 de la mañana para un evento bonito. Todas las mañanas decenas de monjes de la ciudad acuden a la calle principal para recibir donaciones de la gente, que se coloca en fila, sentada, esperando a la larga cola de monjes. Cada monje recibe en su cesta un poco de arroz, verduras y fruta. Todo ocurre en silencio absoluto. Aunque vimos algún que otro extranjero haciendo donaciones, no se les anima a los turistas a participar ya que para los monjes este acto no es una atracción turística ni comercial.

Luang Prabang nos ha encantado pero todo bueno termina y por el bien de nuestro bolsillo toca moverse un poquito otra vez. Siguiente destino: la capital, Vientiane, casi 400 km al sur.

Precios medios en Luang Prabang:
Viaje en barco de dos días  Huay Xai-Luang Prabang: 25 euros
1 Capuccino en una cafetería cualquiera: 1,5 euro
Sopa para dos «haz-lo-tu-mismo»: 2 euros

Viaje en barco por el río Mekong

Cascadas de Kuang Si

Bonitas cascadas de Kuang Si

Cascadas de Kuang Si

Los ingredientes

Preparando la sopa

Vistas de Luang Prabang

Uno de los complejos de templos

Templo de Luang Prabang

Monjes recibiendo donaciones

22 noviembre, 2011

Viviendo en la jungla: “The Gibbon Experience”

17-19 de noviembre 2011

Tras dormir una noche en Huay Xai, madrugamos para comenzar la que sería una de las mejores aventuras (hasta la fecha) en nuestro viaje: durante 3 días y 2 noches íbamos a vivir en la jungla, durmiendo en cabañas sobre árboles, a las que sólo se puede acceder por tirolina (medio de transporte también empleado para moverse por la jungla).

Al llegar, conocimos al que sería el resto de nuestro grupo (había 4 ingleses, una alemana, un holandés, una sueca y un español; estos dos últimos ya los conocéis). Después de las presentaciones, nos proyectaron un pequeño vídeo sobre seguridad, que nos metió más miedo en el cuerpo que otra cosa J

De ahí, cogimos un jeep que nos llevaría, durante 3 horas a un remoto pueblo, donde conocimos a los que durante esos días serían nuestros guías (más bien “nuestro guía”, porque el otro apenas apareció). Iniciamos una caminata de una hora cuesta arriba, hasta el lugar donde nos entregaron nuestros arneses. Luego de unos minutos más caminando, llegamos a la primera tirolina; el guía nos hizo una primera demostración y se marchó al otro lado: tocaba armarse de valor y lanzarse al vacío… ¡Fue una sensación increíble, difícil de describir! Después de eso nunca teníamos bastante, sólo queríamos lanzarnos en tirolina durante todo el rato…

Cuando comenzaba a anochecer, Dett (nuestro guía) nos llevó a la que sería nuestra primera cabaña, situada en lo alto de un árbol, a unos 30 metros del suelo. Toda una obra maestra de ingeniería, equipada con un baño, agua corriente proveniente de la lluvia (una ducha helada!), electricidad solar y algunos colchones. Allí cenamos (la comida la trajeron unos habitantes del pueblo, en tirolina por supuesto), y matamos el tiempo jugando a las cartas y charlando.

Al día siguiente, el otro guía (Jolao) debía venir a las 6 de la mañana para llevarnos a dar un paseo por el bosque, y para abrir apetito antes del desayuno, pero apareció después de las 7, y como le debió dar pereza, nos preparó un té caliente y desapareció. Luego Dett nos llevó a visitar varias cabañas; en una de ellas comimos, y por la tarde seguimos lanzándonos en varias tirolinas (probamos la más larga de todas, de más de 400 metros de longitud y de 200m de altura). Volvimos a una nueva cabaña justo cuando se empezaba a hacer de noche, para disfrutar de una preciosa puesta de sol. Allí nos enteramos que por un cambio de planes, dormiríamos en una cabaña distinta a la planeada, en la que sólo había espacio para 6 personas, así que 2 “voluntarios” tendrían que ofrecerse para dormir  solos en otra cabaña en medio del bosque, a unos 20 minutos de allí. Medio en broma, Dett nos dijo que era ideal para una pareja de luna de miel, así que después de cenar, Hanna y yo cogimos nuestras mochilas y nos fuimos para allá. Fue una noche divertida, es algo increíble oír sólo los ruidos de la jungla (que son muchos). Tuvimos más suerte que los otros; a la mañana siguiente, al volver con el grupo, nos contaron que una “rata de la jungla” (que son más grandes y ruidosas que las europeas) había estado merodeando toda la noche en su cabaña.

Tras la última noche, nos despertamos antes de las 6 para poder ver amanecer. Esta vez sí, Jolao fue puntual, nos recogió y nos llevó a la cabaña con los otros, desde donde se veían las mejores vistas. El sol se levantaba sobre la selva, y los árboles estaban envueltos en una bruma que iría disipándose poco a poco. Pero lo mejor estaba por venir: tuvimos la suerte de divisar, aunque a lo lejos, a varios de los animales que dan nombre a este proyecto: Gibbons (gibones, en español). Un rato más tarde, varios de ellos comenzaron a “cantar”, y nos deleitaron con unos momentos mágicos (los gibones machos cantan por 3 motivos: mantener la familia unida, marcar su territorio o atraer a las hembras). Nuestras cámaras llevaban ya horas echando humo, intentando captar la salida del sol, los gibones a lo lejos y su canto.

Después de un par de horas más de tirolina, tocaba iniciar la caminata de vuelta; el jeep nos estaba esperando en el pueblo y nos llevó de vuelta a Huay Xai; tocaba despedirse de los buenos amigos con los que habíamos compartido los 3 últimos días… Gracias a Ben, Doerte, Jo, Maartin, Nick y Penelope por vuestra compañía!

La Gibbon Experience es un proyecto fundado por un francés para promover la conservación de la zona de Bokeo, en el norte de Laos. Mediante las excursiones de turistas, de una o dos noches de duración, se obtienen los recursos necesarios para proteger no sólo a los gibones (casi extintos debido a su caza indiscriminada), sino también evitar la deforestación, dando a la vez trabajo a gente de los alrededores. Gracias a este proyecto, 10 familias de gibones viven pacíficamente a lo largo del bosque, deleitando de vez en cuando a los afortunados turistas con su canto. No es una experiencia barata, pero creedme, ¡vale la pena!

Precios medios en la Gibbon Experience:

Excursión clásica, 3 días-2 noches: 220€

Saltar por primera vez al vacío, suspendido sólo por tu arnés: un poco de valor

Escuchar a los gibones cantando, mientras amanece en la jungla: no tiene precio

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=lJ3pFHnok4o[/youtube]

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=zGNLlpRrz7k[/youtube]

Trekking por la jungla

Trekking por la jungla

Amanecer en la jungla

Amanecer en la jungla

Puesta de Sol

Puesta de Sol

Preparados para saltar

Preparados para saltar

Con el arnés puesto

Con el arnés puesto

Baño en una de las cabañas

Baño en una de las cabañas

Dentro de una cabaña

Dentro de una cabaña

En la tirolina

En la tirolina

Cabaña

Cabaña

El grupo en una cabaña

El grupo en una cabaña

22 noviembre, 2011

Estamos en Twitter!

Como a veces no nos da tiempo a actualizar el blog (en algunos lugares una conexión a Internet es un lujo), hemos pensado utilizar Twitter para actualizaciones más cortas (y frecuentes), no podemos tener a nuestros fans abandonados 🙂

 

Puedes seguirnos a través de twitter en @raulmellado, o ver las actualizaciones en este mismo blog en la barra lateral derecha.

 

¡Seguimos en contacto!

21 noviembre, 2011

Chiang Rai y la frontera con Laos

13-16 de noviembre de 2011

De Pai cogimos un autobús de vuelta a Chiang Mai, y desde allí otro autobús de 3 horas hacia la ciudad más al norte de Tailandia, Chiang Rai. Más pequeña y menos turística que Chiang Mai, está ciudad tiene suficiente para entretenernos un par de días antes de pasar a Laos.

Hay unos cuantos templos bonitos (no pueden faltar!), un mercadillo bastante interesante y varios sitios para comer decentes (encontramos un sitio vegetariano que nos encantó- no hablaban nada de inglés pero por lo menos sabíamos que no nos echaban nada de carne a la comida).
En Chiang Rai decidimos separarnos: Sofia vuelve a Chiang Mai para aprender tailandés durante unas semanas y nosotros seguimos a Laos. Nos encontraremos más tarde en Camboya.

Así que después de dos días en Chiang Rai nos despedimos en la estación de autobuses y cogimos un autobús público de los años 70 hasta la frontera y el pequeño pueblo Chiang Khong. Los trámites son muy fáciles: primero pasas por emigración, los thais te ponen el sello de salida del país, coges un barco que cruza el río Mekong en 5 minutos y al otro lado los laosianos sonrientes te dan la bienvenida. 10 min más tarde y 35 dólares más pobre tienes tu visado y puedes quedarte en el país durante un mes.

El pueblo fronterizo en Laos, Huay Xai, es bastante humilde, y las opciones de alojamiento y de comida no son las mejores, pero aceptables para pasar una noche. Además no es tan barato como uno se imaginaría. Aquí una habitación decente no baja de los 8-9 euros y la relación calidad-precio no es muy buena (mientras en Tailandia por 8 euros teníamos una habitación muy bonita y para 3). Suponemos que la demanda es bastante alta, y realmente no tienes otra opción, por lo tanto pueden poner los precios que quieran. Pasando a Laos empezamos a tomar el Malarone; la medicación para la malaria, ya que se considera una zona de riesgo.

La mayoría de la gente viene aquí o bien para coger un barco temprano a Luang Prabang (conocida como una de las ciudades con más encanto en todo el sureste asiático) o hacer la Gibbon Experience. Nosotros haremos las dos cosas, pero para eso tendréis que esperar un poco más!

Precios medios en Chiang Rai y Huay Xai:
Visado en Laos: 35 dólares
Barco que cruza la frontera: 1 euro
Autobús Chiang Mai- Chiang Rai: 3 euros
Habitación doble en Huay Xai: unos 9 euros

Templo de Chiang Rai

En nuestro vegetariano favorito

Templo de Chiang Rai

Mercadillo de Chiang Rai

Puesta de sol sobre el Mekong

Huay Xai en Laos

Cruzando el Mekong para ir a Laos

14 noviembre, 2011

De vuelta a la naturaleza en Pai

9- 13 de noviembre de 2011

Tras algunos caprichos urbanos en Chiang Mai nos hemos ido a Pai, un pequeño pueblo en la montaña a unos 100km de la ciudad (3 horas en autobús). Subiendo por una carretera con muchas curvas, más de uno se ha mareado, pero tras 2 años en La Palma (la isla más empinada del mundo- ¡y la más bonita!) no nos parecía tan mala.

El pueblo no tiene gran cosa; restaurantes y hostales dirigidos a los turistas thais que vienen para pasar frío, los mochileros y los hippies. Las maravillas están en los alrededores- montañas verdes cubiertas de niebla, cascadas y pequeños pueblos donde la todavía predomina la vida tradicional. Lo mejor es alquilar una bici o una moto. Para hacer un poco de deporte hemos optado por la primera. El primer día, un poco emocionados, quisimos llegar a una cascada y un mirador y acabamos agotados! El mapa no estaba nada a escala, y lo que parecía unos pocos kms se prolongó mucho… y siempre cuesta arriba, claro. Una vez era tan empinada la subida que tuvimos que dejar las bicis y seguir a pie. El segundo día lo tomamos con mucho más calma y solamente fuimos a una clase de yoga (¡impresindible en cualquier estancia en Pai!).

¡El alojamiento en Pai ha sido todo un acierto! Nunca nos habíamos quedado en nada por el estilo. En Amys Earth House, a unos 4 km de Pai, ofrecen pequeñas casitas hechas de barro y con baño al aire libre (¡pero con privacidad!), en un jardín tropical con vistas sobre el valle (¡abajo podéis ver las fotos!). Los dueños, una pareja thai-británica, hacían todo para que estuviéramos bien. Todas las noches Nety nos preparaba una cena tradicional buenísima que tomamos en el jardín y nos enseñaba algunos secretos de la cocina tailandesa. Pasamos unos días super relajantes allí, jugando a las cartas, al billar o con los dos cachorros y cinco gatos.

Nuestra estancia coincidía con el Loy Krathong, una fiesta que se celebra en toda Tailandia en la que se fabrican balsas de flores y se las hace navegar por un río. En su balsa cada persona deja un papelito con su nombre, un pelo, un trocito de uña y tres monedas y en el momento de soltarlas por el río, pide un deseo. También se enciende las típicas lamparillas de papel y el cielo se llena de luces amarillas. Con nuestros huéspedes fuimos a la orilla por la noche para hacer navegar nuestras balsas y encender una lamparilla para la buena suerte. ¡Qué ambiente!

Una cosa que nos ha sorprendido mucho ha sido el descenso de la temperatura. La zona de Pai es famosa por sus fríos inviernos (claro, nosotros pensábamos que frío para los tailandeses no era tanto frío) y en el pueblo venden gorros y jerseys de lana. Por el día está muy agradable, pero por la noche hace mucho frío, como unos 10 grados… De hecho, no habíamos pasado tanto frío en todo el viaje y por primera vez, desde el Himalaya, sacamos los forros polares.

Precios medios en Pai:
Alquiler de una bici por un día: 1 euro
Noche en habitación doble en Amy’s: 11 euros
Una lamparilla de papel: 70 céntimos

Nuestra casita de barro

Cuarto de baño al aire libre

Aprendiendo a cocinar con Nety

A uno de los gatitos le gustaba nuestra casa

el jardín

llegamos al mirador

Empinado, empinado...

con las bicis

lamparilla de papel

A punto de soltar nuestra balsa de flores

11 noviembre, 2011

Elefantes, cascadas y masajes en Chiang Mai

2 -9 de noviembre de 2011

Debido a las inundaciones en la zona central de Tailandia tuvimos que cambiar un poco nuestros planes de viaje. Algunos viajeros que encontramos por el camino nos decían que Bangkok era “visitable” pero no lo teníamos nada claro, y cuando nos escribieron del hostal avisando que habían tenido que cerrar porque la primera planta estaba inundada, menos aún. En principio teníamos pensado pasar unos días en Bangkok, pero al final lo único que vimos de la capital fue el aeropuerto. De allí cogimos un vuelo interno, 700 km al norte, a la ciudad de Chiang Mai. Aunque es la segunda ciudad más grande de Tailandia, con apenas 200.000 habitantes nos pareció un sitio bastante tranquilo y relajado (eso sí, el tráfico un poco caótico).

Después de unos días se unió mi hermana pequeña, Sofía, para compartir el recorrido por el Sureste Asiático con nosotros. Aparte de traer pequeños lujos de Europa, ¡teníamos muchas ganas de ver una cara conocida!

Chiang Mai es la capital cultural de Tailandia con más de 300 templos budistas (algunos de ellos espectaculares) y es el sitio perfecto para aprender a ser “thai”. Hay cientos de sitios que ofrecen cursos de cocina thai, cursos del idioma (esos profesores no lo tienen fácil- ¡hasta ahora el thai nos ha parecido una lengua totalmente incomprensible!), cursos de pintura thai y de masajes. Para mi cumple me regalaron un curso de introducción en masaje thai- es brutal (¡literalmente!). Si alguien ha tenido la oportunidad de probarlo, sabe que utilizan todo su peso, las manos, los codos y los pies para estirarte y enderezarte. ¡Te deja con agujetas!

La zona montañosa alrededor de la ciudad ofrece todo tipo de aventuras: senderismo, ciclismo de montaña, rafting, tirolinas en la jungla a 30m de altura, visitas a pueblos remotos de tribus y mil cosas más. Al final para evitar jaquecas contratamos una excursión en grupo desde nuestro hostal. Incluía un poco de todo: 1h de ruta por la jungla encima de un elefante, 2h horas de senderismo hasta una cascada donde nos bañamos, almuerzo en el bosque. Y después lo mejor: 1h de rafting-descenso por un río de aguas blancas (se llama así por la espuma que genera la turbulencia). ¡Adrenalina pura! Desafortunadamente no hay pruebas gráficas del rafting porque había que elegir entre agarrarse a la barca o a la cámera…Terminamos el día medio sumergidos en el agua en una barquichuela de bambú (esto fue más abajo por el río donde el agua no era tan turbulenta). Lo pasamos genial con el grupito (muy internacional!). Eso sí, es muy turístico y todo pensado de antemano, pero a veces está bien que te lleven…

La verdad es que los días en Chiang Mai se pasaron volando. Es un sitio muy agradable para la primera toma de contacto con Tailandia, para ver un poco de su cultura y probar alguno de sus platos deliciosos en el Mercadillo de Noche. Esto último ha sido todo un descubrimiento ya que en la India en general no vimos nada por el estilo. Por lo visto todas las ciudades en el Sureste Asiático tienen su Mercadillo Nocturno donde puedes cenar en algún puestecito por menos de 1 euro. Puedes observar todo el (rápido) proceso de preparación y en unos segundos tienes delante de ti un plato con arroz humeante y verduras ardiendo directamente del wok.

En general hemos visto que el alojamiento es más barato aquí que en la India. Por lo menos recibes mucha más calidad por tus baths que por tus rupias. La comida en los restaurantes parece un poco más cara, pero siempre puedes optar por un puestecito. De momento nos parece que Tailandia es un país mil veces más fácil de recorrer para el viajero independiente. Todo está muy preparado para el turismo, sea de tipo mochilero o de “todo incluido”.
Todo esto, quizás, a expensas de la autenticidad o de que en ningún momento vas a estar sólo.

Precios medios en Chiang Mai:
Vuelo Bangkok-Chiang Mai con AirAsia: 40 euros
Curso de masaje de un día (con almuerzo incluido): 20 euros
Plato de verduras y arroz en un puestecito: 70 céntimos
1 hora de masaje thai: 3,5 euros
Excursión por la jungla de un día: unos 20 euros
Habitación doble bonita: 8 euros

¡Qué fría estaba el agua!

Por fin llegamos a la cascada

Sofia apuntando fuerte (el premio: una cerveza)

Paseo en elefante

Paseo en elefante

Uno de los muchos templos en Chiang Mai

Otro templo en Chiang Mai

Mercadillo Nocturno

Mercadillo Nocturno

Probando sushi vegetariano

6 noviembre, 2011

Bye bye India, llegamos a Singapur

28 de octubre- 2 de noviembre de 2011

Después de casi 3 meses en la India, llegó el momento de despedirse. Y fue duro de verdad, tras el choque inicial, le habíamos cogido mucho cariño. Conteniendo la emoción, dijimos adiós a Rajesh y a Ish, y del Kartikha Plaza cogimos un taxi directamente al aeropuerto de Trivandrum, donde íbamos a coger el vuelo a Singapur.

Tras unas 5 horas de vuelo nocturno, aterrizamos en Singapur. Ya no había vacas por la calle, tráfico caótico o gente que te abordaba continuamente para venderte algo (a cambio había que tener cuidado con los gastos, porque todo era mucho más caro).

Singapur es una ciudad-país situado en el sur de la península de Malasia. Es una gran mezcla, que ha recibido (y sigue recibiendo) una cantidad muy grande de inmigrantes (principalmente de China e India), aunque también tiene unos cuantos occidentales.

Es un país con algunas normas más estrictas que la India, especialmente en lo que a orden e higiene se refiere. Los chicles están completamente prohibidos (sólo se pueden comprar en farmacias con receta médica), y tirar basura a la calle se castiga con multas de hasta 500€, toda una ganga teniendo en cuenta que la posesión de drogas puede acarrear pena de muerte.

Pero a pesar de tanta prohibición, Singapur es una ciudad amable. Y sobre todo, muy moderna; llena de rascacielos, hoteles de lujo y muchos, muchos centros comerciales. ¡El paraíso de las compras! Y también es una ciudad verde, llena de parques y espacios verdes (en lugar de “un parque dentro en la ciudad”, su lema es “una ciudad dentro de un parque”.

Y limpia: incluso los baños públicos son mejores que los de muchos hoteles en la India; siempre relucientes. No encontraréis un papel por la calle. Por todo ello, y a pesar de su extensión, es una ciudad para ser paseada, de día y de noche.

Está situada a sólo un grado del Ecuador, así que el clima es similar todo el año: calor y tormentas tropicales (nos pillaron un par de chapuzones buenos, y tuvimos que correr a resguardarnos de la lluvia donde pudimos).

Una imagen que se repetía constantemente en el metro y en todos los metros de transporte, es la gente inmersa en su iPhone o iPad (Apple debe hacer su agosto en Singapur; casi todo el mundo tiene una manzanita mordida), sin hacer un solo ruido. Todo lo contrario que en la India, donde los medios de transporte eran lugares ideales para conocer gente, y en los que no había un momento de silencio.

También hay un gran número de restaurantes de todo tipo, quizás porque hay una gran cultura de comida. Restaurantes chinos, indios, asiáticos, occidentales… se mezclan en esta gran ciudad. Para mantener el bolsillo a salvo, intentábamos comer en los numerosos mercadillos de comida que había en todos los sitios de la ciudad, lugares donde cada comerciante tiene su puestecito de comida, y en los que se puede pedir un plato por unos 2-4€. No obstante, descubrimos un lugar ideal para comer: ¡los templos budistas! En el monasterio de Kong Meng San Phor Kark See, dan comida (vegetariana) gratis y literatura budista a todos los que acuden (lástima que esté un poco apartado), y en el de Tooth Relic Temple (justo al lado de nuestro hotel, aunque para nuestra desgracia lo descubrimos el último día, contiene un supuesto diente de Buddha), por poco más de 1,5€ venden unas generosas raciones (también vegetarianas) con arroz o pasta.

Nuestro hostal estaba situado en plena Chinatown, relativamente cerca del centro, así que podíamos ir caminando a la zona central, aunque algunos días preferíamos coger el metro (que estaba siempre reluciente). Para comprar el ticket de metro hay dos opciones: comprar billetes sencillos o una tarjeta que se puede recargar con saldo, válida en metros y autobuses. Nosotros elegimos la segunda opción porque, aparte de recibir un 20% de descuento con la tarjeta, cada billete sencillo que compras tiene una fianza de 1$, que hay que reclamar cada vez al finalizar el viaje. No obstante, aviso a los navegantes: cuando la tarjeta tiene menos del saldo mínimo (3 dólares), no puede ser utilizada. Y para los españoles navegantes, a los que tanto nos gusta colarnos en el metro, aquí está complicado, ya que hay que introducir la tarjeta al entrar y al salir (el saldo se descuenta a la salida, en función de la longitud del trayecto).

Como buenos mochileros, hemos ido a todos los sitios que no cobraban entrada: parques, templos, espectáculos al aire libre… En medio de la ciudad hay una isla verde- el MacRitchie Reserve; un parque natural con lagos, jungla tropical y muchos bichos. Allí hicimos una ruta a pie de unos 14 km sin cruzarnos apenas con nadie. No parecía que estábamos en una de las metrópolis de Asia.

Nos quedamos con ganas de subir al hotel Marina Bay, uno de los símbolos de Singapur, pero los más de 12 euros sólo por subir a la terraza nos hicieron pensárnoslo dos veces (para la habitación no hubo ni lugar para la duda, cuando nos enteramos que la más barata cuesta alrededor de 250€ la noche).

En resumen: Singapur ha sido para nosotros un pequeño oasis de limpieza y tranquilidad, tras 3 meses en la caótica India. Nos hemos prometido que volveremos algún día, con un poco más de presupuesto, para visitar algunos lugares nuevos y comer en sus deliciosos restaurantes sin tener que mirar los precios primero.

Precios medios:

Habitación doble en Chinatown: 40 euros

Viaje de metro medio: 1 euro

Vuelo Trivandrum- Singapur: 110 euros

En uno de los parques

Nueva lectura budista

Monasterio

Chinatown

Merlion- el símbolo de Singapur

Tooth Relic Temple

Puestecillos de comida

Paseo por la noche

El lujoso Marina Bay

4 noviembre, 2011

12 cosas que hemos aprendido sobre la India

Nota: originalmente este post iba a llamarse «5 cosas que hemos aprendido sobre la India». Rápidamente se convirtió en 10, y sobre la marcha en 12.

Las cosas van a su ritmo, mejor no estresarse.

Es importante cambiar el chip y dejar las prisas para mejor ocasión. Retrasos en trenes y autobuses son algo normal, y a nadie parece preocuparle. Ningún indio levantará la voz, protestará o pondrá una reclamación. Nosotros nos quedamos atrapados toda una noche en un autobús esperando a que repararan la carretera…

Diferentes valores

En general, la principal preocupación de los indios no es ascender en su puesto de trabajo, pelear por una subida de sueldo, o comprarse un coche mejor. Son felices pasando el día charlando con los comerciantes vecinos (aunque el negocio no haya ido demasiado bien), y llegando a casa por la noche, y compartir una cena con la familia.

Aprende a amar la India

Nada más llegar, es fácil (nosotros nos incluimos) llevarse una primera impresión de la India: sucia, caótica, llena de gente que te venderá cualquier cosa con tal de conseguir tus rupias. Sin embargo, una vez escarbas en la superficie, encontrarás un país acogedor, lleno de gente encantadora. Lo que nos lleva al siguiente punto…

Los indios son gente amable y hospitalaria

Para ilustrar esto, nada mejor que una anécdota que nos contó nuestro amigo Ish: estando en Bangalore, quiso ir a un espectáculo de danza. Cuando el taxista le dejó en el recinto, preguntó dónde se compraban los tickets; lo que él no sabía era que ese día se estaba celebrando una boda. El padre de la novia se cruzó con él y le dijo: “no, aquí no hay ningún espectáculo, estamos celebrando la boda de mi hija. Pero ya que estás aquí, siéntate, come y bebe con nosotros”. ¿Os imagináis algo así en España?

Las distancias son largas

Para muestra, un botón. El viaje Leh-Manali, de aproximadamente 500 kilómetros, nos llevó un día y medio (26 horas en un autobús). Haced las cuentas y sacaréis la velocidad media… Vale, esa era una ruta por los Himalayas, quizás de las peores que hemos hecho. Un viaje en autobús (por ejemplo, de Pushkar-Jaipur) de 100 Kilómetros lo hicimos en 3 horas. Pero siempre habrá alguien en el tren/autobús dispuesto a charlar contigo, ¡así que no te aburrirás!

Hay muchas Indias

Nada tiene que ver el paisaje (o la gente) en Ladakh (al Norte), Rajasthan o Kerala. La comida, ropa o idioma serán totalmente distintos. Sin embargo, todos ellos (salvo en Tamil Nadu en el sur, algo más independentistas) te dirán orgullosos que son Indios…
Diferentes religiones, tradiciones, culturas, idiomas… se dan mezcla en un país tan fascinante. Como decía nuestro amigo Mykel, debe ser una pesadilla gobernar la India!

Mejor con una sonrisa

No importa si el tren viene con 2 horas de retraso, si hoy no han podido hacer muchas ventas, o si la familia es pobre. Cuando se crucen contigo, inevitablemente te sonreirán. Y probablemente te preguntarán de dónde eres, y querrán una foto contigo…

Suspenso en riesgos laborales (y no laborales)

Es común ver hasta 5 personas en una moto (la familia al completo), donde el casco es todo un lujo. O estar subido en las alturas con un andamio de fabricación casera. En algunas de las excursiones, te juegas la vida cruzando por zonas impracticables… Cruzar la calle se convierte en toda una aventura…

Es muy fácil ser vegetariano

En prácticamente todos los restaurantes, habrá una sección de la carta con comida vegetariana (eso si no es puramente vegetariano), y los (habitualmente escasos) platos no vegetarianos están marcados con un punto rojo; los vegetarianos con uno verde. Hasta el agua mineral y la pasta de dientes tienen su punto verde!

La religión es parte del día a día

Prácticamente todas las familias tendrán un altar en su casa, y comenzarán el día en sus comercios con un ritual. Religión y tradición se funden en este país, de amplia mayoría hindú (cerca del 80%), pero donde los más de 160 millones de musulmanes (sólo el 13% del total!) lo convierten en el tercer país con mayor número de musulmanes en el mundo. Los budistas (menos del 1%) abundan en el norte, los cristianos (alrededor del 2-3%) principalmente en el Sur (Kerala, Goa), y los Sijs (menos del 2%) en el estado de Punjab.

La religión es algo tan arraigado, que para un indio es algo inconcebible que no tengas una. Nuestro libro guía recomienda, en caso de ser preguntado, inventarse una antes que confesar que no la tienes, para no dar a tu interlocutor un choque cultural demasiado fuerte…

Es segura

Hemos recorrido las estrechas y laberínticas calles de Varanasi, llegado en tren a Anantapur a la 1 de la mañana, o a una remota estación de tren en Goa a las 3 de la mañana (nos confundimos al bajarnos del tren, y tuvimos que quedarnos en una sala de espera hasta la mañana siguiente). Y sin embargo, en ningún momento hemos tenido sensación de peligro…

Nunca te aburrirás

Como decía Varun, siempre pasa algo en la India: habrá una huelga, un accidente de tráfico, una familia de vacas cruzando la calle… Cada día es una aventura!

Un largo viaje...

Un largo viaje...

Altar en un hotel

Altar en un hotel