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Archive | septiembre, 2011
30 septiembre, 2011

Anantapur: el legado de Vicente Ferrer

27-30 de septiembre
En las 1244 páginas de nuestra guía de viajes Lonely Planet de la India no hay ni una sola mención a Anantapur. Esta ciudad, de algo más de medio millón de habitantes (pequeña para estándares indios), no tiene templos majestuosos, palacios de ensueño ni maravillas naturales. Más bien, Anantapur es un trozo de tierra bastante árido (especialmente tras los últimos años de sequía). Y sin embargo, aquí hemos vivido algunas de las experiencias más bonitas y entrañables en nuestros dos meses (hasta la fecha) en la India.

Un español, Vicente Ferrer, llegó a este lugar hace casi 60 años. El gobierno indio no vio con buenos ojos el trabajo que hacía con los pobres en Bombay, así que le expulsaron del país. Sólo le permitieron volver si se establecía en un lugar apartado de la mano de Dios: eligió Anantapur. Cuando llegó a la ciudad, una organización le cedió una pequeña casa en la que únicamente había una mesa, una silla, una máquina de escribir y un mensaje en la pared: «Espera un milagro».

Y el milagro llegó. A día de hoy, la Fundación Vicente Ferrer ha construido más de 45.000 viviendas, 5 hospitales, más de mil escuelas, trabajando en más de 2000 municipios. Y aunque Vicente (“Father”, como le llaman aquí) nos dejó hace ya 2 años, su trabajo continúa, si cabe, más activo que nunca.

Llegamos a la ciudad el lunes por la noche, a la 1 de la madrugada. En muchas estaciones de tren en la India, hay habitaciones para viajeros, así que cogimos una para pasar la noche (no dormimos demasiado, ya que cada vez que pasaba un tren, toda la habitación temblaba), y al día siguiente fuimos a las instalaciones de la Fundación, donde íbamos a pasar 3 días con ellos (el alojamiento y la comida corría por cuenta de ellos). Estábamos realmente sorprendidos: la habitación era una de las más limpias que hemos visto en la India, y la comida que nos servían en la cantina estaba deliciosa: tenían una sección de comida picante, y otra no picante, a la que acudíamos todos los españoles. Además, comimos platos que hacía tiempo no habíamos probado: salmorejo, ensalada campera o ¡tortilla de patatas!

Nada más entrar por la puerta, todo el mundo nos saludaba con un “hola”, y una mujer india en sari, nos pidió, en perfecto español, que rellenáramos los formularios. Coincidimos con un grupo de 14 españoles que venían en un viaje organizado, además de con otros cuantos viajeros independientes, así que durante unos días, el único idioma que hablamos fue el español.

La primera mañana nos llevaron a un pueblo, a inaugurar unas viviendas que la fundación había construido y que se iban a entregar a sus nuevos dueños. El recibimiento que nos dieron fue espectacular: con una pancarta enorme en la que nos daban la bienvenida, todo ello amenizado con música de tambores en directo, y por supuesto los collares y pulseras de flores que nos colocaban, que se repetirían todos los días. Y lo más importante de todo: unas sonrisas de oreja a oreja, sinceras y auténticas. Es increíble cómo unas personas que tienen tan poco, son capaces de no perder nunca la sonrisa. ¡Cuánto tenemos que aprender de ellos! Los que más nos sonreían, y nos miraban con una mezcla de curiosidad y cercanía, eran los niños.

El procedimiento que seguíamos para inaugurar las casas era el siguiente: con unas tijeras cortábamos la cinta, y después entrábamos a la casa con el pie derecho y rompíamos un coco (también con la mano derecha). Las dos mitades se colocaban en el altar de la casa (en el que no faltaba la foto de Vicente Ferrer). Después, nos hacíamos una foto con la agradecida familia, que siempre tenía algún refresco, fruta o galletas para nosotros, nos sentíamos realmente abrumados por tanta gratitud!

Después de comer, visitamos un centro para niños con parálisis cerebral. Además de construir el centro, la fundación había formado a varias maestras y ayudantes para cuidar de los niños que, como siempre, no dejaban de sonreír. El momento más emotivo fue cuando nos cantaron una canción, ¡en español!

Ese mismo día nos recibió Ana Ferrer, y además de contarnos cientos de cosas interesantes, nos enseñó un vídeo muy bonito sobre Vicente Ferrer, y la canción que habían escrito para él cantada por unos niños.

Al día siguiente, fuimos a visitar a nuestra niña apadrinada, que vivía con su familia en un pueblo a 25 Km. Ese día era festivo y no había colegio, así que todos los niños de la aldea salieron a recibirnos, cómo no, con sus mejores sonrisas. Sneha, nuestra niña, tiene un hermano más pequeño. Su padre es jornalero, y su madre costurera, gracias a una máquina de coser que le regaló la Fundación. Les llevamos como regalo nueva ropa para toda la familia, además de caramelos para todos los niños de la aldea. Nos cantaron canciones típicas, y para corresponderles, cantamos y bailamos para ellos la “Danza Kuduro” lo mejor que pudimos.

La experiencia de ver en primera persona a nuestra niña y a su familia, y ver con nuestros propios ojos que nuestras aportaciones sirven para mejorar la vida de muchas personas, es completamente distinta de ver su foto en la pared de nuestra casa. ¡Os lo recomendamos a todos! Antes de irnos, visitamos el colegio de la aldea, y la estatua dedicada a Vicente Ferrer. Llegó el momento de subir al coche, y todos los niños acudieron a despedirse de nosotros con un “adiós” y, para variar, una enorme sonrisa.

A la mañana siguiente, visitamos a un grupo de mujeres dentro del proyecto “de mujer a mujer”, en el que las mujeres se reúnen en pequeños grupos para comentar sus problemas, darse apoyo entre ellas y por parte de la fundación. También reciben pequeños préstamos para comprar por ejemplo vacas o corderos.

Y llegó el temido momento de despedirnos. La gente de la Fundación nos ha hecho sentirnos como en casa, se ha preocupado por atendernos en todo momento, y nos han hecho vivir sin duda alguna los momentos más emotivos de todo nuestro viaje (y el mejor desayuno!). ¡Volveremos a visitaros algún día!

A todos los que nos leéis, queremos animaros, por supuesto, a apadrinar un niño (o a colaborar en cualquiera de los varios proyectos que tiene la fundación), pero más aún, a venir a ver con vuestros propios ojos y en directo el maravilloso trabajo que están haciendo, y a conocer en persona a vuestro niño apadrinado. ¡Que no os lo cuenten!

Cómo llegar a Anantapur / FVF:
La mejor manera de llegar es en tren. Nosotros llegamos desde el Norte, desde Hospet, pero también hay varios trenes desde Bengaluru. Una vez lleguéis a la estación de tren en Anantapur, tenéis que coger un rickshaw y pedirle que os lleve a la RDT, o a la Ferrer Office.

Precios medios en Anantapur:
Habitación en la estación: 6 €
Alojamiento y comida en la FVF: 0€
Apadrinamiento de un niño: 18 € / mes.

 

Con niños

Con Ana Ferrer

Con la familia de nuestra niña

Inaugurando una casa

 

Altar en una casa inaugurada

Nuestra casa en la RDT

26 septiembre, 2011

En La India Profunda

22-26 de septiembre de 2011

Tras una semana de vacaciones bien merecidas en Goa seguimos nuestro recorrido por el Sur de la India. Siguiente destino: Hampi. De Margao cogimos un tren a Hospet (350 km =7h), la ciudad más cercana al pequeño pueblo de Hampi, a unos 30 min en rickshaw.

Nos encontramos con un pueblo muy muy rural y no lo habíamos esperado así. Es difícil creer que en el siglo XVI Hampi fuera una capital con medio millón de habitantes.  La calle principal de tierra, está llena de vacas, perros, gallinas y cabras (y algún que otro mono). También mucha pobreza. Detrás están unas pequeñas calles con algunas hostales, bastante básicos, restaurantes que no ganarían ninguna estrella Micheline y algún que otro cybercafé.  Quizás porque era temporada baja, pero Hampi es un lugar infinitamente más tranquilo que todos los sitios que hemos visitado en la India y la diversión nocturna consiste en mirar las estrellas o tomar un lassi en el tejado del hostal  (De hecho, por ser un pueblo con templos sagrados, están prohibidos el alcohol y la carne).

En el mismo pueblo hay un templo muy bonito (con un elefante llamado Laxmi que como cocos), pero las verdaderas maravillas están a unos kilómetros. Decidimos hacer un poco de deporte y fuimos andando a todos los sitios (unos 7km en total pero bastante pesado por el calor). El templo Vittala del siglo XVI es bastante impresionante (y su famoso carro hecho de piedra  que una vez caminaba de verdad). El recinto real unos kilómetros al sur tampoco decepciona. Estos son los únicos sitios en los que hay que pagar entrada. Pero en los alrededores de Hampi hay muchísimas ruinas, a veces incluso habitadas, situadas entre plantaciones de plátanos en un paisaje muy rocoso. Quizás esto es lo que más nos ha gustado de Hampi – ese ambiente tan rural.

Otro día alquilamos unas bicis para poder hacer más kilómetros. En un momento tuvimos que cruzar un río. Según el “oráculo” (nuestra inseparable Lonely Planet) se estaba construyendo un puente – vimos un puente pero estaba totalmente colapsado en la mitad así que cruzamos con las bicis en un pequeño barco. El otro lado era aún más rural, pasamos por pueblos sin huella de turismo y campos de verduras.

Nos quedamos en Gopi Guesthouse, en un sitio recomendado en la Guía que no está demasiado mal. Cenamos en el tejado todas las noches, en principio no pensamos que la comida fuera gran cosa pero después de unos días descubrimos que el listón no estaba demasiado alto aquí.

Para todos los que vengáis a Hampi: no os perdáis el mango lassi que preparan en el restaurante “Mango tree” en la orilla del río (se llama así porque el restaurante está debajo de un árbol de mango enorme).

Precios medios en Hampi:

Alquiler de una bici por un día: 70 céntimos

Habitación en Gopi Guesthouse: 10 euros

Entrada a al templo Vittala y Recinto: 4 euros

Con las bicis

Templo Vittala

Lotus Mahal

El carro de piedra

Cruzando el rio

Alrededores de Hampi

La calle principal de Hampi

Un hotel un poco rustico (no el nuestro)

Hampi

23 septiembre, 2011

Playa y pescadito fresco en Goa

15-22 de septiembre de 2011

Tras recorrer el Norte durante 6 semanas pensamos que nos merecíamos una semana de vacaciones “de verdad” antes recorrer el Sur.

La vieja colonia portuguesa de Goa nos pareció el sitio ideal. Playas preciosas, buena comida, un  ambiente “sosegado” y situado muy estratégicamente entre el Norte y el Sur. Hay playas dirigidas a un turismo tipo “todo incluido” y otras más estilo mochilero. Por supuesto optamos por el último y nos quedamos en Palolem, un pueblo un poco hippie con una playa larga y blanca.

De Mumbai (700km de Goa) cogimos un tren nocturno que llegaba a Canacona en el sur de Goa a las 3h de la mañana. Desafortunadamente, por una serie de factores, nos bajamos del tren cuando todavía faltaban 90 km para nuestro destino. El tren iba con mucho retraso pero como íbamos dormidos no nos enteramos y cuando sonó nuestra alarma pensábamos que estaríamos llegando.  No había nadie a quién preguntar y en la estación solo había carteles en hindi. Por lo cual, nos bajamos a ver si había alguien que nos podía confirmar si ya habíamos llegado y en 15 segundos el tren había arrancado otra vez. Así que allí nos quedamos. ¡El guardián de la estación tuvo que pensar que éramos unos pardillos! Nos abrió la salita de espera y allí esperamos hasta la mañana para coger un taxi que nos costó casi más que el tren J

Aparte de aquel incidente, nuestra semana en Palolem nos encantó. Septiembre todavía es temporada baja por el monzón, hay poca gente y mucha tranquilidad – el antídoto perfecto para las ciudades hiperpobladas del Norte. A veces cayeron chaparrones pero también pudimos tomar el sol – y en temporada baja los precios de los hoteles bajan un montón. Aprovechamos estos descuentos y nos quedamos en un hotel un poco mejor que normalmente costaba unos 50 euros/noche pero que nos dejó por 20. El Palolem Green Inn nos ha encantado, un poco apartado, habitación impecable y muy cómoda y con wifi gratuito.

También nos pegamos unas buenas comidas, sobre todo de pescado ya que llevábamos más de 6 semanas a dieta vegana. ¡Y menudo pescado! Super fresco, buenísimo a la plancha y no tan caro.

No tenemos mucho más que contar porque no hemos hecho más que tumbarnos en la playa, jugar a las cartas y comer bien. También hemos aprovechado el wifi gratuito del hotel para planear un poco el resto del viaje y organizar nuestra visita a la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur.

El tiempo pasa demasiado rápido aquí; los días se podrían convertir en semanas muy fácilmente…Pero todavía nos faltan muchas cosas que ver y hacer en la India así que tenemos que aprovechar el tiempo – en Kerala esperamos volver a la playa de nuevo.

Precios medios en Goa:

Un banana lassi (batido indio) en un chiringuito en la playa: 70 céntimos

Una cena de lujo con pescado fresco: 8 euros

Habitación doble en Hotel Palolem Green Inn: 20 euros

Playa por fin!

Tren de noche Mumbai-Goa

Los primeros dias llovia mucho

Playa de Palolem

Pescadito fresco

Nuestro chiringuito favorito en la playa

19 septiembre, 2011

Sonrisas de Bombay

10-13 de septiembre de 2011

Tras un vuelo desde Varanasi (con escala en Delhi), llegamos a Bombay (ahora conocido como Mumbai (en honor a la diosa Mumba).

Mumbai es una ciudad de contrastes y sorpresas: es la ciudad con más millonarios de todo el mundo, pero también tiene uno de los mayores slums.

En la ciudad viven más de 20 millones de personas; sin embargo los primeros días nos sorprendió la tranquilidad de nuestro barrio (Fort). Luego aprendimos que era por las fiestas dedicadas al dios Ganesh, en las que en cada barrio se realizan estatuas del dios con cabeza de elefante, y el último día se llevan en animada procesión hasta el mar, donde son arrojadas. Nos contaron que una vez arrojado Ganesh al mar, las lluvias terminan. No obstante, comprobamos que esto no es del todo científico, porque al día siguiente cayó un pequeño chaparrón.

El centro de Mumbai es muy colonial, con edificios estilo inglés como la catedral, la estación de tren, correos o la universidad. Hay también amplias avenidas, parques, y otras maravillas que echábamos de menos en la India como semáforos (que  más o menos se respetan) y aceras para pasear. También comprobamos, para nuestra grata sorpresa, que los vendedores de Mumbai no son tan insistentes como en otras partes de la India.

Mumbai tiene fama por su comida callejera, así que no podíamos irnos sin probar un delicioso bhelpuri (arroz inflado con vegetales) que tomamos en un puesto en la playa de Chowpatty, y el mejor Kulfi (helado indio) de toda la India.

Durante los primeros días nos acompañaron Montse y Cynthia, a las que conocimos en Varanasi, y que se quedaron en nuestro hotel. Con ellas paseamos por Mumbai, tomamos unos excelentes cappuccinos y visitamos un templo dedicado a Ganesh.

Aprovechando que estábamos en la ciudad, visitamos en directo la labor que realiza la ONG “Sonrisas de Bombay”, de la que somos socios colaboradores. Tuvimos la oportunidad de charlar con Jaume, el fundador, quien nos habló del día a día de la organización, y de otras muchas cosas que nos sorprendieron. ¿Sabíais que el precio de la vivienda en Mumbai está entre las ciudades más caras del mundo? Por ejemplo, el alquiler de una chabola en un slum puede rondar los 400 Euros al mes. Teniendo en cuenta que el sueldo medio ronda los 60 Euros al mes, está claro que toca compartir piso…

También nos habló Jaume de la corrupción en India, un gran problema con el que se tienen que enfrentar cada día, y que afecta a todos los niveles de la sociedad.

Sin embargo, no todo es negativo. Haciendo honor al nombre de la ONG, al visitar una clase de niños pequeños financiada por la organización, todos nos recibieron con una enorme sonrisa, y nos hizo ver la importancia del trabajo que llevan a cabo. ¡Os animamos a todos a colaborar con Sonrisas de Bombay!

Tras 4 días en la gran ciudad, llegó la hora de coger nuestro primer tren nocturno destino a nuestras merecidas vacaciones en Goa. Nuestro tren llega sobre las 3 de la mañana a Canacona, esperemos que no nos quedemos dormidos en el tren!

 

Dios Ganesh

Gate of India (con Cynthia y Montse)

Hotel Taj

Playa de Chowpatty y rascacielos

Vendiendo fruta

Comida en la calle

El mejor kulfi de la India

Chabolas

Con Jaume Sanllorente

12 septiembre, 2011

La verdadera esencia de la India en Varanasi

7-9 de septiembre de 2011

Decidimos volar de Khajuraho a Varanasi, y aunque nos ha costado bastante más que el autobús, ha valido la pena. En 40 min estábamos allí (comparando con 15h en un autobús público).

Varanasi es el corazón del hinduismo y una de las ciudades más antiguas del mundo. Aquí vienen millones de peregrinos para bañarse en el Ganges y de ese modo purificarse de todos los pecados. Es también un lugar especial para morir, porque la muerte aquí significa liberación del ciclo de renacimiento.

En los ghats de los crematorios nos explicaron cómo funciona todo el proceso. La familia del fallecido compra la madera (se necesita unos 360kg) y según los recursos es de un tipo u otro. La madera que mejor huele es el sándalo, pero la mayoría de la gente normalmente solo puede pagar un trocito. Las mujeres no pueden estar presentes en ningún momento aquí; primero porque se dice que son más emocionales y no van a aguantarlo y segundo (y esto suena bastante bárbaro) por que antiguamente, una vez fallecía el marido, la viuda quedaba desprotegida – así que a veces saltaba ella sola a las llamas, o si no, la familia del fallecido la empujaba. Esta práctica está prohibida desde hace mucho, pero por si acaso las cremaciones son todavía exclusivamente para hombres.
Después de unas tres horas ardiendo, el cuerpo se convierte en cenizas que se echan al Ganges. A los niños, mujeres embarazadas, monjes, leprosos y algunos grupos más no se les quema porque las cremaciones sirven para purificar y estas personas ya son puros por naturaleza. Por lo cual, se les suelta en el río con una piedra pesada atada a la cintura. Sin embargo, a veces se pueden ver cuerpos flotando lentamente corriente abajo.

Una de las mejores maneras de ver Varanasi es desde un barco (evitando los callejones), que recorre el Ganges facilitando la vista a la mayoría de Ghats. Hay dos momentos especiales: el amanecer y el anochecer. Nosotros hicimos los dos recorridos: al amanecer hay unas fotos espectaculares, y por la noche hay una magia especial.
Varanasi no deja indiferente a nadie y recomendamos la experiencia pero no es apta para cardíacos. Es muy probable que Varanasi sea la ciudad más sucia de la India. Algunos callejones son realmente terribles y las ratas no faltan (hasta los perros nos parecían más feos y sucios aquí).

Nos quedamos en el Hotel Alka, a lado del río, un pequeño oasis en el caos. Aquí conocimos a tres chicas catalanas. Primero a la periodista Lali que nos rescató el primer día en Varanasi y luego a Cynthia y Montse, dos bailarinas que nos acompañaron hasta Mumbai. ¡Gracias chicas por compartir estos días con nosotros!

Precios medios en Varanasi:
Viaje de 1 h en barco por el río: 1 euro
Habitación doble con A.C en hotel Alka: 15 euros

Viaje en barco por el Ganges

Calle de Varanasi

Con Lali

Varanasi

Crematorios

Ganges

8 septiembre, 2011

En los Templos del impronunciable Khajuraho

4-6 de septiembre de 2011

Para evitar un viaje en autobús de (mínimo) 15 horas Agra-Khajuraho (400km), decidimos coger un tren desde Agra hasta Jhansi (un importante nudo ferroviario en la India), y desde allí un taxi hasta Khajuraho, en total 6 horas de viaje. A pesar de habernos ahorrado 9 horas, estábamos igualmente cansados, así que ese día decidimos tomárnoslo de relax.

Al día siguiente, por la mañana temprano, fuimos a visitar el grupo de templos del Oeste, entre los mejores de la India (y quizás del mundo), todos ellos con unas esculturas maravillosas. Las figuras que adornan las paredes están dotadas de un realismo y dinamismo espectacular.
Entre estos grupos de figuras podemos encontrar varios dioses hindúes, escenas de batallas y, lo que más sorprendió (y escandalizó) al re-descubridor de Khajuraho, el oficial británico TS Burt que llegó aquí en 1838, varias escenas eróticas (algunas realmente acrobáticas). Según nos enteramos, la sensibilidad victoriana de Burt se vio bastante afectada por lo que vio.

Ha sido el aislamiento de Khajuraho el que le ha permitido permanecer en buenas condiciones, apartado de la destrucción y saqueo por parte de invasores, pero también hizo que fueran abandonados y cayeran en el olvido, hasta tiempo reciente.

Khajuraho es un pequeño pueblo, de unos 20.000 habitantes, en el que abundan los hoteles, restaurantes y tiendas de souvenirs. Como llegamos en temporada baja, no había casi turistas en todo el pueblo.
Nuestro hotel, Zen Hotel, no era nada zen. ¡Evitar a toda costa! Por otro lado, nos enamoramos del restaurante “Mediterraneo”, con un horno propio de leña para hacer pizzas, y donde la pasta estaba estupenda (incluso el pan para las tostadas era casero, además de la mermelada), así que hicimos varias visitas, haciéndonos amigos del camarero.

Aparte de los templos del Oeste, que son los más espectaculares, hay otros dos grupos de templos menores, al este y al sur. Intentamos llegar paseando a los del este, pero debido a la mala señalización no fuimos capaces de encontrarlos.

Ya que el viaje a Varanasi por carretera era aún peor que la llegada desde Agra, volvimos a hacer trampas y cogimos un vuelo Khajuraho-Varanasi, de unos 40 minutos, en el que el 90% de los pasajeros eran (éramos) españoles.

Precios medios en Khajuraho:

Pizza en «Mediterraneo»: 4 euros

Habitación en Hotel Zen: 12 euros

Khajuraho

Tenían mucha imaginación...

Dentro de uno de los templos

Paseo por el campo

Templo dedicado al Dios del sol

 

Templos de Khajuraho

El templo hecho con más detalle de toda la India

6 septiembre, 2011

Agra; más que el Taj Mahal

1-3 de septiembre de 2011

Una parada obligatoria para cualquier turista a la Norte de la India es la ciudad de Agra. Muchos vienen solo en una visita express de un día desde Delhi para ver el Taj, pero la verdad es que esta ciudad tiene más cosas que ver y hacer, por lo menos suficientes para un par de días. En principio teníamos pensado quedarnos solo 1 día y medio, pero al final fueron un día más, esto se debía, entre otras cosas, al alojamiento excelente que habíamos encontrado.

 

Tumba de Akbar

Llegamos de Jaipur un jueves a mediodía, y como el Taj cierra los viernes, tuvimos que salir nada más dejar nuestras maletas en la habitación. Justo era hora punta… Hacía muchísimo calor y había gran cantidad de visitantes, sobre todo turistas indios. Nos habían recomendado ir temprano, justo cuando abren a las 6h de la mañana, pero no fue posible. De todos modos, visto desde lejos es un sitio tan impresionante como uno se imagina, pero desde cerca es simplemente increíble. Eso sí, eso uno de los monumentos más caros de la India para los turistas extranjeros pero habrá poca gente que se lo piensa  Además, este precio incluye una bolsita con una botella de agua y unos cubre zapatos para entrar dentro (porque si tienes que dejar los zapatos fuera entre los miles de pares que hay allí será difícil encontrarlos).

 

El segundo día en Agra hicimos una ruta en taxi, porque de esa manera nos ahorrábamos tiempo y pudimos ver Fatehpur Sikri, la tumba de Akbar y el Baby Taj en un día. La primera parada fue Fatehpur Sikri, a unos 40 km de Agra, la antigua capital del imperio mughal. En la plaza de la mezquita nos encontramos con que había una especie de feria. Allí está enterrado un hombre santo que hizo realidad a uno de los deseos del emperador Akbar (tenía tres esposas pero quería tener un hijo). Por lo visto el hombre santo se murió el día 28 de Ramadán y todos los años en esa fecha hay una gran peregrinación a la tumba para dar una donación y pedir un deseo. Así que, recién terminado Ramadán, hicimos como los peregrinos; cogimos un hilo rojo y lo atamos a una de las ventanas, tres nudos para los tres deseos.

Como al final teníamos un día más en Agra, dejamos la fortaleza para el último día. Esa una construcción bastante impresionante también y desde sus murallas se puede ver el Taj Mahal a distancia.
Nuestras últimas palabras sobre Agra tendrán que ser sobre el alojamiento. Es un “homestay”, o sea, no un hotel sino la casa de una familia. Allí comimos el mejor desayuno del viaje y vimos como se preparan las “paranthas” – pan indio que se hacen en la sartén. Estuvimos super a gusto en Palm Stay y lo recomendamos para cualquier visitante a Agra. ¡Gracias a Varun y su amable familia!

Precios medios en Agra:
Entrada al Taj Mahal para turistas extranjeros: 12 euros
Habitación doble en Palm Stay con desayuno, té y snacks incluidos: 22 euros

 

Los hilos rojos en Fatehpur Sikri

 

 

 

El Taj

 

 

 

Fatehpur Sikri

Baby Taj

Agra Fort
1 septiembre, 2011

Palacios y cine en Jaipur

29-31 de agosto de 2011

Después de la relativa tranquilidad de Pushkar, nos vamos en autobús a Jaipur, “Ciudad de la Victoria”. La capital de Rajastán y es otra mega ciudad de la India con unos 3 millones de habitantes. Tiene todo lo típico de las mega ciudades; polución, cloacas abiertas, un tráfico loco y gente por todos lados. Por lo cual nuestra primera impresión no fue muy buena, pero como todo, es un proceso de adaptación y vas cogiendo el ritmo poco a poco.

Jaipur tiene una historia muy interesante y muchas cosas que ver. Así que contratamos un tour con la empresa de turismo pública de Rajastán. Por alguna razón éramos los únicos extranjeros en la excursión y nos trataron muy bien. Por unos 4 euros te llevan a todos los sitios importantes de la ciudad y de los alrededores. Vimos primero el icono de Jaipur de color salmón: Hawa Mahal (El Palacio de los Vientos). Fue construido para que las mujeres de la corte (que no podían ser vistas en público), pudieran contemplar la vida de la calle. Después vimos el City Palace y su museo (con el traje de talla XXXXXXL de un Maharajá que pesaba 250kg y ropas de las mujeres del harén; 40 esposas y 60 concubinas). Al lado del City Palace está el antiguo observatorio de Jaipur, Jantar Mantar con instrumentos muy avanzados para la época.

Después, visitamos varias fortalezas situadas en varias colinas en los alrededores de Jaipur; Jaigarh, Nahargarj y Amber. Cada una impresionante a su manera y alguna con vistas muy bonitas de la ciudad.

El segundo día lo tomamos con más calma y decidimos ir al cine. En Jaipur está el cine más famoso de la India, el Raj Mandir, un edificio que recuerda a una tarta. Sólo pone una misma pelí todo el día con varias funciones. Así que no tienes problema para elegir película. Vimos Aarakshan, una película que trata de las diferencias entre castas en la India. De hecho, fue una película bastante compleja (esperábamos más baile y canciones tipo Bollywood) con un tema serio que por supuesto vimos completamente en hindi y sin subtítulos.

Se come bastante bien en Jaipur. Descubrimos el equivalente a Starbucks en La India llamado Café Coffee Day y nos encantaron sus frappuccinos. Nuestro hotel, Karni Niwas, está en una calle muy tranquila, con habitaciones grandes y con wifi en la recepción. Muy recomendable.

Jaipur es una ciudad de récords, en un solo día hemos visto:

  • EL objeto de plata más grande del mundo: unas vasijas enormes que utilizó un Maharajá para llevar agua de Ganges en un viaje a Inglaterra.
  • EL reloj del sol más grande del mundo en el Observatorio Jantar Mantar que permite medir el tiempo con una exactitud de dos segundos.
  • El cañón con ruedas más grande del mundo en Jaigarh.

Precios medios en Jaipur:
Dos tés y un paquete de galletas en la estación de trenes: 25 céntimos
Entrada de cine en la zona VIP: 2 euros
Tren Jaipur- Agra (240 km) en vagón con A.C : 5 euros

 

El reloj de sol más grande del mundo

 

Raúl con sus nuevos amigos

 

City Palace

 

City Palace en Jaipur

 

Nahargarj

 

Nuestro autobús deluxe

 

Vistas de Jaipur

 

Amber

 

El cine

 

Hawa Mahal, palacio de los vientos