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6 diciembre, 2011

Pakse-Si Phan Don, despidiéndonos de Laos

30 de noviembre- 7 de diciembre de 2011

Salimos temprano de Thakek, y tras unas 7 horas de autobús (con pinchazo y cambio de rueda incluídos), llegamos a Pakse, donde habíamos decidido darnos un “pequeño lujo” con el hotel. Durante 3 días nos hicieron la cama todos los días, y hasta teníamos cepillos de dientes en el baño (que por supuesto hemos cogido para nuestro neceser).

La meseta de Bolaven, en el Sur de Laos, es conocida por su café, así que durante esos días aprovechamos para tomar unos buenos capuccinos (durante el primer día, aparte de pasear y comer, eso fue más o menos todo lo que hicimos).

Para el segundo día contratamos una excursión, que nos llevaría a unas plantaciones de té y café (donde comprobamos que el grano de café recién cogido no huele tan bien como uno tostado), tres cataratas diferentes y dos tribus locales. La segunda de ellas, con mujeres artesanas que tejían diferentes prendas de ropa, era más bien un mercadillo, pero la primera fue más interesante. Allí, para nuestro asombro, vimos que el 100% de los habitantes fumaba, y que empezaban a hacerlo a partir de los 4 años… La otra peculiaridad es que los habitantes de la tribu, al rondar los 30 o 40 años, construyen su propio ataúd, que guardan debajo de casa hasta que llegue el momento de utilizarlo. Mientras estábamos de visita, un grupo de personas que estaban comiendo carne de perro, nos ofrecieron probar un trozo, que amablemente declinamos (también dijimos no a una calada de su tabaco), esperamos no haberles ofendido!

Al día siguiente cogimos de nuevo un minibús hacia el sur, a la isla de Don Det, en medio del Mekong (el autobús nos dejó en una orilla, así que tuvimos que coger un barquito para llegar a la isla). Ahora que hemos recorrido Laos de Norte a Sur, hemos coincidido con las mismas personas en varios sitios (excepto con aquellos que lo han recorrido de Sur a Norte, claro está). Y “corremos el riesgo” de volver a vernos las caras en Camboya 😉

La vida en Don Det es muuuuuuuuuuuuuuy relajada. Nos contó un francés residente en la isla, que en la Lonely Planet la catalogan como “Isla de Fiesta”, pero al no cumplir los estándares, mucha gente que viene de lugares de marcha en Laos, huyen el primer día de aquí.

Don Det forma parte de las llamadas “4000 islas”, un conjunto de islas en medio del Mekong (no las hemos contado, así que no podemos asegurar la exactitud de la cifra); todo un paraíso para los mochileros. Hasta hace poco la vida aquí era bastante básica, pero para bien o para mal, el Wifi ha llegado ya a la isla. Eso sí, aún no hay ningún cajero automático pero todo es muy barato. De hecho, creemos que sería el destino mochilero perfecto si estuviera en la costa y no al lado del Mekong que, con sus aguas marrones, no invita a muchos baños…

No hay mucho más que hacer que pasear, o recorrer la isla, y otra vecina en bici. Durante dos días nos quedamos en un hostal, y los dos últimos en una cabaña de madera, con dos hamacas en la puerta, ideales para pasar el tiempo tumbados leyendo un libro, dejando las horas pasar. ¡El (relajado) espíritu de Laos es altamente contagioso!
Desde aquí, cogeremos un nuevo autobús a Camboya. Llega la hora, tras casi 3 semanas, de despedirse de Laos…

Precios medios:
Excursión de un día a la meseta Bolaven: 15 euros
Bungalow sin/con baño: 2/4 euros

Pueblo típico de Bolaven

Una de las cascadas en la meseta de Bolaven

En un restaurante familiar en Don Det

Relax!

DOn Det

Puesta de sol en Don Det

Antes de ser cappuccino

1 diciembre, 2011

Vientiane – Kong Lor -Thakek (y la dura vida del viajero en las carreteras de Laos)

25- 30 de noviembre de 2011

De la bonita ciudad de Luang Prabang nos dirigimos a la capital de Laos, Vientiane, a casi 400 km al sur. El viaje se hace muy largo… lo que se suponía que eran 9h se convirtieron en 11h, casi sin paradas y sobre una carretera con muchas curvas y baches.

Llegamos a Vientiane por la noche y no encontramos alojamiento, situación que no nos ha ocurrido casi nunca. Tras media hora preguntando en hostales (todos dicen que “full”) encontramos un sitio poco alegre, pero en el que sí tienen una habitación libre. Quizás porque nos gusta tan poco el hotel, o porque no hay muchas cosas que ver, nos quedamos en la ciudad sólo 2 noches. Con sus 200.000 habitantes, no parece la capital de un país, más bien una ciudad provincial, pero es agradable para pasear a la orilla del Mekong o comer en alguno de los muchos restaurantes.

Nuestro siguiente destino son las cuevas de Kong Lor, situadas en un valle bastante remoto. En principio parecía complicado llegar allí, pero tenemos suerte y encontramos un autobús público que va directo (con parada en cada aldea, los 200 km se hacen en 7h…). Cogiendo autobuses públicos siempre se aprenden muchas cosas del país:

1. Las cosas extrañas que la gente se lleva cuando van “al pueblo”. Por ejemplo: cientos de ladrillos, decenas de barras de pan de panaderías en Vientiane (luego nos enteramos que estás son para los “falangs” ya que la gente allí no sabe hacer pan, y tampoco lo come), un montón de ollas de varios tamaños, pollitos en una jaula y ¡hasta una moto!

2. La vida en la carretera es dura: los autobuses laosianos hacen muy pocas y demasiado rápidas paradas para nuestro gusto, y nunca hay servicios (las chicas tenemos que buscar algún arbusto).

3. Los problemas mecánicos son frecuentes; estuvimos parados cerca de una hora mientras cambiaban una rueda pinchada.

Llegamos al pueblo de Kong Lor al atardecer y todavía tenemos que encontrar nuestro alojamiento. Es un pueblo remoto, nadie habla inglés y ni siquiera hay ni un tuk-tuk que nos pueda llevar (los tuk-tuks son omnipresentes por todo el sureste asiático y hasta pesados con su “Where you go, Mister?”). Así que empezamos a caminar entre aldeas y campos de arroz y después de media hora o así, con nuestras espaldas quejándose bastante, encontramos nuestro sitio: unas casitas de bambú al lado de un pequeño río. El entorno es precioso, y la habitación muy pero muy básica 🙂 Esa noche nos acostamos a las 21h como la gente del pueblo porque después de ponerse el sol no hay nada que hacer, y nos despertamos con el gallo a las 6.

Después de un desayuno también muy básico al lado del río nos vamos a ver las cuevas. No nos encontramos con muchos otros “falangs”, cosa que nos sorprende porque las cuevas son bastante famosas, debe ser porque están tan lejos de todo.
Las cuevas son en realidad un largo túnel de 7km por donde fluye un río muy frío y pasa por debajo de una enorme montaña. Para a verlo se contrata a un barquero que te lleva por su pequeño e inestable barquito de madera, excepto por un tramo que está un poco más iluminado y puedes caminar. ¡Menuda aventura! La única luz es la de la linterna del barquero, a veces estás sumergido en una oscuridad total, y a veces puedes vislumbrar la magnitud del túnel (con una altitud de 100m en algunos sitios recuerda a la bóveda de una catedral). Desde luego, Kong Lor se encontrará en nuestro Top 10 del sureste asiático.

Después de otra noche en nuestra casita de bambú nos vamos en tuk-tuk a la siguiente ciudad en la carretera hacia el Sur, Thakek. No tiene mucho para entretenernos pero estamos demasiados cansados para hacer otro viaje en una carretera polvorienta de Laos y ¡necesitamos una ducha caliente!

Precios medios:
Autobús Luang Prabang – Vientiane: 16 euros
Autobús Vientiane- Kong Lor: 14 euros
Viaje en un barquito por la cueva (dos personas): 11 euros

Cueva de Kong Lor

dentro de la cueva

Entramos en la cueva

Vistas desde el hostal

Nuestra casita de bambú

Pueblo de Kong Lor

Parada técnica

donde vamos a dormir?

26 noviembre, 2011

Luang Prabang- La (cara) perla del Este

20- 24 de noviembre de 2011

Nuestro siguiente destino en Laos es Luang Prabang, una ciudad muy bonita, reconocida como patrimonio de la humanidad, por sus muchos templos budistas y arquitectura francesa colonial.
La mejor manera de transportarse de Huay Xai a Luang Prabang es en barco por el río Mekong. El romántico viaje dura casi dos días enteros, con parada nocturna en el pueblo de Pakbeng. La alternativa es un viaje en autobús de 14 horas sobre carretera polvorienta y con muchas curvas.

Tras dos días en barco, y antes de eso, 3 días en la jungla, decidimos que Luang Prabang es un buen sitio para darnos un pequeño lujo, y nos quedamos en un sitio más caro que costumbre con la primera ducha de verdad (con propio recinto) en cuatro meses (normalmente las duchas en Asia son únicamente una alcachofa en la pared que moja todo el suelo y el váter).

Pronto nos dimos cuenta que Luang Prabang no es un sitio especialmente barato. Aparte de los hoteles, la comida tiene casi precios europeos, y para entrar en muchos templos tienes que pagar entrada (cosa que no vimos nunca en, por ejemplo, Tailandia). Aunque todavía un destino mochilero, Luang Prabang con su nuevo aeropuerto, también recibe manadas de turistas que vienen en viaje organizado. Esto inevitablemente sube la calidad pero también los precios.

Esto no significa que no hay chollos por encontrar para el mochilero determinado 🙂 Al lado del río Mekong hay algunos puestecillos que sirven tallarines por un euro y una noche probamos hacer nuestra propia sopa. Todas las mesas están preparadas con un hueco incorporado donde ponen el carbón. Encima colocan una olla con caldo y te dan un plato con los ingredientes a echar cuando empiece a hervir el agua: verduras verdes cuyos nombres desconocemos, setas, tofu, tallarines, ajo, unos chilis y huevos. ¡No estaba nada mal!

Luang Prabang tiene más 70 templos, y los más importantes están situados a una distancia cómoda de la zona de hoteles. Desde uno de ellos, encima de una colina, veías toda la ciudad y los alrededores- el sitio perfecto para ver la puesta de sol. ¡Al final acabamos con sobredosis de templos! Antídoto: excursión a las cascadas Kuang Si a unos 30 kms de la ciudad (con chapuzón incluido). ¡Preciosas!

El último día nos levantamos temprano, sobre las 6 de la mañana para un evento bonito. Todas las mañanas decenas de monjes de la ciudad acuden a la calle principal para recibir donaciones de la gente, que se coloca en fila, sentada, esperando a la larga cola de monjes. Cada monje recibe en su cesta un poco de arroz, verduras y fruta. Todo ocurre en silencio absoluto. Aunque vimos algún que otro extranjero haciendo donaciones, no se les anima a los turistas a participar ya que para los monjes este acto no es una atracción turística ni comercial.

Luang Prabang nos ha encantado pero todo bueno termina y por el bien de nuestro bolsillo toca moverse un poquito otra vez. Siguiente destino: la capital, Vientiane, casi 400 km al sur.

Precios medios en Luang Prabang:
Viaje en barco de dos días  Huay Xai-Luang Prabang: 25 euros
1 Capuccino en una cafetería cualquiera: 1,5 euro
Sopa para dos “haz-lo-tu-mismo”: 2 euros

Viaje en barco por el río Mekong

Cascadas de Kuang Si

Bonitas cascadas de Kuang Si

Cascadas de Kuang Si

Los ingredientes

Preparando la sopa

Vistas de Luang Prabang

Uno de los complejos de templos

Templo de Luang Prabang

Monjes recibiendo donaciones

22 noviembre, 2011

Viviendo en la jungla: “The Gibbon Experience”

17-19 de noviembre 2011

Tras dormir una noche en Huay Xai, madrugamos para comenzar la que sería una de las mejores aventuras (hasta la fecha) en nuestro viaje: durante 3 días y 2 noches íbamos a vivir en la jungla, durmiendo en cabañas sobre árboles, a las que sólo se puede acceder por tirolina (medio de transporte también empleado para moverse por la jungla).

Al llegar, conocimos al que sería el resto de nuestro grupo (había 4 ingleses, una alemana, un holandés, una sueca y un español; estos dos últimos ya los conocéis). Después de las presentaciones, nos proyectaron un pequeño vídeo sobre seguridad, que nos metió más miedo en el cuerpo que otra cosa J

De ahí, cogimos un jeep que nos llevaría, durante 3 horas a un remoto pueblo, donde conocimos a los que durante esos días serían nuestros guías (más bien “nuestro guía”, porque el otro apenas apareció). Iniciamos una caminata de una hora cuesta arriba, hasta el lugar donde nos entregaron nuestros arneses. Luego de unos minutos más caminando, llegamos a la primera tirolina; el guía nos hizo una primera demostración y se marchó al otro lado: tocaba armarse de valor y lanzarse al vacío… ¡Fue una sensación increíble, difícil de describir! Después de eso nunca teníamos bastante, sólo queríamos lanzarnos en tirolina durante todo el rato…

Cuando comenzaba a anochecer, Dett (nuestro guía) nos llevó a la que sería nuestra primera cabaña, situada en lo alto de un árbol, a unos 30 metros del suelo. Toda una obra maestra de ingeniería, equipada con un baño, agua corriente proveniente de la lluvia (una ducha helada!), electricidad solar y algunos colchones. Allí cenamos (la comida la trajeron unos habitantes del pueblo, en tirolina por supuesto), y matamos el tiempo jugando a las cartas y charlando.

Al día siguiente, el otro guía (Jolao) debía venir a las 6 de la mañana para llevarnos a dar un paseo por el bosque, y para abrir apetito antes del desayuno, pero apareció después de las 7, y como le debió dar pereza, nos preparó un té caliente y desapareció. Luego Dett nos llevó a visitar varias cabañas; en una de ellas comimos, y por la tarde seguimos lanzándonos en varias tirolinas (probamos la más larga de todas, de más de 400 metros de longitud y de 200m de altura). Volvimos a una nueva cabaña justo cuando se empezaba a hacer de noche, para disfrutar de una preciosa puesta de sol. Allí nos enteramos que por un cambio de planes, dormiríamos en una cabaña distinta a la planeada, en la que sólo había espacio para 6 personas, así que 2 “voluntarios” tendrían que ofrecerse para dormir  solos en otra cabaña en medio del bosque, a unos 20 minutos de allí. Medio en broma, Dett nos dijo que era ideal para una pareja de luna de miel, así que después de cenar, Hanna y yo cogimos nuestras mochilas y nos fuimos para allá. Fue una noche divertida, es algo increíble oír sólo los ruidos de la jungla (que son muchos). Tuvimos más suerte que los otros; a la mañana siguiente, al volver con el grupo, nos contaron que una “rata de la jungla” (que son más grandes y ruidosas que las europeas) había estado merodeando toda la noche en su cabaña.

Tras la última noche, nos despertamos antes de las 6 para poder ver amanecer. Esta vez sí, Jolao fue puntual, nos recogió y nos llevó a la cabaña con los otros, desde donde se veían las mejores vistas. El sol se levantaba sobre la selva, y los árboles estaban envueltos en una bruma que iría disipándose poco a poco. Pero lo mejor estaba por venir: tuvimos la suerte de divisar, aunque a lo lejos, a varios de los animales que dan nombre a este proyecto: Gibbons (gibones, en español). Un rato más tarde, varios de ellos comenzaron a “cantar”, y nos deleitaron con unos momentos mágicos (los gibones machos cantan por 3 motivos: mantener la familia unida, marcar su territorio o atraer a las hembras). Nuestras cámaras llevaban ya horas echando humo, intentando captar la salida del sol, los gibones a lo lejos y su canto.

Después de un par de horas más de tirolina, tocaba iniciar la caminata de vuelta; el jeep nos estaba esperando en el pueblo y nos llevó de vuelta a Huay Xai; tocaba despedirse de los buenos amigos con los que habíamos compartido los 3 últimos días… Gracias a Ben, Doerte, Jo, Maartin, Nick y Penelope por vuestra compañía!

La Gibbon Experience es un proyecto fundado por un francés para promover la conservación de la zona de Bokeo, en el norte de Laos. Mediante las excursiones de turistas, de una o dos noches de duración, se obtienen los recursos necesarios para proteger no sólo a los gibones (casi extintos debido a su caza indiscriminada), sino también evitar la deforestación, dando a la vez trabajo a gente de los alrededores. Gracias a este proyecto, 10 familias de gibones viven pacíficamente a lo largo del bosque, deleitando de vez en cuando a los afortunados turistas con su canto. No es una experiencia barata, pero creedme, ¡vale la pena!

Precios medios en la Gibbon Experience:

Excursión clásica, 3 días-2 noches: 220€

Saltar por primera vez al vacío, suspendido sólo por tu arnés: un poco de valor

Escuchar a los gibones cantando, mientras amanece en la jungla: no tiene precio

Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube
Trekking por la jungla

Trekking por la jungla

Amanecer en la jungla

Amanecer en la jungla

Puesta de Sol

Puesta de Sol

Preparados para saltar

Preparados para saltar

Con el arnés puesto

Con el arnés puesto

Baño en una de las cabañas

Baño en una de las cabañas

Dentro de una cabaña

Dentro de una cabaña

En la tirolina

En la tirolina

Cabaña

Cabaña

El grupo en una cabaña

El grupo en una cabaña